La confección de flores con pasta elaborada básicamente mediante pan es uno de los trabajos en los que el aficionado a las manualidades puede desarrollar todas sus habilidades.
Pero hay algo más: es también donde se exponen sensibilidad artística, gusto y estética.
Regalo apreciado cuando se obsequia a otras personas, finalmente puede ser una fuente de ingresos suplementaria basada sobre una distracción original.
Se abre el envoltorio del pan de molde para que éste se seque un poco, pero sin extender las rebanadas.
Al día siguiente (osea, que deben prepararse un día para otro) se quita la corteza de las rebanadas y se las desmiga hasta que quede como pan rallado. A continuación se añade la siguiente proporción: para cada 4 rebanadas de pan, 8 cucharillas de cola blanca, 8 gotas de glicerina, 8 gotas de zumo de limón y 1 cucharada sopera de crema de calzado líquida de color blanco.
Se amasa todo hasta que quede unido y resulte una pasta fina, suave al tacto y sin ningún grumo. Como orientación, debe amasarse un mínimo de 15 minutos.
1 Los ingredientes necesarios para la confección de la pasta son: pan de molde, cola blanca, zumo de limón, glicerina y crema de zapatos líquida, de color blanco.
Para que la pasta no se pegue a las manos, éstas se untan con cualquier crema a base de glicerina.
Al ser trabajada, la pasta no debe deformarse ni agrietarse. Si se deforma se añade miga de pan, ya que hay exceso de cola; si se agrieta, falta cola.
Los añadidos de miga de pan o de cola deben hacerse con cuidado, en pequeñas porciones, para no descompensar las cantidades establecidas inicialmente.
2 Los tallos se confeccionan con trozos de alambre de los números 2 y 4, cortados en trozos de unos 15 cm de longitud recubiertos con «cinta flor». Al arrollar la cinta sobre el alambre, aquélla debe tensarse ligeramente, a fin de eliminar irregularidades que perjudicarían el perfecto acabado del tallo. El arrollado de la cinta en espiral proporciona generalmente una mayor vistosidad y buen acabado de la obra en curso.
Al contacto con el aire, la pasta obtenida se seca con cierta rapidez. Por ello es aconsejable que, una vez elaborada, se guarde inmediatamente en una bolsa de plástico bien cerrada y se tenga en la nevera; incluso cuando se trabaja debe mantenerse dentro de la bolsa de plástico y retirar únicamente las porciones de pasta necesarias para las piezas que se realizan.
3 El corazón o pieza central de la flor es necesario en casi todos los modelos, por lo que su conformado debe practicarse hasta dominarlo por entero.
La pasta puede trabajarse en su color natural y luego pintar el conjunto montado y seco o bien darle color antes de trabajarla.
Para darle color se añaden pequeñas cantidades de pintura al óleo una vez la pasta ya está hecha, volviendo a mezclarlo todo hasta obtener el color deseado y vigilando que éste quede uniformemente repartido y homogéneo.
Se tienen ya preparadas porciones de pasta coloreada con diversos colores, pero siempre en sendas bolsas de plástico y conservadas en el refrigerador. Si se desea aclarar su tono se añade un poco de pasta sin colorear y se repite el amasado.
Tampoco hay inconveniente en añadir más color (igual o diferente) a una masa previamente coloreada, ya sea para modificar su tono u obtener un nuevo colorido.
4 Modo de confeccionar una hoja presionando una gota de pasta sobre una hoja natural y colocándolas entre dos hojas de plástico flexible.
Para la confección de los tallos y las hojas se requieren alambres de los números 2 y 4, cinta flor (Flor Tape) de color verde y hojas naturales con los nervios bien marcados y gruesos.
Además deberá disponerse de un plástico transparente y flexible los forros usados para libros son muy adecuados y de un trozo de corcho sintético, utilizado para sostener las piezas que van confeccionándose , como se verá más adelante.
La cinta flor, que se adquiere en los comercios especializados en manualidades, es adhesiva por uno de sus lados y arrugada por el otro, en diferentes anchos.
El alambre se corta en trozos de unos 15 cm de largo y se forran con la cinta flor, según se ve en la foto 2, dejando en uno de los extremos un tramo de unos 2 cm sin forrar para poder clavarlos con más facilidad en el corcho.
El alambre fino se usa para el tallo de las hojas y el más grueso para el de las flores.
5 La punta encolada del alambre se sitúa sobre el nervio central de la hoja. Luego se sujeta la hoja sobre el alambre pellizcándola por su parte posterior.
