Chapa de cobre decorada

Chapa de cobre decorada con lamparilla de soldar.

¿Qué tal les parece esta pintura que se reproduce aquí al lado? Si se desea conseguir algo análogo en calidad, basta empuñar una lamparilla de soldar y utilizarla a manera de pincel para obtener contornos y perfiles, con distinta intensidad, sobre una simple lámina de cobre.

El lienzo para efectuar esta pintura creada mediante una lamparilla de soldar no es más que chapa de cobre de 0,1 milímetros de espesor, que puede adquirirse en piezas con la longitud que se desee procedentes de rollos de una anchura de 60 centímetros.1

El lienzo para efectuar esta pintura creada mediante una lamparilla de soldar no es más que chapa de cobre de 0,1 milímetros de espesor, que puede adquirirse en piezas con la longitud que se desee procedentes de rollos de una anchura de 60 centímetros.

El procedimiento surgió de manera casual al comprobar los resultados frustrados de otro motivo que se perseguía por entonces: el recalenta­miento uniforme de una cha­pa de cobre.

La dificultad de repartir homogéneamente el calor produjo manchas de distinta intensidad, que al ser reconsideradas originaron la técnica decorativa que aquí se expone.

De forma similar a la dicha ocurrió también con la pintu­ra arrugada y la pintura «martelé », en que unos fallos proporcio­naron una nueva forma de recubrir un material con pin­tura que no fuera lisa ni bri­llante.

En este caso, el fondo so­bre el que se trabaja es ni más ni menos que chapa de cobre de 0,1mm de gro­sor, que está a la venta en rollos de diferentes anchuras (normalmente, 60 cm). El material es muy estable y susceptible de recibir repul­sado, rayados, etc., que avi­ven y enriquezcan la nueva «obra de arte».

Gracias a esta técnica se logran efectos decorativos interesantes que permiten unos logros nada corrientes.

Este es el material que se necesita: una lamparilla de soldar con su correspon­diente carga de gas, un trozo de chapa de cobre y una placa de fibroce­mento utilizada como base de trabajo.2

Este es el material que se necesita: una lamparilla de soldar con su correspon­diente carga de gas, un trozo de chapa de cobre y una placa de fibroce­mento utilizada como base de trabajo.

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La placa de fibrocemento o de amianto se recubre con una hoja de papel de plata en la que se re­corta un pedazo cuadra­do ligeramente inferior al trozo de chapa de co­bre que se va a «pintar».

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Manteniendo la llama de la lamparilla de soldar a unos 3 a 5 cm sobre la super­ficie de la chapa de co­bre se logra entonces co­lorear la chapa según la intensi­dad de recalentamiento que se le aplique.

Mediante arrugados, dobleces, rayados, impresiones de diferentes texturas en relieve, ennegrecidos con hollín o negro de humo, se logran realizaciones que luego se ofrecerán como «passe-partout».5

Mediante arrugados, dobleces, rayados, impresiones de diferentes texturas en relieve, ennegrecidos con hollín o negro de humo, se logran realizaciones que luego se ofrecerán como «passe-partout».

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