Sabías que la pintura es arte de pintar y las obras así creadas

Para pintar se utilizan colores; éstos  colores se obtienen de polvos de origen animal o vegetal (negro), mineral (la­pislázuli) o químico (plata).

Los polvos se aglutinan mediante un líquido lla­mado vehículo, que puede ser el agua ya sea pura (fresco), ya sea mezcla­da con colas vegetales (temple) o ani­males, la goma arábiga (a la aguada, acuarela, pastel) o la yema de huevo. En el siglo xv se descubrió que el acei­te y la esencia de trementina resulta­ban aún más eficaces para ligar los colores. A partir de ese momento la pintura al óleo se convirtió en la téc­nica más comúnmente empleada.

Los colores se extienden sobre un soporte (pared, tabla, tela, papel, seda, marfil, metal o piedra), pre­viamente protegido con el baño más adecuado. A menudo se recubre con un barniz, solución transparente com­puesta a base de aceite, de esencia de trementina y de resina, que propor­ciona a los colores una mayor du­ración.

Pintura 1

Detalle de un fresco de siglo VI, en Ajanta (India).
La pintura búdica surge en la India y en China, en los primeros siglos de nuestra era, sobre las paredes de los santuarios excavados en las rocas. También es frecuente hallarla en estandartes de seda, de cáñamo o de papel. Todas estas obras representan escenas de la vida legendaria de Buda y tienen un estilo colorista que ignora la perspectiva.

Un arte multimilenario

Las primeras pinturas conocidas fueron realizadas hace unos treinta mil años. Representan figuras de ani­males, y fueron plasmadas en las pa­redes de las cuevas prehistóricas.

A partir del III milenio a. de J.C., las paredes de las tumbas, de los tem­plos y de los palacios del antiguo Egipto se cubren con las más variadas escenas ordenadas en franjas o «re­gistros»: trabajos del campo, artesa­nos, escribas, escenas de caza o de pesca, funerales, músicos y danzari­nas. La representación de la figura humana obedece a reglas muy estric­tas: el ojo y el torso son vistos de fren­te, en tanto que el resto del cuerpo se representa de perfil.

De la pintura griega no poseemos muestra alguna. Sin embargo la de­coración de las vasijas permite dedu­cir algunas de sus características: en un principio fue geométrica y abstrac­ta, estilizada más tarde pasó a ser na­turalista. La pintura etrusca contem­poránea de la griega, se distingue por ser menos austera.

El pago del tributo,

El pago del tributo,
Fresco de Masaccio (1401-1428), en la iglesia de Santa María del Carmine, en Florencia. Para contar esta historia, el pintor ha agrupado tres momentos de ella en un solo fresco: en el centro de espaldas, el perceptor pide el dinero a Cristo; a la izquierda agachado, san Pedro coge el denario de la boca de un pez; a derecha entrega el denario al perceptor con el fin de que deje entrar en la ciudad a los apóstoles y a Jesús. Masaccio, superando la técnica de Giotto, modela a sus personajes mediante el juego de sombras y de luces; les da una dimensión espacial, realista, valiéndose de las investigaciones científicas realizadas sobre la perspectiva.

Los pintores romanos, herederos de los griegos, nos han legado numerosas pruebas de su arte, patentes sobre todo en los conjuntos de Pompeya y Herculano. Sus pinturas ilustran la mitología o representan escenas de la vida cotidiana, paisajes, naturalezas muertas y retratos.

En cuanto al primer arte cristiano, está representado por las pinturas de las catacumbas (Roma, Nápoles) y, posteriormente, por la de las iglesias (Santa Constanza y Santa María la Mayor, en Roma).

Del manuscrito al icono

A principios de la Edad Media se desarrolla en Europa la decoración de manuscritos por medio de la ilumina­ción y de la miniatura. La pintura ro­mánica de los siglos XI y XII se dis­tingue por su gran sobriedad; ante todo trata de destacar la superficie (carece de perspectiva y de efecto).

Icono ruso (siglo XVI) que representa a la Virgen con el Niño.

