Cuenco de madera maciza como se hace

Cuenco de madera maciza.

Se trata de una pieza que además de su agradable realización vendrá complementar cualquier tablero de un aparador o de una estantería, prestando un valioso efecto decorativo. Lo más importante es saber elegir una madera que reúna dos condiciones: que se preste a ser trabajada fácilmente y que tenga unas aguas y un color vistoso.

Cuenco de madera macizaLas maderas más adecuadas para esta tarea son el olmo, haya, plátano, cerezo y nogal, dentro de las más comunes de entre las europeas, y la teca, la caoba o el palisandro entre las exóticas.

Evidentemente, todas ellas son maderas que se prestan a trabajarlas con herramientas manuales, pues casi toda la realización de esta pieza se lleva a cabo de tal modo, ya que precisamente las eventuales irregularidades que puedan producirse contribuirán a su mayor atractivo.

Lo mejor para obtener el trozo de madera que se precisa es dirigirse a un ebanista, que indudablemente dispondrá de alguna de las clases citadas en su almacén o podrá cortarla de un tablón o fragmento que posea. En cambio, un trozo como el que se necesita no será detallado por un almacenista de maderas, cuyo negocio estriba en vender tablones y tablas enteras. Puede ser que también que para hallar esta madera en alguna sección de maderas de un establecimiento de bricolaje, pero tampoco esto será muy fácil, ya que las tiendas de esta clase suelen comerciar principalmente con tablero e incluso con tablas de poco espesor.

El trozo de madera que se requiere para realizar la pieza que se ilustra y describe en este artículo es un cuadrado de 150 a 200 mm de lado y de un espesor de 50 a 75 mm. Eventualmente puede interesar fijar la pieza sobre un tablero que sirva de base de trabajo en las diferentes manipulaciones a las que se someterá el trozo de madera, evitándose así dañar la superficie del banco de trabajo. Este tablero conviene que tenga una superficie grande (unos 300 x 300 mm) y que sea asimismo algo grueso (19 mm).

Evidentemente este cuenco podría realizarse también a base de torneado. Pero sin menospreciar los trabajos de torno, la calidad resultante del objeto es muy diferente cuando se a conseguido a mano, con las imperfecciones que pueda tener y que le confieren su principal característica y atractivo. 

Lo primero que hay que realizar es un dibujo de sección del cuenco. Disponiendo ya de la pieza de madera, será más cómodo  ya que así se realizará un croquis que corresponda a las mismas posibilidades del trozo. Conviene que la pieza madera esté perfectamente planeada y regruesada por ambas caras. El mismo ebanista que nos venda el trozo podrá  hacer este trabajo esencial de manera mucho más fácil y con mayores posibilidades de regularidad que las que conseguimos nosotros con un cepillo u otras herramientas manuales.

El grosor resultante de este planeado es el que se toma ­como base para el trazado del contorno del cuenco. Pero antes se trazarán dos círculos concéntricos en una de las caras. La separación entre ambos corresponderá al grosor que haya de tener el cuenco. Determinado este grosor, y en función del diámetro exterior e interior se ­realizará la sección de cómo debe ser el objeto. Gracias a este dibujo en sección se podrán obtener dos plantillas que servirán para ir comprobando luego el gálibo de la pieza a medida que se labra. Consultar la foto 1 y 2 para ilustración de todo ello.

Conviene proporcionar cierto grosor al cuenco, ya que siempre será posible rebajar un poco más para igualar posibles errores o haber rebajado más de un lado que de otro. En todo caso, siempre se estará a tiempo de reducir este grosor si se considera excesivo. Esto no sería posible llevarlo a cabo si desde el principio hubiéramos trazado unas paredes muy delgadas.

La operación siguiente es procurar dar la forma curva exterior de acuerdo con el contorno trazado. Se realizarán los primeros desbastes triangulares con el serrucho, reteniendo la pieza en las mordazas de un tornillo de banco, pero con la precaución, si el tornillo de que se dispone tiene mordazas metálicas, de intercalar unos trozos de madera para evitar daños en el objeto que luego se tendrían que corregir.

Realizando sucesivos cortes con el serrucho se logrará un perfil poligonal cuyos lados (cuantos más tenga, mejor) serán tangentes al círculo exterior del cuenco. Logrado este rebajado periférico, se procederá al desbaste tosco del interior de aquél.

Al objeto de poder trabajar con mayor comodidad y poder retener la pieza con toda seguridad durante los trabajos siguientes  se fija el trozo de madera sobre un tablero auxiliar o base de trabajo mediante dos o tres tirafondos que retengan sólidamente la pieza.

La manera más rápida de lograr aquel desbaste es realizar primeramente una serie de perforaciones con una broca. Para ello se la proveerá de un tope de avance al objeto de impedir una profundización más allá de la prevista en el dibujo de sección  Asimismo se efectuarán los agujeros correspondientes al centro y en toda la superficie que corresponda a la base interior del cuenco. Es preferible dejar el contorno de las paredes interiores al rebajado con la gubia, que será más seguido.

