Cuál es su salud mental

Manténgase en buena forma mental.

Casi todas las perso­nas, aunque estén en bastante buenas condiciones gran parte del tiempo, atraviesan de vez en vez períodos de mucha tensión. Los disgustos, dificultades financieras, mala salud y preocupaciones forman parte del tejido de la vida, pero, si coinciden varios factores de tensión, puede resentirse la salud mental.

Aunque no causa literalmente enfermedades mentales (ni físicas), el estrés llega a ser importante al hacerle más propenso a contraer ciertas dolencias. ¿Está sometido a excesivo estrés? Como no puede evitarlo, hará bien en leer este artículo, que le aconsejan sobre qué actitud debe adop­tar con el fin de proteger su salud mental (y física).

Algunas personas, incapaces de superar situaciones de extrema tensión, desembocan en la enfermedad mental. Para soportar las tensiones de los períodos difíciles, todo el mundo necesita situarse en un marco mental saludable, además de poseer un cuerpo sano. ¿Está usted en sufi­ciente buena forma para que no le desborden las tensio­nes emocionales inesperadas?

El cuestionario ¿cuál es su salud mental?, le ayuda­rá a evaluar su grado actual de bienestar y elasticidad mentales.

Conteste SÍ o NO a las preguntas siguientes.

¿Duerme mal? ¿Suele sentirse cansado y falto de energía?  ¿Tiene dificultad en concentrarse en algo, aun cuando desee interesante hacerlo?
Sí          No Sí          No Sí          No
¿Le disgusta tanto su trabajo que sospecha que no le hace tan bien como debiera? ¿Le interesan poco o nada las actividades que no sean su trabajo? ¿Trata en general de evitar conocer personas por el esfuerzo de tener que pensar algo que decirles?
Sí          No Sí          No Sí          No
¿Le cuesta llevarse bien con la gente? ¿Le irritan o enfadan las contrariedades triviales, aunque sepa que lo son? ¿Se siente despegado de los demás, incluso de sus familiares más inmediatos?
Sí          No Sí          No Sí          No
10 ¿Concibe la vida como la subida de una cuesta interminable? 11 ¿Tiende a despreocuparse de su apariencia personal? 12 ¿Tiene frecuentes dolores de cabeza?
Sí          No Sí          No Sí          No
13 Cuando piensa en el futuro, ¿se deprime mucho?
Sí          No

Evaluación.

Si ha contestado Sí a 2 preguntas, no tiene porque preocuparse de su aptitud mental.

Si responde afirmativamente a 3 o más, estudie los siguientes artículos y quizá acepte alguno de sus consejos.

Eso es muy importante cuando los acontecimientos externos le imponen un periodo de estrés. Para apreciar el impacto probable de los acontecimientos actuales sobre sus reservas mentales,

Maneras de aliviar la tensión.

Algunas personas logran permanecer des­preocupadas y relajadas a pesar de la tensión y las presiones que soportan. Para otras, un problema insignificante se convierte en desas­tre, en fuente de preocupación o irritación continua. Si figura usted en este último grupo, procure recordar que las emociones fuertes le afectan físicamente, pues liberan adrenalina en la sangre. La adrenalina acelera la respira­ción y el ritmo del latido cardíaco, perjudica el estómago, tensa los músculos y eleva la pre­sión sanguínea. Si se repiten de modo conti­nuo, estas reacciones orgánicas se vuelven cada vez más dañinas, sobre todo en personas aquejadas de una dolencia cardíaca, pero tam­bién en las que gozan de buena salud. Los procedimientos recomendados más abajo le ayudarán a disipar las tensiones que haya acumulado.

Ejercicios de relajación muscular.

En la mayor parte de las clases de yoga se enseña, entre otras cosas, la relajación muscu­lar. No obstante, si no puede asistir a tales clases, practique a solas los siguientes ejerci­cios sencillos, que sin duda le ayudarán a serenarse.

No olvide hacerlos con regularidad, y no sola­mente cuando piense que se relaja o estalla. La capacidad de relajación adquirida poco a poco le será muy útil cuando sobrevengan los problemas.

1 Quítese las prendas de vestir que le opriman. Túmbese en el suelo boca arriba con los ojos cerra­dos, en una habitación cá­lida o cubierto con una manta ligera.1
Quítese las prendas de vestir que le opriman.
Túmbese en el suelo boca arriba con los ojos cerra­dos, en una habitación cá­lida o cubierto con una manta ligera.