Icono ruso (siglo XVI) que representa a la Virgen con el Niño. Manifestación del arte bizantino, los iconos son imágenes sagradas ejecutadas por monjes o laicos de una irreprochable moralidad. Tales pinturas sobre madera eran objeto de culto: los fieles les dirigían sus plegarias y les llevaban ofrendas. Museo del Louvre, París.

El arte de los iconos (imágenes pintadas sobre madera, en posturas hieráticas, es decir, frías) se desa­rrolla en Bizancio a partir del si­glo IX y, muy pronto, se extiende a Grecia”, Yugoslavia, Bulgaria y Rumania. En Rusia este arte que al­canza su máximo apogeo con Andrei Rubliov, persistirá hasta finales del siglo XVI.

La Italia del siglo XIII aún influida por el arte bizantino, no tardará en evolucionar hacia un mayor naturalis­mo. Las madonas y los cristos de Pisa y de Lucca pierden, en parte, su ma­jestad para hacerse más humanos. Giovanni Cimabue en Florencia, y Pietro Cavallini en Roma, dan a sus personajes una mayor viveza; Duccio, en Siena, confiere a sus figuras cierta sensibilidad.

En el siglo XIV, Giotto, lo mismo que en Siena Simone Martini y Pietro Lorenzetti, se desprende de la influen­cia bizantina.  

En China

Aunque sus temas son por lo general profanos, la pintura china está íntimamente ligada a la filosofía taoísta y budista. El paisaje tratado con tinta china, en ocasiones diluida en agua (aguada), sobre rollos de seda o de papel que se despliegan de forma vertical u horizontal, es el tema preferido del arte chino. El hombre siempre está representado en él a pequeña escala, para sugerir así la inmensidad de la naturaleza.

Los períodos más brillantes son los de las dinastías Tang (del siglo VII al X) y Song (del siglo X al XIII).

Artesanos y «academicistas»

En la Edad Media los pintores eran considerados artesanos: se iniciaban en su oficio como aprendices en el taller de un maestro y estaban agrupados en corporaciones.

En el siglo XVI, la aparición en Italia de las primeras academias de pintura les confiere un verdadero «estatuto social» de artistas.

El academicismo alcanza gran boga en Europa a lo largo del siglo XVIII. Pero a finales del siglo pasado, el movimiento romántico y más tarde, el impresionista reaccionan contra ese estilo en exceso encorsetado impuesto por las escuelas, y el arte oficial no tarda en ser sustituido por un arte individualista.

El Quattrocento.

En el siglo xv (Quattrocento), Ita­lia se sitúa a la cabeza de las nuevas búsquedas a la vez que se empeña en la restitución de la belleza de las for­mas, en especial de las del cuerpo humano. El artista descubre la pers­pectiva” y las proporciones y, como consecuencia de todo ello, se interesa por las matemáticas y por la geome­tría (Piero della Francesca). En esta época Florencia con Paolo Uc­cello, Fra Angélico, Masaccio, Bot­ticelli y Ghirlandaio, se convierte en uno de los máximos centros artísticos. En Padua y en Venecia sobresalen Gentile y Giovanni Bellini, Antonello da Messina, Mantegna y Carpaccio.

El siglo xv francés comienza con la Guerra de los Cien Años y con el mecenazgo de los hermanos de Car­los V el Sabio, para quienes trabajan numerosos artistas como por ejem­plo, los hermanos Limbourg (que ilu­minan el maravilloso libro Les Tres Riches Heures du duc de Berry). La corte al abandonar París, fomenta la creación de varios centros artísti­cos: la región del Loira, con Jean Fou­quet; Aviñón, con Nicolas Froment, y el Borbonesado, con el Maestro de Moulins.

Los Países Bajos y sobre todo Flan­des, constituyen uno de los más acti­vos centros de la pintura del siglo xv. La burguesía, enriquecida y poderosa, accede al mecenazgo, hasta entonces en manos de los príncipes y de la alta clerecía. El perfeccionamiento de la técnica al óleo (Van Eyck) propor­ciona una nueva luminosidad a los cuadros. En Flandes, Memling y Van der Weyden se afanan por traducir los sentimientos de sus personajes. En Holanda, Jerónimo Bosch (el Bos­co) plasma un mundo delirante y fantástico.