También puede usarse alambre pintado de color verde, pero la uniformidad de la pintura quizá quite realismo al conjunto, pues la pintura, no siempre adherida con la facilidad deseada, requiere un tiempo de secado, etc.
Se hacen tallos también más gruesos si se cubre longitudinalmente el alambre con una tira de pasta. Para ello se prepara tal tira de pasta del largo del alambre, se coloca entre los plásticos y se aplasta presionando con el dedo. Colocado el alambre sobre la cinta de pasta obtenida, se dobla ésta de forma que una parte monte sobre la otra.
Con un dedo mojado en agua se alisa la unión de ambos bordes para que no queden resaltes. Es importante que en los tallos así forrados se dé al alambre la forma final deseada antes de forrarlo, ya que se quiebra la pasta si se conforma una vez forrado. Dejar secar con un extremo clavado en el corcho.
6 El pétalo de rosa se conforma con un buril de puntas redondas, según puede verse en esta fotografía
Los tallos hechos con alambre forrado de pasta son adecuados para flores colocadas en cuadros o sueltas para adornar mesas.
Si se desea un mayor realismo en el caso concreto de rosas se pegan espinas naturales al tallo, operación que se realiza con cola blanca.
La confección de las hojas se empieza colocando la, hoja natural dentro de la funda de plástico, con los nervios vueltos hacia nosotros. Luego se coge un trozo de pasta del tamaño de una avellana, se redondea entre las palmas de las manos, rotándolas, y con el dedo índice se afina por un extremo para darle forma de gota.
Esta operación puede hacerse con la gota suelta o clavada en un alambre (foto 3). Es importante practicar hasta que se consiga la gota con facilidad, ya que suele ser necesaria para casi todo lo que se hace; las manos pueden untarse con la crema de glicerina para que no se pegue la pasta.
7 Los pétalos se montan sobre el corazón pegándolos por su base y cuidando de que los laterales queden montados como se indica en el texto.
Se pone la gota sobre el nervio principal de la hoja, con la parte redonda hacia el tallo, se tapa con el plástico y suavemente, con el dedo índice, se presiona sobre la pasta a través del plástico, extendiéndola por un igual y siguiendo la forma de la hoja (foto 4).
Esta debe ser más bien grande y la pasta ya extendida no ha de sobresalir de los bordes. Con mucho cuidado se levanta el plástico y se separa la pasta de la hoja: se verá cómo los nervios han quedado marcados en la pasta.
Se coge ahora un alambre ya preparado y, mojando la punta forrada en la cola blanca, se coloca sobre el nervio principal de la hoja de pasta, montando aproximadamente 1 cm, y se pellizca la parte posterior de la pasta para que el alambre quede cubierto, conforme puede verse en la foto 5. Así se ha obtenido ya una hoja, cuyo tallo se clava en el corcho en espera de que seque.
8 En este artículo viene cómo confeccionar con cuerda de pita y semilla de trébol este centro, que confiere gran realismo a ciertas rosas.
Si la hoja que se hace es de rosal, con unas tijeras se picotean los bordes todos alrededor, con los cortes un poco al bies.
Las hojas naturales, cuando no se usan, se envuelven en papel de aluminio y se guardan en la nevera, conservándose así durante mucho tiempo.
Para confeccionar rosas se requiere un buril de punta redonda de los utilizados para repujar cuero y estaño. La rosa se hace en varias etapas.
Primero se forma el corazón. Se hace una gota de pasta y, mojando la punta forrada de un alambre en cola blanca, se clava en el centro de la parte más redondeada de la gota; véase nuevamente la foto 3. Este conjunto se clava, a su vez, en el corcho y se deja secar totalmente, hasta que esté duro.
9 El corazón de flores de las margaritas se obtiene pinchando toda su superficie con un punzón cualquiera, para lo cual son muy convenientes ciertos husos de tapicero o unas agujas laneras a propósito.
Para los pétalos se procede de la siguiente forma: se hace una gota de pasta y se pone entre los dos plásticos; se presiona con cuidado con el dedo y se extiende la pasta al mismo tiempo que se le da forma de pétalo.
Esta pieza se separa del plástico, se pone en el cuenco de la mano y, con el buril de punta redonda mojado en la crema para manos (foto 6), se hunde la parte central del pétalo moviendo el buril en forma de círculos concéntricos. Para finalizar, los laterales del pétalo se curvan un poco hacia el centro.
