Esmaltado con barnices y modo de cocerlo

El barniz proporciona una superficie lisa e impermeable a la pieza, pues la ar­cilla queda cubierta con una capa vítrea, suave, decorativa y fácil de limpiar.  El barniz es una mezcla especí­fica de productos químicos que, a una determinada temperatura, se convierte en un predeterminado tipo de vidrio.Algunos tipos de cerámica, pese a su belleza natural, son muy frecuentes que se barnicen.

El barniz proporciona una superficie lisa e impermeable a la pieza, pues la ar­cilla queda cubierta con una capa vítrea, suave, decorativa y fácil de limpiar.

El barniz es una mezcla especí­fica de productos químicos que, a una determinada temperatura, se convierte en un predeterminado tipo de vidrio.

El barniz se aplica a las vasijas después de la primera cocción en forma de suspensión de partículas químicas en agua (llamada barboti­na de barniz). La arcilla es lo sufi­cientemente porosa para absorber el agua de dicha mezcla y dejar un sedimento de productos químicos sobre la superficie de la vasija.

El primer paso a dar consiste en preparar (o comprar) la mezcla bá­sica de barniz tomando en conside­ración ciertos factores.

Temperatura de cocción.

La temperatura de cocción debe quedar dentro de los límites de las posibilidades del horno a utilizar. Debe relacionarse asimismo con la arcilla utilizada en la elaboración de la vasija. Las lozas de barro de­ben barnizarse con un barniz de loza y las vasijas hechas con greses, con un barniz para greses.

Pueden aplicarse barnices de di­ferentes características siempre y cuando se tengan en cuenta las temperaturas que requieren esmal­tes y arcillas.

Superficie.

Los dos barnices más comunes son los brillantes y los mates, aun­que existe una extensa gama de po­sibles variaciones entre ambos ex­tremos.

Transparencia.

Los barnices pueden ser trans­parentes u opacos. Los primeros se utilizan para lograr diversos efec­tos decorativos (por ejemplo, «mis­hima»). Los opacos, por su parte, cubren totalmente la superficie de la vasija.

Asimismo existen ciertos tipos de barnices que producen un efec­to semi-opaco.

Color.

En cuanto a su color, los barni­ces son incoloros o blanquecinos. Cualquier barniz puede colorearse añadiendo cantidades precisas de óxido metálico a la composición de aquél. Estos óxidos deben cons­tituir un porcentaje fijo del total de todos los componentes sólidos que forman el barniz y, antes de verter­se en el agua, mezclarse totalmente entre sí.

En caso de preferir comprar un barniz ya preparado, únicamente se requiere mezclarlo con agua y, en todo caso, tamizarlo.

Otra posibilidad consiste en pre­parar el barniz según algún método o receta. Para quienes elijan este sistema, daremos algunos consejos.

Los barnices varían mucho entre sí. Algunos compuestos poseen igual composición química a pesar de su origen diferente; otros, por lo que a sus componentes respecta, pueden diferir ostensiblemente se­gún el fabricante. La mayor parte de libros acerca de este tema deben manejarse con cuidado, pues mu­chas de las sustancias que reco­miendan son de difícil obtención.

Una vez seleccionada una- base de barniz apropiada y reunidas las sustancias requeridas, debe deci­dirse qué cantidad se desea prepa­rar. Para un número reducido de vasijas, basta con 1000 g. Calcúlese asimismo qué cantidad de cada sustancia se necesita.

Pésese una cantidad precisa de cada producto químico, utilizando una balanza bien afinada. Si alguna sustancia lo requiriese, ciérnase an­tes de pesarla.

Los óxidos metálicos utilizados para colorear se añaden al con­junto de los productos químicos del barniz. Por ejemplo, si un bar­niz requiere 10 g de óxido para colorear l000 g de barniz, la proporción será 1000 g de base más 100 de óxido. También es necesa­rio utilizar la balanza para pesar los colorantes con precisión.

La mezcla lo más perfecta posi­ble entre todos los elementos mate­riales que intervienen es esencial. Hágase todo lo posible en este sen­tido antes de añadir el barniz al agua.

