El esqueleto masculino y el femenino difie­ren muy poco

Una diferencia es que los huesos del varón son, en general, algo mayo­res y más pesados que los de las mujeres. También, la cavidad de la pelvis masculina, rodeada de los huesos de la cadera y el sacro, es más estrecha que la femenina, por la que tienen que pasar la cabeza y el cuerpo del niño durante el parto.El esqueleto masculino y el femenino difieren muy poco.

Una diferencia es que los huesos del varón son, en general, algo mayo­res y más pesados que los de las mujeres. También, la cavidad de la pelvis masculina, rodeada de los huesos de la cadera y el sacro, es más estrecha que la femenina, por la que tienen que pasar la cabeza y el cuerpo del niño durante el parto.

El esqueleto humano medio tiene 206 hue­sos: 32 en cada brazo, 31 en cada pierna, 29 en el cráneo, 26 en la espina dorsal y 25 en el tórax. Hay esqueletos en que su número varía ligeramente. Por ejemplo, se pueden tener algunos adicionales en las manos o los pies, o carecer de uno o más.

El cráneo.  Forman el cráneo nume­rosos huesos soldados en una estructura articulada, que protege el cerebro y proporciona punto de in­serción a los tejidos facia­les.El cráneo.

Forman el cráneo nume­rosos huesos soldados en una estructura articulada, que protege el cerebro y proporciona punto de in­serción a los tejidos facia­les.

Los huesos separados del esqueleto se enla­zan entre sí mediante las articulaciones. Exis­ten varias clases de ellas: las fijas (suturas) presentan los huesos firmemente soldados, como en el cráneo; las parcialmente móviles permiten cierta flexibilidad, como las de la espina dorsal; y las de movimiento libre pro­porcionan gran flexibilidad en varios planos, como la del hombro.

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Osificación (formación del hueso).

Durante los últimos meses antes del nacimien­to, sólo una pequeña porción del esqueleto contiene hueso auténtico. La mayor parte de lo que serán sus huesos consiste en cartílago. A medida que crece el niño, el cartílago se transforma en hueso (proceso llamado «osifi­cación»). Las áreas de osificación aparecen a intervalos precisos durante el crecimiento del niño sano. En la radiografía, las únicas partes visibles son las óseas (el cartílago es casi transparente); por lo tanto, no cuesta percibir la osificación en una. Las radiografías inclui­das abajo revelan la aparición gradual en el niño de los «huesos» del tobillo y el pie; se desarrollan sustituyendo el cartílago transpa­rente, hasta que, hacia mitad de los quince años, alcanzan la forma adulta, definitiva.

En la radiografía, las únicas partes visibles son las óseas (el cartílago es casi transparente); por lo tanto, no cuesta percibir la osificación en una. Las radiografías inclui­das abajo revelan la aparición gradual en el niño de los «huesos» del tobillo y el pie; se desarrollan sustituyendo el cartílago transpa­rente, hasta que, hacia mitad de los quince años, alcanzan la forma adulta, definitiva.

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