Por esa época en España se dan cuatro modalidades: la francogótica (segunda mitad del siglo Xlll y primera mitad del XIV), la cual procede del norte de Francia; la de influencia toscana (segunda mitad del siglo XIV), que sigue sobre todo a la escuela de Siena y está representada por los maestros catalanes Ferrer Bassa y los hermanos Jaime y Pedro Serra; la internacional (siglo xv), mezcla del gótico francés y del italiano, en la que descuellan Lorenzo Zaragoza (en Ara­gón), Andrés Marcal de Saxe (en Va­lencia) y Luis Borrassá, Ramón Mur y Bernardo Martorell (en Cataluña); y la llamada estilo hispanoflamenco (se­gunda mitad del siglo xv y gran parte del XVI), con el realista Luis Dalmau (al que se debe la Verge deis Conse­llers), Jaime Huguet, el cordobés Bar­tolomé Bermejo, el alemán Anye Bru (autor de la impresionante tabla Dego­llación de san Cucufate) y el andaluz Alejo Fernández, El último de los pri­mitivos españoles y el primero de los renacentistas es el genial Pedro Be­rruguete.

Un detalle de El camino del Calvario,

Un detalle de El camino del Calvario, pintura de Jaime Huguet (1414?- 1492), perteneciente a la predela (parte inferior de un retablo) de San Agustín. Museo Marés, Barcelona

El Renacimiento.

El siglo XVI italiano perfecciona los hallazgos del siglo precedente y origi­na el «clasicismo» del Renacimiento.

Artistas de formación universal como Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, se dedican al estudio de la anatomía, de las proporciones y de la perspectiva. Las crisis políticas y religiosas (Reforma, Contrarreforma) dan lugar a modificaciones de las ten­dencias artísticas, y surge así el ma­nierismo, caracterizado por la defor­mación y el alargamiento de las pro­porciones y por el preciosismo de los colores.

Los representantes de esta corrien­te son Andrea del Sarto, Pontormo y Bronzino en Florencia; Correggio y el Parmeggianino en Parma y Julio Ro­mano, en Roma. En Venecia, Gior­gione, Tiziano, el Tintoretto y el Ve­ronés revolucionan la técnica del color.

El prestamista y su mujer de Quintin Matsys

El prestamista y su mujer de Quintin Matsys (hacia 1466-1530). Esta obra maestra realizada a principios del siglo XVI es un claro ejemplo de la evolución de la pintura flamenca, aplicada a describir la sociedad burguesa, entonces en pleno apogeo. En las escenas de interior el artista multiplica los objetos y los pinta con sumo detalle, como prueba de su maestría técnica. Museo del Louvre, París

El Renacimiento francés se inicia en el siglo XVI, tras las campañas de Italia. Rosso y Primaticcio, represen­tantes del manierismo italiano, son llamados por Francisco I para que de­coren el palacio de Fontainebleau. Será la escuela de Fontainebleau la que desarrollará el arte del retrato, con J ean y Francois Clouet.

La pintura alemana goza de un pe­ríodo de esplendor gracias a Alberto Durero, Matías Grünewald, Cranach el Viejo y Holbein el Joven (que al­canzó la gloria en la corte de Enri­que VIII de Inglaterra).

Por la misma época, Quintin Matsys y Bruegel desarrollan en los Paí­ses Bajos el arte del retrato, las esce­nas profanas y la sátira social.

En España, junto a Juan de Juanes (influido por Rafael y por Leonar­do) destaca Luis de Vargas, uno de los fundadores de la escuela de Sevi­lla, heredera renacentista del estilo hispanoflamenco, a la que pertenecen Sánchez Coello, Pantoja de la Cruz y Luis Morales, llamado «el Divino».

La vocación de san Mateo (1597), de Caravaggio (1573-1610). Considerada «vulgar» en su época, esta tela muestra hasta qué punto el gran maestro italiano dominaba la técnica del claroscuro. La luz, combinada con las sombras, crea una atmósfera dramática: destaca los relieves, configura y amplía la expresión de los rostros, subraya los gestos. De este modo, la escena más humilde se transfigura y se convierte en épica, en heroica. Caravaggio provocó una especie de revolución en la pintura: influyó en los artistas de toda Europa, en especial en Holanda yen España. Iglesia de San Luis de los Franceses, Roma.

