Hierbas para la salud

Hierbas para la salud.

Las hierbas medicinales han contribuido siempre en gran parte a la salud humana y aún siguen haciéndolo. Su valor más evidente responde a su empleo como fuente de algunas drogas utilizadas en los medicamentos modernos. La piretrina, por ejemplo, se obtiene de un miembro de la familia de los crisantemos.

De la amapola se extraen el opio, la heroína y la morfina. La digitalina, utilizada en enfermedades cardíacas, procede de las hojas de la digital o dedalera. De hecho, hasta hace poco tiempo eran la única fuente de medicinas, por cuanto se desconocían los antibióticos y otras drogas modernas, de suerte que la gente tenía que confiar en curas naturales.

Las hierbas medicinales.

Las propiedades medicinales de las hierbas sólo cedían en importancia a sus cualidades culinarias. A continuación se indican algunos usos tradicio­nales en medicina y las propiedades que se les atribuyen; desde luego, no hay que creer ni comprobar todas las supuestas propiedades curativas.

Agrimonia.

Se trata de una antigua hierba medicinal. Los griegos la utili­zaban para curar cataratas. En Gran Bretaña, varios siglos después, se usaba para preparar un tónico y purificador de la sangre «bueno para todos los que padecen del hígado». Se usaba también para preparar un ungüento que se aplicaba a las heridas producidas por arcabuz.

Ajedrea.

Se cultivó en el Antiguo Egipto y se usaba en filtros de amor. Gustaba también a los romanos, pero la utilizaban en una salsa picante. Cuando adquirió carta de naturaleza en Europa, se usó sobre todo en medicina para estimular, para el cansancio de ojos, para el zumbido de oídos, para indigestiones, para las picaduras de avispas y abejas y para otros tipos de shocks.

Ajenjo.

Según la tradición, su nombre primitivo fue el de Parthenis absint­hum, pero la diosa griega de la castidad recibió tantos favores suyos que le dio su nombre, por lo que convirtió en Artemisia absinthum. Pero es algo más que el nombre, pues su sabor amargo es proverbial, y absinthum signi­fica «desprovisto de placer».

El ajenjo se consideró como una buena medicina para numerosos males. Se utilizó para curar anginas, prevenir la embriaguez y sanar las mordeduras de ratas y ratones, y mezclado con vino, romero, endrino y azafrán tiene fama de mantener sanas a las personas. Posee también cua­lidades mágicas. Se colgaba delante de las puertas para alejar al diablo y a los espíritus. y volviendo a la vida cotidiana, se le añadía a la tinta para que los ratones no se comieran los manuscritos.

Ajo.

Es una de las plantas cultivadas más antiguas y valiosas. Es posible que llegara al sur de Europa procedente del Este. Los antiguos egipcios ya lo conocían y lo usaban como alimento y medicina; lo apreciaban tanto que parecía ser un dios para ellos. Los constructor:es de las pirámides lo comieron; los hijos de Israel lo comieron; los romanos no hace falta de­cirlo, lo comieron y animaron a otros pueblos a hacerlo. Era un ingre­diente de las medicinas para los leprosos.

Las características antisépticas del ajo no son cuestión de creencia; en la Primera Guerra Mundial se usó musgo impregnado con jugo de ajo para vendajes. El ajo era apreciado asimismo en otros medicamentos contra la indigestión, los resfriados y el asma, y un antiguo remedio contra la tos era poner ajo en los zapatos.

Bergamota.

Como todas las mentas, contiene timol, y por eso. se usó para preparar infusiones contra los resfriados y el dolor de garganta.

Sólo en años recientes se han descubierto en Europa las cualidades de esta infusión. usada durante siglos en el norte de los Estados Unidos y de Canadá. Los indios oswego fueron, al parecer, los primeros en utilizarla. El aroma que desprende al crecer hace que las abejas acudan con fre­cuencia a ella.

Betónica.

Mezclada en ungüentos con otras hierbas servía para aliviar quemaduras. Se usaba también como vulnerario y tabaco.

Betónica.

Mezclada en ungüentos con otras hierbas servía para aliviar quemaduras. Se usaba también como vulnerario y tabaco.Mezclada en ungüentos con otras hierbas servía para aliviar quemaduras. Se usaba también como vulnerario y tabaco.

Bergamota.

Corno todas las mentas, contiene timol, y por eso se usó para preparar infusiones contra los resfriados y el dolor de garganta.

Sólo en años recientes se han descubierto en Europa las cualidades de esta infusión, usada durante siglos en el norte de los Estados Unidos y de Canadá. Los indios Oswego fueron, al parecer, los primeros en utilizarla. El aroma que desprende al crecer hace que las abejas acudan con fre­cuencia a ella.

Borraja.

Se dice que una infusion de ramas con flor de borrajas añadidas a salvia y romero conforta el corazón y el cerebro.Se dice que una infusion de ramas con flor de borrajas añadidas a salvia y romero conforta el corazón y el cerebro.

 Incluso en época de los romanos tuvo fama de ser una planta alegre; en palabras de Plinio, «siempre de ánimos».