En caso de no disponer de un mezclador mecánico (puede servir una batidora eléctrica), pásense las sustancias a unir tres veces por un cedazo después de mezclarlas.

Si el barniz contuviese algún elemento deletéreo tóxico, mézclese el conjunto de los productos en un recipiente cerrado.

A este respecto, recuérdese lim­piar perfectamente el utensilio en el caso de emplear una batidora o cualquier otro instrumento do­méstico, pues todos los elementos que intervienen en la constitución de los barnices presentan mayor o menor toxicidad.

Empiécese añadiendo 685 g de agua a cada 810 g de barniz seco. Colóquese el agua en un cubo de plástico y échese la mezcla en pol­vo sobre la superficie del agua. Agítese suavemente hasta obtener una pasta cremosa. Compruébese su densidad valiéndose de un trozo de vasija inservible similar al obje­to a barnizar hasta obtener un es­pesor semejante al grueso de un papel de los que se emplean co­rrientemente para dibujar.

Es mejor dejar que el barniz se consolide durante unas cuantas ho­ras antes de utilizarlo. Pásese por un cedazo inmediatamente antes de su aplicación.

Por último, rásquese cualquier residuo de barniz seco que haya podido quedar en el interior del cubo una vez concluida toda la operación.

Cómo aplicar el barniz.

El barniz puede aplicarse a las vasijas con técnicas muy diversas. Si bien la vasija puede ser cubierta con una sola capa de barniz, fre­cuentemente se añaden otros bar­nices con el fin de obtener efectos más decorativos.

Mézclese y disuélvase el barniz con cuidado y, a continuación, pá­seselo a través de un cedazo fino. Compruébese la consistencia del barniz antes de usarlo; añádase un poco de agua en el caso de que la mezcla hubiese quedado demasia­do espesa.

Lávense bien las manos antes de sostener las vasijas para no engra­sar su superficie.

La técnica más común de barni­zar pequeñas vasijas es la que apa­rece en las ilustraciones. En primer lugar, barnícese el interior de la vasija llenándola con esmalte ver­tido con una jarrita. Vacíese a con­tinuación la vasija, vertiendo de nuevo el barniz en el interior del cubo. De este modo, se adherirá una ligera capa de barniz a la su­perficie interior de la vasija, que se secará rápidamente.

Procédase a barnizar el exterior de la vasija inmediatamente. Sos­téngase la pieza invertida por su base e introdúzcasela dentro del barniz, de modo que el esmalte la cubra. Retírese la vasija y sos­téngasela en posición angular so­bre el cubo de barniz mientras se es­curre y se seca.

La técnica consistente en aplicar el barniz con una brocha apenas se usa, excepto para barnizar superfi­cies pequeñas o lograr ciertos mo­tivos decorativos. De todos modos, si se desean barnizar grandes áreas de esa forma, utilícese una brocha grande bien cargada de barniz y actúese con seguridad y precisión, procurando, además, que el grueso sea lo más regular posible.

Aquí se ha empleado un barniz muy líquido para obtener un efecto variado y dinámico.

Efectos de tipo más especial pue­den lograrse en ciertas ocasiones rociando diversos barnices sobre una superficie no barnizada.

Otro método de barnizar el exte­rior de aquellas vasijas que pue­den ser sostenidas con las manos estriba en verter barniz sobre su superficie con una jarrita. Este mé­todo es ideal para barnizar platos poco hondos, así corno boles y for­mas cilíndricas en general.

Asimismo este método da grandes resultados cuando se desea que la aplicación de barniz posea una calidad muy decorativa.

Las vasijas que absorban poco son muy difíciles de barnizar, pues­to que la arcilla rechaza el barniz, impidiendo que se deposite sobre ella. Las arcillas que poseen canti­dades considerables de chamota, arena o que son altamente absor­bentes deben sumergirse breve­mente en agua limpia antes de bar­nizarse. Para evitar gruesos exce­sivos, barníceselas tan pronto se haya secado su superficie.

El interior de las vasijas de gran tamaño puede barnizarse vertiendo una cantidad relativamente limita­da de barniz y haciendo girar la pieza, de modo que el barniz alcan­ce todos los puntos de la superficie interior.