La vocación de san Mateo (1597), de Caravaggio (1573-1610). Considerada «vulgar» en su época, esta tela muestra hasta qué punto el gran maestro italiano dominaba la técnica del claroscuro.
La luz, combinada con las sombras, crea una atmósfera dramática: destaca los relieves, configura y amplía la expresión de los rostros, subraya los gestos. De este modo, la escena más humilde se transfigura y se convierte en épica, en heroica. Caravaggio provocó una especie de revolución en la pintura: influyó en los artistas de toda Europa, en especial en Holanda yen España. Iglesia de San Luis de los Franceses, Roma.

El siglo XVII: el Barroco

En el siglo XVII, como reacción frente al almibaramiento manierista, Italia dará vida a un nuevo arte: los Carracci fundan en Bolonia una aca­demia de pintura, y Caravaggio, con el claroscuro, confiere a sus composi­ciones una gran intensidad dramática.

El XVII es el gran siglo de la pintu­ra española. Cuando se inicia la deca­dencia política, surge una escuela nacional de pintores, iniciada por los valencianos Francisco Ribalta y José de Ribera, que se forma en el estudio directo de la naturaleza. Bajo la pode­rosa influencia de la Iglesia y del po­der real absoluto, las obras religiosas se multiplican, así como también los retratos oficiales. El influjo de la nove­la picaresca se muestra en las escenas populares y en la representación de mendigos.

Se forman entonces dos grandes centros que corresponden a las escue­las castellana o madrileña (con Diego Velázquez, Juan de Pareja, Antonio Arias, Juan y Francisco Rizi, Juan Ca­rreño de Miranda, Claudio Coello) y andaluza o sevillana (Francisco Zur­barán, Alonso Cano, Bartolomé Es­teban Murillo y Valdés Leal).

El genio barroco de Rubens domi­na la pintura flamenca del siglo XVII. A la misma época pertenecen Jor­daens, Van Dyck y Teniers.

Retratos individuales o colectivos, deliciosos interiores, paisajes, natu­ralezas muertas y escenas de la vida cotidiana constituyen la temática de la escuela holandesa: Frans Hals es el gran retratista; Vermeer y Pieter de Hooghe son los soberbios recreadores de interiores; Jacob van Ruysdael es el portentoso paisajista.

En cuanto a Rernbrandt, figura cumbre de la pintura holandesa, es el artista que resume todos los géneros con una maestría inigualable.

Francia reacciona contra el arte ba­rroco, por entonces triunfante en Ita­lia y en el resto de Europa, y elabora un arte clásico (Georges de la Tour, Antoine y Mathieu Le Nain, Philippe de Champaigne, Simon Vouet y Eus­tache Le Sueur). En Roma, Nicolas Poussin y Claudio Lorena implantan el clasicismo francés. Bajo el reinado de Luis XIV nace el academicismo.

Campesinos en su casa, de Louis Le Nain (hacia 1593-1648). Como sus hermanos Antoine y Mathieu, Louis Le Nain se consagró a las escenas de género, sobre todo a la descripción de la vida campesina. Tratados en tonos grises y muy poéticos, a menudo con una nota roja para avivar el conjunto, los campesinos están representados en toda su sencillez y su dignidad. La originalidad de la obra de los Le Nain, dentro del movimiento realista de la época de Luis XIII, reside en la luz propia de las escenas al aire libre. Museo del Louvre, París.

Campesinos en su casa, de Louis Le Nain (hacia 1593-1648). Como sus hermanos Antoine y Mathieu, Louis Le Nain se consagró a las escenas de género, sobre todo a la descripción de la vida campesina.
Tratados en tonos grises y muy poéticos, a menudo con una nota roja para avivar el conjunto, los campesinos están representados en toda su sencillez y su dignidad. La originalidad de la obra de los Le Nain, dentro del movimiento realista de la época de Luis XIII, reside en la luz propia de las escenas al aire libre. Museo del Louvre, París.