Si un pétalo no queda bien al primer intento, no importa recuperar la pasta, amasarla de nuevo entre las palmas de las manos e intentarlo otra vez. Confeccionar un pétalo es una operación nada difícil, pero es evidente que se requiere cierta práctica.
10 Conformación de los pétalos de una margarita con una aguja de hacer media para obtener una pieza como un cono.
Una rosa se hace superponiendo varias capas de pétalos de la siguiente forma: la primera capa con 3 pétalos, la segunda con 5, la tercera con 8, y la cuarta y última con 11.
Queda sobrentendido que del número de capas dependerá el tamaño de la rosa, pero siempre será conveniente amoldarse a lo dicho referente al número de pétalos de cada capa.
Para el montaje de la rosa se procede de esta forma: cuando el corazón está seco se hacen inmediatamente los 3 pétalos de la primera capa y sin entretenerse, para que la pasta no se seque. Se da cola blanca a la base del corazón de la rosa y se pegan los pétalos por su parte inferior, mientras se monta un lateral del pétalo sobre el siguiente, de modo que el último lateral se meta debajo del primero (foto 7).
11 Practicados los cortes alrededor del borde de la pieza se señalan con una aguja lanera o un punzón poco afilado los pétalos de la margarita.
Una vez pegados los 3 pétalos se juntan lo más posible sobre el corazón de la rosa y se deja que la cola seque totalmente. Para mejorar la solidez del conjunto es necesario que seque bien una capa de pétalos antes de montar la siguiente.
Importante es que la rosa no se deforme durante el secado, por lo que se clava el alambre en el corcho y se dobla de modo que la rosa mire hacia abajo (foto 7, al fondo), pues, de lo contrario, se abrirán los pétalos según se sequen.
Las siguientes capas de pétalos se hacen de la misma manera, con el número de pétalos que corresponda, y confeccionando siempre los pétalos sin interrupción, pegándolos de una sola vez y con un buen secado entre dos capas consecutivas.
12 Cómo se montan las dos piezas que componen una margarita. Una vez acopladas, se inclinan los pétalos para lograr un mayor realismo.
El tercer paso para la ejecución de una rosa son los sépalos, para la confección de los cuales se forma una gota del tamaño de un piñón aproximadamente, pero más alargado para ello se hace girar la bolita de pasta sobre la palma de una mano con el dedo índice de la otra, afilándola por un extremo.
Se coloca de nuevo la hoja natural entre el plástico y se pone la pasta sobre el nervio principal, lo .mismo que cuando se hace una hoja, pero al extender la pasta sólo lo hacemos en sentido longitudinal, alargándola. Se separa el plástico de la hoja y se le dan dos cortes a cada lado, al bies y sin llegar al nervio principal.
Los sépalos de cada rosa son siempre 5 y para su montaje se opera como con los pétalos: se hacen todos seguidos y se pegan a la base de los pétalos, con la parte marcada hacia dentro. Finalmente se forma una bola del tamaño de una avellana pequeña, que se pega en el centro de los sépalos y se pasa a través del alambre, presionándola ligeramente.
13 Las dalias se confeccionan como las margaritas, con la única diferencia de que se superponen varias capas de pétalos, algo más largos.
Cuando se hace una rosa de 11 pétalos se puede cambiar el centro de la flor, hecho de pasta, por uno hecho de cuerda de pita, de un par de centímetros de longitud, atado en el extremo de uno de los alambres; se deshilacha un poco la cuerda y, untando las puntas con cola blanca, se sumerge en un recipiente que contenga semilla de trébol. Queda un centro de gran realismo y muy decorativo (ver foto 8).
El botón de los capullos de rosa completamente cerrado se hace poniendo la capa de sépalos directamente sobre el corazón de pasta, con los nervios hacia tuera lo más juntos posible cubriendo la totalidad del corazón. Se acaba poniendo la bola de pasta en la unión de los sépalos como en las rosas.
Con una capa de 3 pétalos se pueden hacer capullos que empiezan a abrirse.
14 Modo de realizar una cala o lirio de agua, montando primero un borde sobre el centro o corazón y luego el segundo borde sobre el anterior. Finalmente se procede a doblar ambos bordes hacia el exterior.
Los materiales requeridos para confeccionar margaritas son: pasta teñida de amarillo, pasta teñida con color blanco cinc, alambre forrado y una aguja de hacer media, de tamaño mediano.
