Cepillos mecánicos

Los cepillos mecánicos dotados de motor propio integral, o con acoplamiento de una máquina universal reducen al mínimo esfuerzo el penoso trabajo del cepillado manual.

 Desde luego, si se tiene que cepillar un canto de una tabla o tablero para igualar­la y corregir los posibles defectos de planitud que existan, el empleo de un cepillo mecánico resulta mucho más cómodo de manejar que el cepillo manual. Ahora bien, este buen uso no se lo­gra de buenas a primeras y hay que haber hecho un po­co de práctica antes de sa­car amplio partido del ins­trumento.

Dos tipos diferentes de cepillos mecánicos: el de la izquierda es una herramienta integral con motor incorporado. El de la derecha es un accesorio acoplado a una máquina universal.Dos tipos diferentes de cepillos mecánicos: la imagen de la izquierda es una herramienta integral con motor incorporado, la imagen de la derecha es un accesorio acoplado a una máquina universal.

Los cepillos mecánicos son pesados, lo cual, si bien representa cierto inconve­niente en su manejo prelimi­nar (trasladarlo de un sitio a otro, levantarlo para aplicarlo sobre el material, por ejemplo), resulta una venta­ja cuando se trabaja con él, ya que dicho peso hace que se asiente por sí mismo y sólo se tenga que retener en posición y hacerlo avanzar suavemente cuando se ma­nipula a mano alzada, es de­cir, con la herramienta con­tra el material. Asimismo aquel inconveniente desapa­rece prácticamente cuando se ha estacado adecuada­mente en un banco de tra­bajo por medio de sus acce­sorios.

Al labrar mecánicamente piezas pequeñas es conveniente recurrir a útiles que reemplacen al apoyo directo de las manos en aquellos puntos donde se podría producir una peligrosa aproximación a las cuchillas.Al labrar mecánicamente piezas pequeñas es conveniente recurrir a útiles que reemplacen al apoyo directo de las manos en aquellos puntos donde se podría producir una peligrosa aproximación a las cuchillas.

Otra característica esen­cial del cepillo mecánico es su anchura de planeado, la cual suele variar de 4,5 a 6 cm en los cepillos que se utilizan en los programas habituales de bricolaje.

Por tanto, será esta an­chura la que determinará la máxima amplitud de la pieza que se va a trabajar. La ac­ción, pues, del planeado con cepillo mecánico queda prácticamente limitada al planeado de cantos de tablas o de postes cuyo lado esté dentro de las medidas del instrumento.

Es muy difícil y requiere mucha habilidad realizar un planeado sobre una su­perficie cuya anchura sea superior a la del ancho del cepillo. En todo caso cada pasada deberá actuar de modo que la siguiente cabal­gue sobre la anterior y no querer desbastar rápida­mente, sino arrancando cada vez poco espesor del mate­rial.

El manejo a mano alzada exige mucho más dominio de la herramienta, ya que tiene que vencerse la fatiga ocasionada por la retención de fa herramienta y estar muy seguro del sentido que se de­be dar a la herramienta, tanto en horizontalidad como en el avance, que será siempre realizado de manera regular, lo mismo en dirección que en presión contra el material. Es muy típico el defecto de que suele rebajarse más a la parte anterior que se labra que la posterior, en la que la posi­ción más obligada del cuer­po hacia delante da lugar a un menor dominio de la he­rramienta.

En cambio, si se trabaja el material con la herramienta estacada y convenientemen­te nivelada se tiene una me­jor guía de la posición y di­rección en que debe dirigirse la tabla o madero por encima de la zapata del cepillo.

Con la mayoría de cepillos mecánicos se consiguen asi­mismo los galces mediante varias pasadas en una parte del canto de un madero.

Ciertos cepillos permiten sólo dos clases de rebajos: de 0,5 mm y de 1 mm en ca­da pasada, los cuales se lo­gran con la incorporación de una platina de 0,5 mm en la mitad anterior de la zapata del instrumento. Según como esta platina esté colocada se consiguen los rebajos ante­riormente citados. En cam­bio, en otros modelos se pue­den lograr profundidades de planeado mucho más impor­tantes (hasta de 6 mm e inclu­so más) graduando simple­mente una manija situada en la parte delantera del instrumento, la cual, al propio tiempo, sirve asimismo de empuñadura para dirigir y asentar la herramienta.