Varios siglos después, el gran jardinero y herbolario de la época Isabe­lina John Gerard le dedicó los mismos elogios por su uso «para el bienes­tar del corazón y para alejar las penas». Como muchas otras personas halló que sus hojas en ensalada «estimulan y aclaran la mente» y la idea de una ensalada que levante el ánimo es atractiva por sí misma.

La borraja se cultivó también por la belleza de sus flores azules -Luis XIV tenía plantadas varias en sus jardines de Versalles- y se copió mucho en bordados.

Cebollinos.

EL cebollino se ha usado no solo por su delicioso sabor a cebolla, sino también como antídoto contra venenos y para cortar hemorragias.EL cebollino se ha usado no solo por su delicioso sabor a cebolla, sino también como antídoto contra venenos y para cortar hemorragias.

Es una de las hierbas cultivadas más antiguas, predilecta en China en el año 3.000 a. de J.C. Apreciada por su suave y delicioso sabor a cebolla, se usó como antídoto contra los venenos y para acabar con las hemorragias. Llegó tarde a los huertos europeos, en el siglo XVI.

Consuelda.

Existe la tradición de que la consuelda se cultivó mucho en los huertos de los monasterios. Puede deberse a que los monjes cuidaban con frecuencia de los enfermos y los heridos.

Se creía que reparaba los huesos rotos y curaba cosas tales como las contusiones, torceduras e hinchazones y el dolor de riñones. Una vieja receta prescribía hervir raíces de consuelda en azúcar y licor, mezclarlo con fárfara, malva y semillas de amapolas y hacer un ungüento para curar el dolor de espalda y de las torceduras. Pero su uso no se limitaba a los males musculares, pues la gente la empleaba también en tisanas contra enfriamientos y bronquitis, con 25 g de hojas secas añadidas a 600 ml de agua hirviendo.

Eneldo.

Un remedio tradicional contra la flatulencia ha sido durante siglos una infusión de agua de eneldo.Un remedio tradicional contra la flatulencia ha sido durante siglos una infusión de agua de eneldo.

Se creía que era bueno contra el insomnio. Las semillas se usaban como remedio suave contra la flatulencia, adecuado para los niños pe­queños.

Estragón.

Artemisia dracunculus es el nombre botánico, y dracunculus significa dragoncillo. Años atrás, los jugos mezclados de estragón e hinojo eran una de las bebidas preferidas de los gobernadores de la India. En el rei­nado de Enrique VIII fue introducido en los jardines de Inglaterra y el cronista John Evelyn lo describió como «bueno para la cabeza, el corazón y el hígado».

Eufrasia.

El nombre botánico. Euphrasia offinalis, procede de una de las tres Gracias, que en griego significa alegría; se utiliza como colirio. Milton habla en El Paraíso Perdido de cómo se usó para devolver la vista a Adán.

Hace tiempo, la gente del campo la usaba como bebida por la mañana temprano, y en algunos sitios se empleaba en la preparación de licores. En algunos lugares se utilizaba para curar la fiebre del heno.

Fárfara (tusílago, pie de caballo).

 Las hojas aparecen después que las flo­res. Durante muchos siglos, estas últimas han sido muy apreciadas para tratar enfermedades del pecho, en especial bronquitis y asma. Se las se­caba y se las inhalaba o fumaba; se usaban también como sustitutivo del tabaco.

Helenio.

El nombre botánico, Inula helenium, procede de Elena de Troya. Se cuenta que la planta surgió de sus lágrimas, pero John Gerard dice que ella lo tenía en sus manos cuando Paris la raptó de Grecia.

El helenio se parece a un girasol y una antigua costumbre en Alemania era poner un ramillete en el centro de una gavilla de hierba para simboli­zar al Sol y a la cabeza de Odín, el principal dios nórdico.

Los romanos, con su visión práctica, usaron las raíces en medicina para curar empachos, y los herboristas del siglo XVI lo usaban para el trata­miento de la tos, catarros, bronquitis y achaques del pecho en general.

Los romanos, con su visión» práctica, usaron las raíces en medicina para curar empachos, y los herboristas del siglo XVI lo usaban para el trata­miento de la tos, catarros, bronquitis y achaques del pecho en general.

Hierba de San Juan.

En algunos países San Juan era el patrono de los caballos y se decía que esta hierba curaba las enfermedades equinas.

 Hinojo.

Para mejorar la vista se recomendaba tomar dos veces al día anís mezclado con hinojo, helenio y brandy.Para mejorar la vista se recomendaba tomar dos veces al día anís mezclado con hinojo, helenio y brandy.

Los griegos tenían gran confianza en el hinojo y lo usaban para adelgazar y en el tratamiento de más de veinte enfermedades. Los roma­nos lo comían -raíz, hojas y semillas- en ensalada y cocido con el pan y bizcochos. Los anglosajones lo usaron en los días de ayuno porque, quizás como los griegos, descubrieron que apaga el hambre. Incluso siglos des­pués «se usó mucho para adelgazar a las personas demasiado gruesas».