Para el centro de la margarita se coge un poco de pasta de color amarillo, como media avellana, y se hace una gota con ella. Se moja la punta de un alambre en la cola y se le pega la gota, pero por su parte fina, o sea al revés de como se hacía con el corazón de la rosa, y con un punzón cualquiera se procede a pinchar la superficie redondeada de la bola en toda su extensión (foto 9).
15 Para el pintado se manchan algunos puntos y se extiende la pintura de manera uniforme.
Hecho esto con las manos bien limpias para que no se manche la pasta blanca, se forma con ésta una gota del tamaño de una avellana. Se coge con los dedos corazón y pulgar de la mano izquierda por el extremo afilado y se apoya el resto sobre el dedo índice.
Se clava la punta de la aguja de hacer media en el centro de la bola y se agranda el agujero haciendo pivotar la aguja, para conseguir una forma de cono o de, embudo (foto 10). Si la pasta se pega, úntense las manos o la aguja, o ambas, con la crema de manos.
Cuando el agujero tiene un diámetro aproximadamente de 1 cm se hacen con unas tijeras una serie de cortes alrededor del borde, hacia el centro y lo más juntos posible, y se señalan los pétalos mediante una aguja o punzón poco afilados (foto 11). Nuevamente con la aguja y poniendo su punta en el centro de la flor se presiona sobre cada pétalo, en toda su longitud, con suavidad, de manera que el extremo del pétalo quede curvado.
16 Cuando se trate de confeccionar pequeñas piezas de bisutería será siempre conveniente disponer de cierto surtido de piezas que se prepararán previamente.
Ahora es necesario que los dedos medio y pulgar vayan dando un movimiento de rotación a la pieza, a fin de que los pétalos presionen de modo uniforme, teniendo la precaución de que tales pétalos estén siempre apoyados sobre el dedo índice.
Si la pieza ya está terminada sólo resta darle un poco de cola blanca en el hueco central y pasar a su través un alambre con su correspondiente centro seco (foto 12), más se presiona algo para conseguir la perfecta adherencia. Finalmente se, inclinan un poco los pétalos, según el gusto personal, y se espera el completo secado del conjunto.
Las pastas blanca y amarilla deben estar coloreadas con la masa, puesto que el acabado resulta mucho mejor que pintar con la pasta sin colorear.
17 A título de ejemplo se muestra en esta foto un broche, una sortija y unos pendientes, bonito conjunto realizado siguiendo las indicaciones dadas en el texto.
El procedimiento para confeccionar una dalia es el mismo que el expuesto para las margaritas, pero con la pasta sin colorear, ya que luego se pintará uniformemente del color deseado.
En lugar de pinchar el centro se picotea con la punta de unas tijeras. Los pétalos se forman de la misma manera que la margarita, pero, según el tamaño de la flor que se desee obtener, se superpondrán varias capas, cuidando de que cada nueva tenga los pétalos algo más alargados que los de la anterior (foto 13).
18 Otro ejemplo de conjunto pendientes y sortija logrado con flores de migas. La creatividad y el gusto personal no tienen límites en este caso y permiten obtener modelos todos ellos diferentes de gran variedad y colorido.
Los materiales necesarios para las calas o lirios de agua son: alambre del número 4, forrado conforme se ha explicado, pasta amarilla y pasta blanca. Para hacer los centros se coge una bolita de pasta amarilla y se forma una gota bastante alargada, que por su parte más redondeada se pega al alambre forrado y se deja secar completamente.
Luego se forma una gota de pasta blanca con la punta más alargada que lo habitual. Colocada entre las hojas de plástico, se extiende con el dedo índice y se procura que ofrezca un espesor uniforme, de modo que quede bastante ancha por la parte redonda inferior.
Se da un poco de cola en la base del centro, que ya estará completamente seco, y se coloca sobre el «pétalo» obtenido anteriormente, al igual que se hacía con las hojas. Finalmente se dobla primero un lado y luego el otro del «pétalo» sobre el centro o corazón para que uno monte sobre el otro y se doblan los bordes hacia el exterior (foto 14).
19 En esta foto se muestra un broche en cuya base se ha aplicado previamente una capa de esmalte en frío. Un fondo de color, preferentemente neutro, hace destacar el ramillete de flores colocado sobre el mismo.
El proceso del pintado de las flores, cualquiera que sea la flor construida, es siempre el mismo: primeramente se da una capa de color blanco plata y, una vez bien seca (unas 24 horas como mínimo), se da la capa del color deseado.