Hay que estar muy seguro de su manejo en rebajos gruesos, ya que durante su labrado hay que vencer una importante resistencia del material y evitar que se pro­duzcan resaltos en la super­ficie. Quien se inicie en estos trabajos hará bien en proce­der mediante sucesivas pa­sadas, con arranque de poco espesor, que intentar un rá­pido desbaste con un ataque profundo. Por otra parte, pa­ra utilizar el cepillo con mu­cho arranque de material es indispensable y necesario que la herramienta dispon­ga de un motor muy potente y esté animado por un giro de altas revoluciones (de 10.000 a 12.000 revoluciones por mi­nuto).

Los cepillos suelen dispo­ner de una guía donde apo­yar lateralmente la tabla o tablero durante el labrado, guía que permite corregir in­clinaciones de planitud que presenten los cantos, y evitar asimismo que por una falsa posición del madero, se pro­voquen dichas inclinaciones. Gracias a esta guía se reali­zarán también los labrados de galce en el canto de un madero, tal como antes se dijo.

Recordemos que la pieza que se labra debe dirigirse siempre en dirección contraria al sentido de giro de la herramienta. La pieza ha de apoyarse firmemente contra la platina anterior, es decir, la que se halla desfasada en al­tura respecto a la que está situada después del tambor con sus cuchillas. La diferen­cia de altura entre una y otra platinas corresponde al gro­sor de desbastado. Por este motivo es muy importante asentar bien el madero en esta primera parte, de modo que, una vez rebajado en su parte inicial, se asiente a su vez sobre la siguiente plati­na, con lo que se logrará una planitud perfecta. En cambio, si el madero se presenta algo inclinado frente a las cuchi­llas puede provocarse una mella curvada en el inicio del tablero, inconveniente que dificultará también la regula­ridad del planeado del resto que se cepilla.

Las cuchillas del tambor gi­ratorio se pueden sacar fácil­mente aflojando los tornillos que las retienen, con lo que se podrán reafilar las cuchi­llas o remplazarlas. No es menester señalar que el tra­bajo será tanto más perfecto cuanto más afiladas estén las cuchillas. Una cuchilla algo embotada provocará reba­bas, particularmente si la pie­za se trabaja a repelo, es decir, contra la dirección de las vetas, por lo que debe procu­rarse trabajar siempre a fa­vor de la dirección de éstas. Otro detalle importante es el cepillado de testas, que con la máquina se realiza perfec­tamente, obteniéndose una lisura casi perfecta. Para evi­tar astillados al final conven­drá colocar un madero del mismo grosor que el que se labra, firmemente apretado contra el canto.

Hay que recordar que el manejo del cepillo mecánico requiere una serie de precau­ciones para evitar accidentes muy peligrosos. Las piezas deben ser mantenidas con firmeza y las manos que las sostienen se hallarán siem­pre posicionadas, de modo que estén a suficiente distan­cia de la herramienta en giro. Al labrar piezas de reducido grosor es conveniente utili­zar un pequeño útil auxiliar para impulsar el madero e incluso para mantenerlo pla­no contra las platinas. Es evi­dente que algunos de estos útiles tendrán que improvi­sarse sobre el terreno y en función del trabajo que se va a realizar. Debe contarse para ello con el ingenio del bricolador, en estos casos puesto a contribución de la seguridad personal.

Convenientemente afirmada la pieza que se va a labrar, el cepillo se hace descansar sobre el canto, de modo que sólo una parte de su platina anterior caiga sobre aquél. Con una mano sobre la empuñadura delantera, y ejerciendo con ella una ligera pre­sión, la herramienta se hace avanzar dirigiéndola con la otra mano, que agarra el instrumento por la empuñadura trasera.

