Sabías que Mesopotamia estaba entre el Tigris y el Éufrates

Mesopotamia, o el país «entre ríos» (el Éufrates y el Tigris), se extendía desde el Líbano actual hasta el golfo Pérsico y se dividía en dos regiones distintas: una ancha meseta y una llanura baja.

Encruci­jada de las grandes vías de comunicación entre Asia, Europa y Áfri­ca, fue durante milenios la cuna de una rica civilización que dominó el Próximo Oriente durante cerca de tres mil años, y luego poco antes del comienzo de la era cristiana, desapareció. El mundo ha heredado de ella un considerable legado, que abarca varios campos: el agrícola (riego), el técnico (trabajo de la arcilla y de la fundición), el cientí­fico (astronomía, medicina y matemática).

El código de Hammurabi. Los 282 artículos del código están grabados en caracteres cuneiformes. Museo del Louvre, París.El código de Hammurabi. Los 282 artículos del código están grabados en caracteres cuneiformes. Museo del Louvre, París.

Semitas y sumerios.

La historia de Mesopotamia se remonta a la mitad del IV milenio (3500 a. de J.C.). Estaba entonces habitada por dos pueblos: los semitas, pastores llegados de la meseta ará­biga, y los sumerios originarios de las estepas de Asia.

Estas poblaciones se constituyeron en principados independientes y riva­les. El monarca acadio Sargón fue el primero que consiguió dominar sobre un territorio que se extendía desde el golfo Pérsico hasta el Líbano (en 2300 a. de J.C.). Pero la existencia del Imperio acadio por él creado se­ría efímera: los semitas se apoderaron del poder, aunque conservaron la ci­vilización de los sumerios (cuya len­gua desapareció, excepto en el uso re­ligioso). Entre 1792 y 1750 antes de J.C., el dueño de Mesopotamia es el rey semita Hammurabi, que instala su capital en Babilonia. Mediante unas victoriosas guerras conquista el gran reino rival, Asiria, y fortalece sus fronteras. También es un gran admi­nistrador: unifica el país, codifica las costumbres (Código de Hammura­bi) y reforma la religión.

Pero los sucesores de Hammurabi, incapaces de conservar sus conquis­tas, sucumben ante la invasión de los casitas. Durante cuatro siglos, Meso­potamia vive en plena anarquía: lu­chas constantes enfrentan a asirios y babilonios.

Mapa de MesopotamiaMapa de Mesopotamia.

Arameos, persas y griegos.

Hacia el año 1000 a. de J.C., los ara­meos, pueblo seminómada llegado del oeste, se apoderan de Babilonia e im­ponen su lengua a todo el Próximo Oriente. Pero son derrocados por los asirios, quienes, entre los siglos lV y VII, establecen su capital en Nínive, centro de Mesopotamia. Pero luego también a ellos les resulta imposible resistir el asalto de los babilonios, aliados con los medos (persas). Na­bucodonosor II es el último gran rey de Babilonia: este valeroso guerrero logra conquistar Jerusalén y lleva su imperio hasta las fronteras de Egipto.

En 539 el persa Ciro se apodera del país sin encontrar resistencia, y pese a algunas sublevaciones, los medos si­guen siendo los amos hasta la llegada de Alejandro Magno.

El período helenístico (griego) es el origen de una nueva civilización, que participa a la vez de la mediterrá­nea y de la de Extremo Oriente. Está especialmente caracterizada por la sustitución del acadio y de la escritura cuneiforme (lengua y escritura sume­rias, respectivamente) por el ara­meo. Además, los sabios y los filóso­fos griegos se benefician de los cono­cimientos acumulados por los meso­potámicos en todos los campos.

Arte sumerio: jefe militar portando un hacha, grabado en nácar y fijado sobre un fondo de piedra negra. Museo del Louvre, París.Arte sumerio: jefe militar portando un hacha, grabado en nácar y fijado sobre un fondo de piedra negra. Museo del Louvre, París.

La cautividad de los judíos.

Nabucodonosor ll (605-652 a. de J.C.), rey de Babilonia conquistó Jerusalén tras un largo asedio. Destruyó la ciudad, y toda su población fue llevada cautiva a Mesopotamia. Éste  fue el principio de la diáspora (dispersión) de los hebreos.

La conquista árabe.

Tras haber ocupado Grecia, los ro­manos tropiezan en Mesopotamia con los persas (Sasánidas) y con los bizantinos. A principios de la era cris­tiana, estos últimos son quienes rei­nan en el país. Pero entonces sobre­viene la conquista árabe, que con­vierte a Mesopotamia en el «Iraq-al­-Arabi». Se crean nuevas dinastías ára­bes, que propagan su religión: el Islam, Una de estas dinastías, la de los Abasidas, funda una nueva capital: Bagdad (762).

Por aquel tiempo, su imperio es la más rica de las regiones musulmanas: la agricultura se desa­rrolla gracias a los sistemas de rega­dío y los pantanos son desecados para su aprovechamiento. En las grandes ciudades (Basara, Mosul) se produ­cen tapices, sedas, cerámicas, papel, etc. Bagdad se convierte en centro del comercio con Extremo Oriente. Y los sabios gracias a sus trabajos cientí­ficos, sobre todo en el campo de las matemáticas, convierten a Bagdad en una brillante y famosa metrópoli inte­lectual.

El estandarte de Ur, descubierto en el cementerio real, data del lll milenio. Representa, una comida con acompañamiento de música, y abajo, pastores con sus rebaños y pescadores. British Museum, Londres.El estandarte de Ur, descubierto en el cementerio real, data del lll milenio. Representa, una comida con acompañamiento de música, y abajo, pastores con sus rebaños y pescadores. British Museum, Londres.