El exterior de vasijas pesadas, grandes o difíciles de sujetar se barniza con mayor facilidad si se sitúa la vasija sobre listones de ma­dera colocados sobre un bol o jo­faina que recoja el barniz excedente. Colóquese este utensilio sobre una torneta y hágase girar despacio para mantener la superficie de la pieza dentro del barniz.

Cuando se esmalten objetos de cuello estrecho (botellas), utilícese un embudo para introducir el bar­niz en la pieza. Ello evita la acumu­lación excesiva de barniz en las áreas estrechas y facilita el llenado de la vasija.

Asimismo puede aplicarse cera sobre la capa de barniz tan pronto se haya secado y, con el fin de pro­ducir un efecto bicolor, puede también rebarnizarse la pieza con un esmalte que haga contraste.

Cocciones de barniz.

Con gran frecuencia, la tempera­tura requerida para una cocción de barniz es mucho más elevada que la necesaria en la primera.

Límpiese y vacíese el horno, pro­curando eliminar todo fragmento de arcilla de las resistencias eléc­tricas.

Selecciónense los estantes del horno más adecuados para la tem­peratura necesaria. Compruébese que éstos se hallan en buenas con­diciones.

Repásese la capa de aguada en los estantes, si es necesario; lím­piense los bordes y acepíllese el reverso de cada estante.

Conviene asegurarse de que se dispone de suficientes apoyos re­fractarios del tamaño adecuado.

Colóquense los estantes inferio­res sobre apoyos refractarios bajos.

Preparación de las vasijas.

Las vasijas pueden prepararse ya para la cocción. Aunque es posi­ble aplicarles una extensa gama de barnices, todos ellos deben cocer­se a una temperatura común. Así, las cocciones de barniz quedan indicadas por la temperatura a la que se inclina el cono; normalmen­te, por ejemplo, una «cocción cono cuatro» significa que todas las pie­zas del horno están decoradas con barnices que se vitrifican a la tem­peratura indicada por la inclina­ción del cono número cuatro.

Las piezas a cocer deben haber sido previamente colocadas en po­sición vertical después de aplicar­les el barniz y antes de disponerlas dentro del horno, ya que así el agua constituyente del barniz ha tenido oportunidad de evaporar­se. No obstante, todas las vasijas conservan cierta humedad.

Elimínese el barniz de la base de la vasija para que no establezca contacto con el estante del horno. De no hacerse así, su vitrificación durante la cocción y su subsiguien­te enfriamiento unirían fuertemente la vasija al estante o a cualquier cosa que tocase. Asimismo, debido a que el barniz funde a la tempera­tura de cocción, tiende a esparcir­se por las paredes de la vasija; en consecuencia, es aconsejable lim­piar el barniz hasta unos 2,5 milí­metros por encima de la base de la pieza.

Utilícese una esponja húmeda para limpiar el barniz situado en la base de la pieza.

Existe una serie de reglas a te­ner en cuenta al colocar las vasi­jas barnizadas dentro del horno eléctrico para cocerlas:
  1. Las vasijas no deben tocarse unas con otras, aunque la separa­ción entre las mismas puede ser mínima.
  2. Las figuras geométricas y de caras planas deben colocarse en el centro del horno para evitar torce­duras y resquebrajamientos.
  3. Debe existir cierta separación entre las vasijas y las resistencias del horno, así como entre aquéllas y las paredes del horno y el termo­par o caña del pirómetro.
  4. Todos los estantes deben co­locarse sobre apoyos refractarios dispuestos verticalmente sobre los inferiores.
  5. Los estantes del horno no de­ben tocar ni estar demasiado cerca de los elementos eléctricos, pues de otro modo sería irregular la coc­ción de la pieza.
  6. La densidad de carga del hor­no debe mantenerse lo más uni­forme posible.
  7. Las vasijas se tocarán lo me­nos posible con las manos para evitar que el esmalte se desprenda y caiga.

Reúnanse las vasijas a cocer en grupos según su altura. Varíese la separación entre los estantes con el fin de igualar la densidad de carga. Elíjase un número apropiado de apoyos refractarios para cada grupo. Los apoyos deben ser unos 6-12 mm más altos que la vasija de mayor altura del grupo.