Las fiestas galantes del siglo XVIII

En esta época la pintura francesa experimenta profundas transforma­ciones. Una clientela particular reem­plaza a los mecenas oficiales y el arte pasa a ser más libre, aunque más livia­no. La pintura decorativa persiste, así como el retrato (Maurice Quentin de la Tour y madame Vigée-Lebrun), las «fiestas galantes» (Watteau) y los temas mitológicos e idílicos (Fran­cois Boucher y Jean H. Fragonard). Jean-Baptiste Chardin se especializa en las naturalezas muertas y en los cuadros de género. La pintura de Jean-Baptiste Greuze sirve al senti­mentalismo melodramático de la se­gunda mitad del siglo.

La pintura italiana del XVIII se lo­caliza en Venecia. Los vedutisti (o pintores de vistas), como Canaletto y Francesco Guardi, evocan el pinto­resquismo y la luz de la ciudad. La re­tratista Rosalba Carriera destaca en el pastel. El decorativismo renace con Giambattista Tiépolo, que, en pala­cios e iglesias, pinta frescos de pers­pectivas mágicas y aéreas.

Por la misma época, tras el neocla­sicismo de Bayeu y de Antonio Rafael Mengs, aparece en España otro colo­so de la pintura: el aragonés Francis­co de Goya”, artista genial, autor de una obra ingente, variadísima e inno­vadora; creador de modalidades e in­quietudes que abren nuevos horizon­tes a la pintura europea y que son el punto de partida de todo lo que llama­mos arte moderno.

En Gran Bretaña”, William Hogarth pinta escenas satíricas, y Joshua Rey­nolds, Thomas Gainsborough y Tho­mas Lawrence ejecutan graciosos re­tratos sobre fondos paisajísticos. Al iniciarse el siglo XIX, dos paisajistas, John Constable y William Turner, preludian el impresionismo.

Caballito azul, de Franz Marc (1880-1916)

Caballito azul, de Franz Marc (1880-1916). Kandinsky y Marc, entusiastas ambos del azul y de los caballos, crean en 1911 el grupo Der blaue Reiter (El jinete azul). Tratan de expresar «la vibración y el flujo de la sangre de la naturaleza en los árboles, en los animales, en el aire.

Del Romanticismo al impresionismo

En Francia a principios del si­glo XIX, y como reacción contra la te­mática de la época precedente, el arte es virtuoso y severo. Consagrado a los temas heroicos, imita las formas anti­guas y adopta el nombre de neoclasi­cismo, que es capitaneado por Louis David. Como contrapartida el roman­ticismo será un arte vivo, colorista, apasionado e individualista (Antoine Gros, Théodore Géricault, Eugéne Delacroix). lngres, pese a su tradi­ción clásica, es asimismo un román­tico.

En España, Vicente López y José Madrazo son los retratistas más próxi­mos al neoclasicismo, mientras que Leonardo Alenza y Eugenio Lucas si­guen la senda del costumbrismo. Entre los románticos figuran Esquivel, Fe­derico Madrazo y el paisajista Pérez Villaamil.

El realismo hace su aparición en Francia en la segunda mitad del siglo. Escoge temas de la vida cotidiana del pueblo (Honoré Daumier, Jean Fran­cois Millet, Gustave Courbet). Los paisajistas de la escuela de Barbizon (Théodore Rousseau, Charles Dau­bigny) son pintores de la naturale­za. Camille Corot merece un lugar aparte, dado que une la belleza clási­ca con la observación y el sentimien­to. La tradición de los realistas y de los paisajistas anuncia el impresionis­mo, cuyos más directos precursores son: Boudin, Jongkind, Manet (es­cuela de Honfleur), Guigou y Bazi­lle (escuela de Provenza).

Mural de la Universidad de Quito (Ecuador), pintado por Oswaldo Guayasamín

Mural de la Universidad de Quito (Ecuador), pintado por Oswaldo Guayasamín (nacido en 1919). Este pintor ecuatoriano exalta los temas indigenistas con técnicas próximas al expresionismo.

Entre los pintores españoles del si­glo XIX gozó de gran predicamento el «cuadro de historia» (Casado del Alisal; Rosales, Pradilla), pero al mismo tiempo florecieron otras ten­dencias y estilos, como el impresio­nismo (Carlos Haes, Aureliano de Be­ruete, Darío de Regoyos) y el arte detallista de Mariano Fortuny o el es­plendor luminoso de Joaquín Sorolla.