Ambas capas deben darse de la forma que se indica. Se coge un poco de pintura con el pincel y se mancha la superficie a pintar en algunos puntos (foto 15); luego se extiende con barniz de retoque -brillante o mate, según el gusto- sobre toda la superficie.
20 Un viejo marco restaurado, que lleva un fondo de terciopelo, encuadra un ramo de flores de migas. Es otra de las muchas posibilidades que ofrece esta afición.
Las capas de pintura deben ser muy superficiales y, sobre todo, finísimas, muy estiradas. La finura de ambas capas de pintura es lo que da al acabado el aspecto de porcelana, tan decorativo en estas flores.
Se emplean pinturas al óleo de buena calidad. Con el propio tubo se mancha el pincel y se procede como queda dicho ya antes.
Los materiales que se requieren para flores de bisutería son: bases de metal para broches, pendientes, etcétera, pasta de miga coloreada previamente, cola blanca, cola de impacto y alambre muy fino.
21 Otra forma de encuadrar un ramillete. Cuando como en este caso se trate de miniaturas debe tenderse a exagerar un poco el resalto de las flores.
Las flores se construyen de la forma indicada, variando únicamente en su tamaño. Los alambres de los tallos no se forran, pues sólo sirven para trabajar con más comodidad, y se cortan a ras de cogollo cuando la flor está seca y en el momento de montarla.
A su vez, los pétalos se forman cogiendo un poco de pasta en forma de gota y aplastándola entre los dedos índice y pulgar, sin colocarlas entre las hojas de plástico. Del mismo modo, las hojas pueden confeccionarse apretando la pasta colocada sobre el plástico directamente con el dedo.
22 Un conjunto de miniaturas de ramilletes de flores de variado colorido puede ser la solución para decorar un rincón íntimo.
En las rosas pequeñas, el centro se hace con un pétalo enrollado sobre el alambre, como si se tratase de un cucurucho de helado.
Sobre las bases de metal se coloca una gota de pasta, pero sin pegarla, y sobre esta bola se van pegando con cola blanca las flores y hojas que previamente habremos preparado. Los huecos se rellenan con pequeñas bolitas de pasta coloreada, que también dispondremos con antelación (foto 16). Estas piezas deben estar completamente secas y es recomendable que se confeccionen con pasta coloreada o que ya estén pintadas, ya que, dado su tamaño, esta operación resulta muy dificultosa una vez montado el conjunto.
23 Con una flor montada sobre base de arcilla se obtiene un vistoso y original objeto de decoración sobre una mesa o en una estantería.
Cuando la pieza ya está confeccionada y la cola ha secado totalmente se despega todo el conjunto (recuérdese que se había dicho de no pegar la bola que servía de base al montaje) para pegarlo, esta vez definitivamente, con cola de impacto a la base de bisutería.
O sea que, en principio, la base de bisutería sólo sirve para dar forma al conjunto y sólo se pega definitivamente a la base de bisutería cuando el conjunto está terminado. En las fotos 17 y 18 pueden verse conjuntos de broche, pendientes y sortija confeccionados de esta manera.
En la foto 19 se ha montado un ramillete de flores sobre una base de broche, a la cual se ha dado previamente un fondo de esmalte en frío que destaca del colorido de las flores.
24 De igual manera que se montan flores de cierto tamaño sobre una base pueden realizarse ramilletes de gran efecto decorativo.
Otra de las posibilidades que ofrecen las flores de migas es su colocación en cuadros y centros. Su realización sigue siendo la ya indicada precedentemente, pero variando el tamaño, forma y disposición.
Las piezas que deben ir unidas sobre tela, tejido adhesivo o madera se pegan con cola blanca o con cola de contacto.
25 Un elemento decorativo muy original puede ser la imitación de una o varias flores echadas como casualmente sobre una mesa o en un mueble. De todas formas no se recomienda que el aficionado se inicie con este tipo de modelos, ya que se requiere tanto cierta práctica para su realización como un adecuado conocimiento de los materiales que se manejan para lograr estos artísticos conjuntos florales.
Cuando se trate de flores de sobremesa o de ramilletes se clavan los tallos, de largo conveniente, sobre un bloque de pasta o también de arcilla u otro material semejante, ya que es posible que los tacos de pasta se agrieten al secarse. Cuando se confeccionen piezas de este tipo procúrese siempre cubrir los huecos, a fin de que no aparezcan los tallos; la sensación de lleno proporciona más vistosidad al conjunto.