Empiécese a llenar el horno vacío por su fondo. Colóquese en primer lugar el apoyo o apoyos traseros en su sitio, así como las vasijas de formas geométricas, de modo que queden dispuestas a par­tir del centro del estante y equi­distantes de todos los elementos eléctricos.

Llénese el resto del espacio y aváncese hacia delante desde la parte posterior de la cámara, de modo que cada vasija ocupe un espacio lo mejor aprovechado po­sible.

Téngase siempre la precaución de colocar los apoyos refractarios frontales en posición antes de lle­nar el espacio que los rodea.

Seguidamente, colóquese el es­tante siguiente sobre sus corres­pondientes puntos de apoyo tra­tando de no desviar ninguno de ellos fuera de la vertical. Comprué­bese que ninguna de las vasijas está en contacto con el reverso del estante. Una relación propor­cional entre las vasijas agrupadas en la parte frontal y posterior de los estantes en los hornos anchos o profundos ayuda a facilitar el reparto del calor.

Las vasijas que tienen el barniz muy próximo a la base, o que po­seen un barniz que tiende a ser más fundente que lo normal, de­ben elevarse sobre el estante colo­cándolas encima de un equipo es­pecial para hornos.

La placa de los conos pirométri­cos debe ser colocada dentro del horno en un punto tal que toda ella pueda observarse a través de la mirilla del horno (para grandes hornos, utilícese una placa de co­nos enfilada a cada mirilla). Los conos deben fijarse de modo que no entren en contacto con las pie­zas cuando se doblen.

Llénese todo el horno y, final­mente, compruébese de nuevo que se pueden observar todos los conos cuando la puerta del horno está cerrada.

Ciclo de cocción.

Ciérrese herméticamente la puerta del horno y ábranse las mi­rillas de la puerta (algunos hornos tienen mirillas adicionales en su parte superior y trasera, las cuales también deben abrirse). Elévese la temperatura del horno muy despa­cio (a unos 100°) y manténgase durante una hora. Después, la tem­peratura puede ascender unos 100° cada hora si se trata de vasi­jas normales {para vasijas gruesas u obras de escultura es deseable una cocción más lenta).

Tápense de nuevo todas las mirillas del horno una vez rebasados los 200°.

Deténgase la velocidad de su­bida de la temperatura cuando el horno vaya aproximándose a la temperatura de cocción del bar­niz, y, en los hornos grandes, ajús­tense los controles reguladores de energía lo necesario para llevar a cabo una igualación de tempe­ratura en todo el horno.

Durante las últimas etapas de la cocción, la velocidad de eleva­ción de la temperatura debe ser lo más lenta posible. Manténgase la temperatura final de cocción du­rante una hora aproximadamente. Este período de fusión permite que todos los gases se escapen del barniz y que todas las imperfec­ciones desaparezcan.

Una vez concluido el período de fusión, el horno puede desconec­tarse y dejarse enfriar. El proceso de enfriamiento no debe apresu­rarse si se quieren evitar roturas en las vasijas. En cualquier caso, ja­más debe tratarse de abrir el horno antes de alcanzar los 150° ni la puerta más de 25 mm al principio, ya que el cambio rápido de tempe­raturas produce roturas.

La gran mayoría de vasijas se habrán cocido perfectamente, pero no hay que desanimarse si apare­cen algunos errores, lo cual es bas­tante normal.

Esmaltado con barnices y modo de cocerlo 3Ciérnase con sumo cuidado el bar­niz en polvo con la finalidad de eliminar totalmente de él la posi­ble existencia de grumos.

 

 

 

 

 

 

Mézclese en un cubo el barniz en polvo ya cernido con agua. Des­háganse los grumos para obtener un fluido suave y cremoso.Mézclese en un cubo el barniz en polvo ya cernido con agua.
Des­háganse los grumos para obtener un fluido suave y cremoso.

 

 

 

 

 

Con la ayuda de una brocha, ciér­nase otra vez el barniz cremoso con el fin de obtener un fluido totalmente homogéneo.Con la ayuda de una brocha, ciér­nase otra vez el barniz cremoso con el fin de obtener un fluido totalmente homogéneo.

