Herramientas de golpe, martillos, mazas, macetas.- Manualidades herramientas.

 Los martillos suelen clasificarse por el peso de la cabeza. Este pe­so en razón directa con el impacto ocasionado, determinará la contundencia y eficacia para cada tipo de trabajo.

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Es muy distinto hincar una punta en un madero (con un martillo, 1) que ha­cer penetrar un cincel en un cuerpo pétreo (maceta, 7). Para el primero bastará un peso de 100 a 200 gramos y, en cambio, para la segunda será conveniente, por lo me­nos, un peso de 500 gramos o más.

En realidad, todos los martillos arrancan de la primitiva hacha paleolítica, que cons­tituye uno de los restos más claramente identificados de lo que nuestros antepasados nos legaron hace milenios de años. Las sucesivas evoluciones del hacha en los tiempos paleolíticos y neolí­ticos muestran ya cierta ten­dencia a la especialización funcional: percusión y hen­dimiento (también ocasiona­do por percusión).

Durante la llamada Edad del Hierro se disocian ambas funciones de manera muy clara por una parte, los útiles de percusión pura (mazas, martillos) y los de hendimiento (hachas). Esta separación continúa vigente aun hoy día, en que, por una parte, los martillos han cobrado formas especiales de acuerdo con la misión específica que deben cumplir (para hincar, aplanar, cincelar, repujar, etc.), mientras, por otro lado, las hachas también se han conformado de acuerdo con los trabajos a realizar y asimismo según las rutinas y costumbres de cada país.

El martillo ya desde las épocas neolíticas empezó a estar constituido por una cabeza metálica o muy ma­ciza de material compacto (maderas duras o mazas) y un mango con el que dirigir el impacto de la cabeza, mango que fue y continúa siendo de un material más blando que absorba el golpe de aquélla (madera tradi­cionalmente y en la actuali­dad materiales plásticos). La cabeza evolucionó, como ya se ha dicho, en función de los trabajos a que se des­tinaba (de forja, de herrería, de carpintería, de platería, etcétera). Pese a esta diver­sificación podemos detectar en la cabeza una parte cen­tral vacía (ojo), en donde se aloja el mango, y dos par­tes opuestas (en las que sue­le buscarse un equilibrio), constituidas por una masa contundente, maciza, circu­lar o cuadrangular, y otra masa opuesta más afinada, perfilada o de forma irregu­lar. La parte contundente maciza es lo que se denomi­na mocheta o cotillo, a la que se opone la boca. Esta boca puede ser maciza y en­tera o bien abierta formando orejas. Cuando es entera y de sección rectangular (con sus extremos más o menos aguzados o romos) constitu­ye la peña.

Algunos ejemplos de martillos típicos.


1 y 2. Martillos de forma sim­ple que se utilizan indistinta­mente para trabajos de cerrajería o de carpintería y ebanistería. A una mocheta cuadrangular se opone una peña rectangular deprimida. 3 y 4. Martillos empleados preferentemente por los oficios del metal. A una mo­cheta circular se opone una peña vertical u horizontal. 5. Martillo de bola, en el que la peña es semicircular tí­pico de los oficios mecáni­cos, 6, 8 y 9. Más moderno es el 6 cuyas cabezas iguales están constituidas por un material plástico relativamente blando (nylon o tereftalato). Más tradicionales son el 8 y el 9, cuyas cabezas son de madera, material también blando y cuyo impacto no daña los objetos golpeados, al contrario de como ocu­rre con un martillo de cabeza metálica.

7. Maceta de albañil. Su cab­eza es de extremos equilibrados e iguales, y lo más importante en ella es el gran pacto ocasionado por su propio peso, pues es capaz de percutir y hacer pe­netrar accesorios en mate­riales pétreos.

10. Tas (en forma de cabe­za de martillo y susceptible, por tanto de ser enmangado gracias al ojo), que tiene por misión más importante recibir los impactos de una maza o martillo por detrás de la pieza o plancha que se golpea. En realidad, es un pequeño yunque portátil.

11. Martillo universal para bricolador muy semejante al 1 y al 2 de formas más tradicionales. Su mango es de material plástico, en cuyo cuerpo hay toda una serie de agujeros que impiden la transmisión del impacto.

Herramientas de golpe, martillos mazas12, 13 y 14. Martillos de mo­cheta y orejas. Son los em­pleados preferentemente por los embaladores, en que tan importante es el hincamiento de clavos como el arranque de los mismos. Depende de las necesidades de clavar cada tipo de clavos el que se tenga que utilizar una mo­cheta cilíndrica o cuadran­gular, así como una inciden­cia de mayor o menor ángulo de las orejas.

15. Martillo de tramoyista. La antigua función de percu­sión y hendimiento vuelve a aparecer en este utensilio, que debe facilitar un rápido trabajo que sólo requiere un acabado satisfactorio aun­que efímero. De manera aná­loga podríamos referirnos a los martillos de encofrado para hormigón armado.

16. Martillo de planchista con doble mocheta (rectan­gular y cilíndrica) para gol­pear superficies maleables, cuyo impacto es recibido y conformado mediante tases que presentan diversa su­perficie y forma (17 y 18).

19 y 20: Martillos de zapa­tero y de profesionales del cuero. Los materiales blan­dos que deben recibir sus impactos, así como la clase de puntas y clavos que han de hincarse en ellos, provo­caron unas formas muy par­ticulares del martillo.

21. Martillo de joyero y cincelador Lo más notable en esta herramienta es la forma irregular del mango, que cada artesano puede conformar a su criterio.

La gran variedad de mar­tillos de que hoy disponemos responden a una especializa­ción de cada oficio o profe­sión.

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