En las fotos 20, 21,22, 23, 24, 25, 26 y 27 se ven ejemplos de cuadros y de ramilletes, así como de flores de sobremesa con distintos acabados y coloridos.
De todo cuanto .antecede no debe concluirse que las flores de migas de pan es una afición o un entretenimiento sólo para privilegiados. Es un trabajo cuidadoso y bastante completo, pero nada difícil. Precisamente la diversidad de flores, de tamaños y de infinitas composiciones que pueden realizarse ofrece a cada aficionado a las manualidades dominio de un campo, en el que en breve tiempo será un experto, según sus aficiones se inclinen por la miniatura, la superficie o el volumen.
26 Los pisapapeles no quedan ciertamente excluidos dentro de esta afición. Para que el objeto cumpla precisamente su función de pisapapeles para la que ha sido diseñado debe tenerse especial cuidado al confeccionar la base de tal objeto, que puede hacerse con arcilla, dentro de la cual se colocará un trozo de metal. Si se prefiere, antes de que la arcilla seque puede grabarse un motivo cualquiera para la base.
Un poco de práctica y de observación será siempre necesario. La observación de una flor natural será una gran ayuda, mas la imaginación hará el resto. Sin embargo, no se pretenda copiar íntegramente cada flor; por el contrario, la belleza de las flores reside precisamente en la no repetición de una misma forma o de un mismo color.
La práctica residirá no precisamente en la conformación de un pétalo o de un corazón, sino en la cantidad de pasta que se requiere cada vez, según el tamaño que se desee obtener, máxime siendo conveniente que las piezas tengan el grosor mínimo que cada uno sea capaz de darles. Ciertos aficionados a las manualidades consiguen tal finura de piezas que puede verse la luz por transparencia y consiguen efectos parecidos a los de las mejores porcelanas.
27 Un canastillo de flores es otra de las posibilidades que deben tenerse en cuenta. Al igual que se hacía con los tallos gruesos, los troncos o las asas se las recubre con pasta mediante un alma de alambre grueso y se esculpe la pasta cuando se inicia su secado. El objeto logrado se asemeja a la porcelana más conseguida después de darle una mano de barniz mate que previamente ha sido finamente diluido.
Como habrá podido observarse en las fotos precedentes, las manos deberán mantenerse casi continuamente untadas con crema de manos a base de glicerina y, aunque ello ocasione al comienzo ciertos inconvenientes, pues parece que las herramientas se escapen de las manos, es una práctica que pronto dará sus frutos, puesto que permitirá manejar la pasta con toda soltura, que en definitiva es de lo que se trata.
Se ha descrito la confección de algunas flores, las básicas para lograr conjuntos y las más adecuadas.
Pero ello no excluye en modo alguno la confección de otras flores, que en esencia siempre estarán formadas por elementos muy semejantes a los descritos. La observación y la creatividad del aficionado pueden componer incluso flores fantásticas, de igual presencia y calidad que las reales.
Con la pasta de migas pueden confeccionarse objetos o modelos distintos de las flores, pero con la salvedad de que cuando se alcanzan ciertos tamaños, y sobre todo ciertos espesores, la pasta se agrieta al secarse y provoca serios inconvenientes.
Los modelos hechos con pasta de miga de pan son tanto más frágiles cuanto más finas sean las piezas conseguidas. Es, pues, recomendable tener sumo cuidado con las piezas que se secan y con las ya confeccionadas, protegiéndolas contra eventuales golpes que las quiebran, ya que resulta prácticamente imposible su posterior reparación.
28 Nunca debe desecharse una pieza que al elaborarla se haya deteriorado. Por el contrario; es siempre recomendable proceder a su total acabado. Independientemente de que se adquiere una mayor práctica, es muy posible que, a pesar de todo, se obtenga una pieza ciertamente de forma y belleza notables, sin duda inesperadas. Al iniciar una obra de este género se pueden dar toda clase de hechos sorprendentes.
Un consejo final: cuando se inicie una flor, termínese a toda costa y totalmente. Con ello se conseguirá una buena práctica para lograr con más facilidad los modelos siguientes. Pero es muy posible que, una vez finalizada la pieza, el aficionado se encuentre con la grata sorpresa de haber obtenido una flor digna de figurar en una vitrina, cuando inicialmente pensaba descartarla. En la foto 28 se ofrecen dos ejemplos de ello.
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