Fijando el tablero de base con dos cárceles sobre la mesa de trabajo, se procede al desbaste del interior del cuenco con la ayuda de una gubia. Primeramente se eliminan los restos que hayan quedado de los taladrados y, trabajando desde el centro hacia la periferia, se va progresando en el vaciado sin pretender llegar a los bordes. Ahora se trata solamente de conseguir un vaciado tosco, pero dejando aún bastante margen de madera para la operación posterior.

Antes se procederá a conformar el contorno exterior. Para ello se libera la pieza de su base y, deteniéndola en las mordazas de un tornillo (es imprescindible proteger la pieza con tacos suplementarios de madera , se va rebajando con ayuda de una escofina, surform o lima basta. Tan pronto como se haya conseguido un desbaste aproximado, conviene ir comprobando con la plantilla para el exterior que anteriormente se ha preparado. Como es natural  la presión de la raspa será cada vez menos profunda a medida que nos vayamos acercando al contorno final determinado por la plantilla. Normalmente es aconsejable cambiar la raspa de granulación basta por otra más fina.

Conseguido el perfil exterior, se procede al vaciado definitivo del interior. Para ello se vuelve a fijar el cuenco a medio hacer en el tablero de base auxiliar con sus correspondientes tirafondos  Con esta base será fácil atacar con la gubia y rebajar paulatinamente todo el contorno interior. Conviene utilizar una gubia curva, pero poco abierta, imprimiéndole un movimiento curvado a partir del borde superior. Esta operación se irá comprobando con la plantilla para interior.

Conseguida la forma por desbaste tanto de la parte externa como interna, se podrá pasar ya al pulido de los ataques de las herramientas anteriores. Este pulido debe eliminar las astillas a medio arrancar, pero si bien se puede llevar hasta el extremo de hacer desaparecer todas las huellas de la escofina y de la gubia, resultará mucho más bello y decorativo el cuenco si estas huellas no se eliminan.

El acabado dependerá de la calidad que se quiera obtener también de la clase de madera que se haya utilizado. Cuanto más fino sea el poro de la misma  mejor será el barnizado brillante que podrá conseguirse  Los acabados a base de simples encáusticos con cera también suelen ser muy efectivos. 

Ejemplo de cómo hacer un cuenco de madera maciza.

Cuenco de madera maciza 11

En función de las medidas del trozo de madera de que se dispone se realiza un dibujo de la sección que ha de tener el cuenco.

De este dibujo se podrán sacar la plantilla exterior y la interior para ir comprobando el progreso del desbaste. 

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Cuenco de madera maciza 22

Sobre una de las caras planeadas del trozo de madera se trazan dos círculos concéntricos que correspondan a las paredes exterior e interior del cuenco.

Conviene que la pieza sea algo gruesa, con el fin de poder realizar eventuales correcciones. 

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Cuenco de madera maciza 33

Valiéndose de un serrucho, se arrancan trozos triangulares de la pieza de madera hasta conseguir una especie de polígono circunscrito al círculo exterior del trazado que tenga mayor número de lados casi tangentes a dicho perímetro. 

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Cuenco de madera maciza 44

Asegurada la pieza con tirafondos sobre un tablero y éste sobre un banco, se taladra la parte interior de la pieza con el mayor número de agujeros.

Atender al limitado de avance para que la broca no se exceda en su trabajo de profundización.

Desde luego es evidente que también se puede facilitar gran parte del desbaste con herramientas mecánicas eléctricas, si así se desea.

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Cuenco de madera maciza 55

Con una gubia que no sea demasiado curva, se procede a continuación a eliminar las paredes que hayan podido quedar entre los taladrados.

Observa que los agujeros efectuados en la parte más externa no tienen tanta profundidad como los del centro. 

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Cuenco de madera maciza 66

La forma del contorno exterior se logra mediante la utilización de una raspa basta, y si lo quieres hacer más rápido utiliza un surform, tal como se muestra en esta manualidad.

Hay que fijar la pieza sólidamente al sitio donde se trabaja. 

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Cuenco de madera maciza 77

Tan pronto como se ha conseguido desbastar el perfil exterior tiene que avanzarse sin prisas y sin profundizar demasiado en el ataque.

Debe irse comprobando la conformidad con la plantilla de la sección de la pieza.

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Cuenco de madera maciza 88

A continuación se procede al acabado del interior.

Se trabaja periféricamente a partir de un punto y rebajando poco a poco.

Utilizar una gubia curva con poca profundidad, a la que se imprime un movimiento curvilíneo desde el borde interior. 

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Cuenco de madera maciza 99

Tal como se ha hecho al perfilar el contorno exterior de esta pieza, hay que verificar reiteradamente el avance del trabajo, prosigue siempre de acuerdo con la plantilla previamente hecha con la finalidad de que sirva de guía del curvado del interior del cuenco. 

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Cuenco de madera maciza 1010

Conseguida la forma rústica del cuenco, se repasan las eventuales desigualdades que se observen a simple vista.

Para ello, el surform o una raspa no muy basta serán las mejores herramientas. Pulir después con papel de lija.

Un acabado de fácil realización y de estupendos resultados consiste en el simple uso de los polvos de talco empleados como pulimento.

El polvo de talco, al ser restregado manualmente o mediante un disco de fieltro o de trapo algodón, rellena los poros de la madera y al propio tiempo abrillanta la superficie. 

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