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2 Contraiga los mús­culos de la cara y relá­jelos. Trate de sentir que la piel se desliza hacia el pavimento.2
Contraiga los mús­culos de la cara y relá­jelos.
Trate de sentir que la piel se desliza hacia el pavimento.

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3 Levante la cabeza y déjela caer suavemen­te hacia atrás. Manten­ga la mandíbula y el cuello relajados de modo que pueda perci­bir la apertura de la gar­ganta.3
Levante la cabeza y déjela caer suavemen­te hacia atrás.
Manten­ga la mandíbula y el cuello relajados de modo que pueda perci­bir la apertura de la gar­ganta.

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4 Apriete los hombros contra el suelo. Reláje­los.4
Apriete los hombros contra el suelo. Reláje­los.

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5 Alargue los brazos y los dedos a los lados. Manténgalos tensos durante un momento y aflójelos por completo5
Alargue los brazos y los dedos a los lados.
Manténgalos tensos durante un momento y aflójelos por completo

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6 Levante las caderas y déjelas caer, mientras nota que se extiende su columna vertebral. Relájese al hacerlo.6
Levante las caderas y déjelas caer, mientras nota que se extiende su columna vertebral.
Relájese al hacerlo.

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7 Manteniendo los talo­nes juntos, estire las pier­nas y los dedos de los pies. Luego relájelos com­pletamente.7
Manteniendo los talo­nes juntos, estire las pier­nas y los dedos de los pies.
Luego relájelos com­pletamente.

Repita estos ejercicios, uno después de otro, du­rante 8 o 10 minutos. A continuación permanez­ca tumbado, totalmente inerte, durante unos po­cos minutos más, mientras procura sentir que todo su cuerpo se hun­de en el suelo. Descanse sobre un costado de 2 a 3 minutos antes de po­nerse en pie. Repita es­tos ejercicios cada día.

Ejercicios de respiración.

La respiración profunda resulta útil en todos los momentos; emplearla en vez de inspiracio­nes cortas es una de las más eficaces armas contra la tensión. Para adquirir el hábito, sién­tese o túmbese en posición cómoda, y respire honda y lentamente, midiendo las inspiracio­nes de modo que llegue a efectuar la mitad de las usuales en el plazo de un minuto. Conti­núe esta actividad rítmica durante cinco (de­téngase si siente mareo). Haga el ejercicio dos veces al día, y cuando en algún momento note que sube la tensión, disminuya el ritmo de su respiración hasta imprimirle el del ejercicio durante unos cuantos minutos. El resultado perceptible, inevitable y casi inmediato será el alivio mental. Obtendrá el máximo beneficio de la respiración profunda si al mismo tiempo relaja los hombros.

Meditación.

Existen muchas técnicas de meditación, pero todas persiguen el mismo objetivo: lograr la serenidad vaciando la mente de los pensa­mientos y preocupaciones que la agitan.

Hay organizaciones que enseñan métodos de meditación, pero usted no necesita inscri­birse en un curso o unirse a un grupo. La mayor parte de las personas pueden adquirir el hábito de la meditación por sí mismas. Si quiere aprender a meditar, pruebe el método siguiente:

  1. Con los ojos cerrados y la espalda erecta, siéntese en una silla de respaldo recto, pero cómoda, en una habitación tranquila.
  2. Elija una palabra o frase que no tenga resonancias emocionales para usted (por ejem­plo, «roble» o «traer»). Sin mover los labios, repítala en silencio, concediéndole plena aten­ción como tal palabra y no a su significado. Si penetra en su mente un pensamiento o ima­gen, no trate de impedirlo, pero tampoco se abandone a él; antes bien, fije su atención en el sonido no pronunciado del vocablo elegido.
  3. Practique de modo constante cinco minu­tos dos veces al día durante una semana, o hasta que haya conseguido vaciar la mente de todo pensamiento durante un período largo. Entonces aumente despacio el tiempo de me­ditación hasta que cada sesión sea de 20 mi­nutos.

Algunas personas encuentran más fácil fijar la atención en algo visual -por ejemplo, el dibujo de una pared o una vela- que en una palabra. Lo importante consiste en eliminar el pensamiento (e incidentalmente, la preocupa­ción) por medio de una concentración no emotiva.

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