 

 

 

 

 

 

Esmaltado con barnices y modo de cocerlo 5Compruébese la consistencia del barniz sumergiendo brevemente un fragmento de cerámica previamen­te cocida de bizcocho.

 

 

 

 

 

 

Átese como testigo un objeto ya cocido al cubo que contiene el bar­niz. Anótense los detalles y codifí­quese la base de la prueba.Átese como testigo un objeto ya cocido al cubo que contiene el bar­niz. Anótense los detalles y codifí­quese la base de la prueba.

 

 

 

 

 

 

Para proceder al barnizado de va­sijas pequeñas, viértase con un embudo barniz preparado en su inte­rior y vacíese a continuación.Para proceder al barnizado de va­sijas pequeñas, viértase con un embudo barniz preparado en su inte­rior y vacíese a continuación.

 

 

 

 

 

 

Sosténgase la vasija por su base y sumérjasela en el barniz para que el exterior de la misma quede tam­bién barnizado.Sosténgase la vasija por su base y sumérjasela en el barniz para que el exterior de la misma quede tam­bién barnizado.

 

 

 

 

 

 

Las vasijas pueden sumergirse en el barniz de manera apropiada para que los exteriores queden deco­rados con formas angulares.Las vasijas pueden sumergirse en el barniz de manera apropiada para que los exteriores queden deco­rados con formas angulares.

 

 

 

 

 

 

Tanto los exteriores de las vasijas grandes como sus interiores pue­den barnizarse deslizando esmalte por sus paredes.Tanto los exteriores de las vasijas grandes como sus interiores pue­den barnizarse deslizando esmalte por sus paredes.

 

 

 

 

 

 

Debe utilizarse un embudo de tamaño adecuado para introducir el barniz en el interior de botellas o recipientes de cuello estrecho.Debe utilizarse un embudo de tamaño adecuado para introducir el barniz en el interior de botellas o recipientes de cuello estrecho.

 

 

 

 

 

 

Para producir efectos decorativos, se aplicará cera como protección antes del barniz o entre dos aplicaciones de éste.Para producir efectos decorativos, se aplicará cera como protección antes del barniz o entre dos aplicaciones de éste.

 

 

 

 

 

 

En determinadas ocasiones, los ex­teriores de las vasijas pueden bar­nizarse imprimiendo a las mismas un movimiento de rotación.En determinadas ocasiones, los ex­teriores de las vasijas pueden bar­nizarse imprimiendo a las mismas un movimiento de rotación.

 

 

 

 

 

 

Las vasijas que no pueden sujetar­se con la mano se ponen sobre dos listones y se barnizan echando el compuesto por encima.Las vasijas que no pueden sujetarse con la mano se ponen sobre dos listones y se barnizan echando el compuesto por encima.

 

 

 

 

 

 

Antes de colocar las vasijas barni­zadas en el horno, véase que las bases no tengan barniz. Eliminarlo con una esponja húmeda.Antes de colocar las vasijas barni­zadas en el horno, véase que las bases no tengan barniz. Eliminarlo con una esponja húmeda.

 

 

 

 

 

 

Colóquense las piezas sobre apo­yos refractarios antes de cocerlas si los barnices que se emplean tie­nen tendencia a fluidificarse.Colóquense las piezas sobre apo­yos refractarios antes de cocerlas si los barnices que se emplean tie­nen tendencia a fluidificarse.

 

 

 

 

 

 

Dispónganse las vasijas de modo que no se toquen entre sí. Procúrese el máximo aprovechamiento del espacio del horno.Dispónganse las vasijas de modo que no se toquen entre sí. Procúrese el máximo aprovechamiento del espacio del horno.

 

 

 

 

 

 

Durante las últimas etapas de la cocción, la velocidad de eleva­ción de la temperatura debe ser lo más lenta posible. Manténgase la temperatura final de cocción du­rante una hora aproximadamente. Este período de fusión permite que todos los gases se escapen del barniz y que todas las imperfec­ciones desaparezcan.Material necesario:

Varios barnices o esmaltes. Cedazos. Agua. Cubos y jarras. Brocha. Tablas de madera.

 

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