Dentro del impresionismo francés, determinados pintores se mantienen «independientes»: Edgard Degas y Henri de Toulouse-Lautrec, que plas­man los más diversos tipos. Van Gogh y Gauguin preparan el advenimiento de la pintura del siglo xx.

El simbolismo, representado por Puvis de Chavannes, Gustave Moreau y Odilon Redon, se opone al impresio­nismo al conceder una mayor impor­tancia a las creaciones del espíritu que a las sensaciones. Los nabis Pie­rre Bonnard, Edouard Vuillard y Fé­lix Vallotton mantienen la misma postura.

Boogie-Woogie, del holandés Piet Mandrian

Broadway
Boogie-Woogie, del holandés Piet Mandrian (1872-1944). Con estos cuadrados agrupados, el pintor abstracto trata de evocar el ritmo trepidante de la música de jazz. Col. parto

Los «contestatarios» del siglo XX

En los albores del siglo XX, las no­vedades se suceden sin cesar e incluso se superponen. En Francia, el cubis­mo (Picasso, Braque, Gris) sucede al fauvismo (Matisse), mientras que en Alemania surge el expresionismo (Emil Nolde), que se extiende a Bél­gica, Noruega y Francia. El futurismo (Carrá, Boccioni, Russolo, Severini) y la pintura metafísica (De Chirico) flo­recen en Italia. A partir de 1910 surge en Munich, y poco después en París, en Italia y en Rusia, la pintura abstrac­ta (Kandinsky, Picabia, Delaunay, Ma­levitch, Mondrian). El movimiento dadá (Duchamp, Arp, Picabia, Ernst, Chirico, Grosz) y el surrealismo  (Ernst, Dalí, Chirico, Masson, Tanguy, Magritte, Arp, Miró) nacen con los años veinte. Al mismo tiempo conti­núa sobreviviendo la pintura naive (o ingenuista) creada por el «aduanero» Rousseau. En México surge mientras tanto, una gran escuela de muralistas (Rivera, Alfaro Siqueiros, Orozco), cuyos temas son sociales.

Number 12,del norteamericano Jackso Pol/ock (1912-1956).

Number 12,del norteamericano Jackso Pol/ock (1912-1956).
La pintura abstracta puede expresar las emociones profundas d artista sin dejar de ser, por el/o, decorativa, Col. Part.

Tras la Segunda Guerra Mundial se asiste a una verdadera eclosión de artistas y de movimientos que, disper­sos por el mundo entero, tienden a un arte internacional, sea abstracto o fi­gurativo. La importancia de Estados Unidos como centro irradiador es algo nuevo y característico de la épo­ca: pintura gestual, pop art, op art, hiperrealismo, etc.

 El simbolismo

Pintor simbolista, Gustave Moreau (1826-1898) gusta de pintar mujeres misteriosas, relacionadas con extrañas leyendas antiguas: Helena, Galatea, Salomé. Mezcla en sus telas la pintura, el carbón y la tinta. Sus cuadros se reconocen por los colores sanguinolentos o por los extraños arabescos.

La agradable verdad, del pintor belga René Magritte (1898-1967).

La agradable verdad, del pintor belga René Magritte (1898-1967). En la pintura surrealista el sueño suele traducirse en una fusión de lo cotidiano y lo insólito.

Retroactiva I, del norteamericano Robert Rauschenberg

Retroactiva I, del norteamericano Robert Rauschenberg (nacido en 1925). El pop art, abreviatura de popular art (arte popular), es un movimiento que engloba a los jóvenes artistas que en los años sesenta intentaron renovar la pintura oponiéndose al arte abstracto. Su estilo se inspira en fotografías, en diseños yen anuncios publicitarios realizados con colores violentos y agresivos. Para estos pintores, el arte debe ser testimonio de la vida moderna. Col. Wadsworth Atheneum, Hartford (EE.UU.)

El hiperrealismo

Derivado del pop art, el hiperrealismo norteamericano intenta representar los objetos hasta en sus menores detalles, como en una fotografía. Temas muy variados (un rostro, un capó de automóvil, la esquina de una calle) dan lugar a ejercicios de virtuosismo, en los que la personalidad del artista desaparece tras la realidad de su modelo.