Convenientemente afirmada la pieza que se va a labrar, el cepillo se hace descansar sobre el canto, de modo que sólo una parte de su platina anterior caiga sobre aquél. Con una mano sobre la empuñadura delantera, y ejerciendo con ella una ligera pre­sión, la herramienta se hace avanzar dirigiéndola con la otra mano, que agarra el instrumento por la empuñadura trasera.
Cuando se trabaja con la herramienta estacada (en vez de obrar a mano alzada, como en la ilustración anterior), se retendrá la pieza que se labra de forma análoga al caso anterior: una mano retendrá el madero por la parte delantera, apretándolo contra la platina, en tanto que la otra mano será la encargada de hacer avanzar dicha pieza ejerciendo una ligera presión hacia abajo.Cuando se trabaja con la herramienta estacada (en vez de obrar a mano alzada como en la ilustración anterior), se retendrá la pieza que se labra de forma análoga al caso anterior: una mano retendrá el madero por la parte delantera, apretándolo contra la platina, en tanto que la otra mano será la encargada de hacer avanzar dicha pieza ejerciendo una ligera presión hacia abajo.
EEn algunas máquinas, la profundidad de rebajo se logra sencillamente colocando una platina superpuesta de 0,5 mm de grosor. Si la mencionada platina fuese de quita y pon, el rebajo que resultará será de 0,5 mm, y en el caso de sacarla, el rebajo que se obtenga será de 1 mm.n algunas máquinas, la profundidad de rebajo se logra sencillamente colocando una platina superpuesta de 0,5 mm de grosor. Si la mencionada platina fuese de quita y pon, el rebajo que resultará será de 0,5 mm, y en el caso de sacarla, el rebajo que se obtenga será de 1 mm.
En otras máquinas es mucho mayor la profundidad de rebajo, el cual se gradúa ha­ciendo girar la empuñadura situada en la parte delantera del instrumento.En otras máquinas es mucho mayor la profundidad de rebajo, el cual se gradúa ha­ciendo girar la empuñadura situada en la parte delantera del instrumento.
Es muy importante saber apoyar inicialmente el madero o tabla en la platina anterior (es decir, la que se halla más abajo que la posterior y cuya diferencia de altura corres­ponde al regrueso que se hace en la pieza). El madero que se está empleando debe apoyarse de tal manera que el canto del mismo descanse perfectamente plano con­tra la platina.Es muy importante saber apoyar inicialmente el madero o tabla en la platina anterior (es decir, la que se halla más abajo que la posterior y cuya diferencia de altura corres­ponde al regrueso que se hace en la pieza). El madero que se está empleando debe apoyarse de tal manera que el canto del mismo descanse perfectamente plano con­tra la platina.
Si el madero que se va a cepillar (sobre estas líneas) entra algo inclinado, se produci­rán daños en el inicio del planeado. Abajo, a la izquierda, muesca redondeada produ­cida por una defectuosa posición inicial de la pieza que se labra, lo que obligará a co­rrecciones tan importantes que pueden perjudicar sensiblemente las estrictas dimen­siones que debe tener la pieza.Si el madero que se va a cepillar entra algo inclinado, se produci­rán daños en el inicio del planeado.
Muesca redondeada produ­cida por una defectuosa posición inicial de la pieza que se labra, lo que obligará a co­rrecciones tan importantes que pueden perjudicar sensiblemente las estrictas dimen­siones que debe tener la pieza.Muesca redondeada produ­cida por una defectuosa posición inicial de la pieza que se labra, lo que obligará a co­rrecciones tan importantes que pueden perjudicar sensiblemente las estrictas dimen­siones que debe tener la pieza.
Realización de un galce a lo largo de un madero. Para ello se ha colocado a la anchura conveniente la guía lateral de que está provisto el cepillo mecánico y se desliza la pieza por el canto del mismo instrumento. La profundidad del galce se corresponde con la cantidad de pasadas que se den al madero.Realización de un galce a lo largo de un madero. Para ello se ha colocado a la anchura conveniente la guía lateral de que está provisto el cepillo mecánico y se desliza la pieza por el canto del mismo instrumento. La profundidad del galce se corresponde con la cantidad de pasadas que se den al madero.
Después de haber llevado a cabo cada utilización, el cepillo se dejará descansando sobre un lado, de tal manera que sea imposi­ble producir perjuicios o muescas en las cuchillas, cosa que sería muy fácil de que pudiera ocurrir si el instrumento descansase sobre las platinas.Después de haber llevado a cabo cada utilización, el cepillo se dejará descansando sobre un lado, de tal manera que sea imposi­ble producir perjuicios o muescas en las cuchillas, cosa que sería muy fácil de que pudiera ocurrir si el instrumento descansase sobre las platinas.
Cuando se vaya a realizar el cepillado de testes es necesario siempre proceder al apretado de otra pieza que tenga el mismo grosor contra el canto posterior del madero que se está labrando, para evitar que se produzcan astillados.Cuando se vaya a realizar el cepillado de testas, es necesario siempre proceder al apretado de otra pieza que tenga el mismo grosor contra el canto posterior del madero que se está labrando, para evitar que se produzcan astillados.

Sugerencia.

No olvidar nunca el buen afilado de las cuchillas con el fin de obtener una correcta regularidad de la superficie cepillada.

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