Una civilización milenaria.

La civilización mesopotámica ad­quiere un mayor auge y se desarrolla durante el período que va desde el lll milenio a. de J.C. hasta el VIl des­pués de J.C. Tiene como núcleos, de una parte, a Babilonia (Caldea), cons­tituida por los países de Sumer y de Acad, instalados en la Baja Mesopo­tamia, y de otra parte al reino de Asiria, en la Alta Mesopotamia. Este último llega a su apogeo en el l mile­nio antes de la era cristiana. Los me­sopotámicos conocieron y trabajaron muy pronto el cobre (fabricación de armas y de útiles). Sus talleres tam­bién producían cerámica, y en las obras arquitectónicas, usaban el ladri­llo de arcilla cruda o cocida.

El arte sumerio es fundamental­mente religioso: son numerosos los objetos (en particular, estatuas) rea­lizados con metal, con tierra o con piedra, que están dedicados a los dio­ses. El período de dominación semita se caracteriza por sus suntuosos pala­cios. Y Hammurabi hizo escribir las leyes en una estela de piedra, donde aparece él mismo frente a Shamash, el dios Sol.

Los templos y los palacios asirios están decorados con pinturas murales y con bajorrelieves (toros alados, re­yes cazando leones), testimonios de un notable sentido artístico.

La civilización mesopotámica con­tinuó siendo original durante largo tiempo, a pesar de las invasiones. Sin embargo, experimentará luego la fortísima influencia de los griegos (tras la conquista de Alejandro Mag­no).

Estatua de alabastro: Ebih-il, intendente de Mari, una de las ciudades más fastuosas de Mesopotamia. Vestido con una piel de cordero (el kaunakés) y con las manos cruzadas sobre el pecho, el intendente reza. Su rostro sonriente se ilumina con sus grandes ojos azules, hechos de lapislázuli. Museo del Louvre, París.Estatua de alabastro: Ebih-il, intendente de Mari, una de las ciudades más fastuosas de Mesopotamia. Vestido con una piel de cordero (el kaunakés) y con las manos cruzadas sobre el pecho, el intendente reza. Su rostro sonriente se ilumina con sus grandes ojos azules, hechos de lapislázuli. Museo del Louvre, París.

Una sociedad injusta.

La sociedad mesopotámica descan­sa en gran medida sobre el trabajo de los esclavos. Éstos, además de su tra­bajo en los campos, proporcionan la mano de obra para las grandiosas construcciones con las que cada rey jalona su reinado: templos, amplias redes de diques y de canales de riego, etcétera.

Los mushkenu (palabra que ha dado origen a la voz «mezquino»), u hombres del pueblo bajo, viven en condiciones muy próximas a las de los esclavos. Habitan en casas mi­serables de adobe o de cañas, su ali­mento es muy frugal (cebollas crudas, pan y pepino), y su trabajo diario, duro y agotador.

Los hombres libres, cuya vida es más cómoda, forman la tercera clase de la sociedad, de la cual salen los mercaderes ricos, los jefes militares y los sacerdotes. El rey se sitúa en la cima de esta pirámide social. Su pri­mera obligación es la de cumplir la vo­luntad de sus numerosos y poderosos dioses. También ha de establecer las leyes. Además, atiende a los menores detalles de la marcha de su reino. Fi­nalmente, es el protector de los filóso­fos, de los artistas y de los científi­cos: fueron varios los soberanos que contribuyeron al desarrollo de los co­nocimientos en Mesopotamia. Toda la Antigüedad se beneficiará de esta cultura.

El carro del rey Asurbanipal. Este gran rey de Mesopotamia vivía en un vastísimo palacio de ladrillo con terrazas superpuestas. Como todos sus súbditos (salvo los esclavos), llevaba barba cuadrada y largos cabellos rizados. Rodeado de sus guardas (los guradu, o valientes), de músicos, de danzantes y de escribas, recibía en audiencia con un león domado a los pies. El carro del rey Asurbanipal. Este gran rey de Mesopotamia vivía en un vastísimo palacio de ladrillo con terrazas superpuestas. Como todos sus súbditos (salvo los esclavos), llevaba barba cuadrada y largos cabellos rizados. Rodeado de sus guardas (los guradu, o valientes), de músicos, de danzantes y de escribas, recibía en audiencia con un león domado a los pies. Nadie tenía el derecho de hablar, bajo pena de muerte, si el gran rey no le había interrogado. Relieve del palacio del rey, en Nínive. Museo del Louvre, París.

Comerciantes modernos.

El comercio fue muy próspero en Mesopotamia. La madera (pino, abeto, encina) comprada en Armenia era transportada río abajo hasta Babilonia. Los troncos de los árboles, atados unos a otros, formaban unas balsas sobre las cuales se cargaban las mercancías. Flotaban gracias a odres hinchados que se fijaban bajo loe maderos. Todas las compras se pagaban en grano (cebada), pero, además, existían «cheques» de arcilla, que podían ser ingresados en las cajas de los grandes negociantes de las ciudades.

El país de la arcilla.

Como habitantes de un país que cada año se inunda, y en el cual escasean la madera y la piedra, los mesopotámicos desarrollaron la utilización del barro.

Altas torres de siete pisos, los zigurats, fueron construidas con millones de ladrillos. Todos los documentos (cartas, contratos comerciales, poemas) se escribían en tablillas de arcilla fresca, que luego se cocía para conservarla mejor. En sus ritos mágicos, los sacerdotes utilizaban hígados de animales modelados en arcilla.

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