 Juliana (matronal).

Fue probablemente un anestésico primitivo. Los ro­manos, que gustaban de llevar hierbas en sus carros de guerra, comían tanto las hojas como las semillas. En la segunda mitad del siglo XVI gozó de gran predicamento. Un herbolario recomendaba tomarla antes de ser azotado para no sentir el dolor, y otro indicaba su conveniencia contra la mordedura de las musarañas y otras «bestias venenosas».

Ligústico.

 Los griegos lo usaban como medicina, y también los romanos. Ellos fueron quienes lo extendieron por Europa Central.

Se usó durante toda la Edad Media. Fue una de esas medicinas univer­sales: se tomaba para la garganta inflamada, las anginas y dolencias de los ojos; contra la indigestión y el dolor de estómago; y para deshacerse de diviesos, granos y pecas. Se añadía también a los baños, quizás como el primer desodorante utilizado.

En Centroeuropa, las jóvenes que iban al encuentro de sus novios lleva­ban un saquito de ligústico colgado al cuello, y fue probablemente su uso como perfume lo que llevó a ponerlo con las pócimas amorosas que ga­rantizaban despertar una devoción permanente.

Marrubio.

El marrubio, Marrubiurn vulgare, se usaba corno antídoto contra las mordeduras de perros rabiosos.El marrubio, Marrubiurn vulgare, se usaba corno antídoto contra las mordeduras de perros rabiosos.

Los griegos tenían gran confianza en esta hierba y la usaban como antiespasmódico. Era también un antídoto contra la mordedura de perros rabiosos.

Milenrama.

El nombre botánico de esta especie habla de su antigua his­toria, quizás leyenda. Ese nombre, Achillea millefolium, se debe a que era la hierba que el héroe helénico Aquiles usaba para curar a sus guerreros en la guerra de Troya. Adquirió fama por sus propiedades curativas y se usaba probablemente como ungüento. En forma de infusión se tomaba como tónico y contra la fiebre. Seca, se usaba contra la calvicie, aunque su eficacia no ha quedado demostrada.

Nébeda (menta de gato).

La auténtica menta de gato, Nepeta catana, gusta mucho, según se dice, a los gatos, «que se restriegan contra ella, se revuel­can o retozan y muerden también con gran placer los tallos y las hojas». Se emplea asimismo como medicina. Se la consideró como «ayuda contra los moretones recibidos al caer algo desde arriba».

Perifollo.

Es otra de las hierbas que los romanos introdujeron en Europa procedente de las orillas del Mediterráneo y del levante.

En el siglo XV era en Inglaterra una planta esencial que ha mantenido su popularidad. Para John Gerard, constituía ensaladas insuperables «para la salud de los estómagos fríos y débiles». Las raíces hervidas eran un producto preventivo contra las plagas. Se comía para curar el hipo y las hojas aliviaban en dolor del reumatismo y las contusiones.

Poleo (poleo-menta).

Los romanos le dieron el nombre de Mentha pule­gium por mantener lejos las pulgas, pues en latín pulex significa pulga. En el siglo XVI llegaba a Londres procedente de las regiones pantanosas: desde varias millas de alrededor venían cargadas pobres mujeres para venderlo en los mercados londinenses».

Esas «pobres mujeres» encontraron seguramente un mercado abierto debido a sus muchos usos. John Gerard decía que purificaba las «aguas corruptas» en los viajes por mar y que curaba «el mareo de la cabeza y los dolores y el vértigo». Seco y en forma de polvo era una medicina contra la tos y los enfriamientos.

Salvia.

Fue otra de las hierbas que viajó en el equipaje de los romanos por toda Europa. Su nombre significa en latín «salud» y desde tiempos· muy remotos la gente creyó que era fuente de bienestar, tanto físico como mental.

Los griegos la usaban para contrarrestar todo tipo de afecciones, entre ellas las úlceras, tisis, mordedura de serpiente y dolores diversos. Entre los romanos se tomaba como alimento sólido. Los chinos prefirieron du­rante algún tiempo sus infusiones al té clásico, debido en parte a sus pro­piedades tonificantes. Se la consideró favorable para el cerebro, los senti­dos y la memoria; fortalecía los nervios; era buena para la parálisis y cu­raba las punzadas; servía para hacer gárgaras y enjuagues, y mantenía blancos los dientes. Se recomendó su uso para hacer cerveza.

Saúco.

El agua de flores de saúco se usó como remedio para los resfriados durante varios siglos:

Tanaceto (hierba lombriguera).

Utilizada popularmente contra los gusa­nos, se empleó también como abortivo.

Tomillo.

Se supone que una tisana hecha de las hojas de esta hierba curael insomnio. , «‘

Toronjil.

Melissa officinahs, el nombre botánico de esta hierba, procede de una palabra griega que significa» abeja», pues los griegos creían que estos insectos no se alejarían nunca de una colmena si cerca crecía un toronjil. Por éso rodeaban siempre las colmenas de estas plantas, para atraerlas.

El toronjil tiene también características valiosas para el hombre. Aliviaba la tensión. Servía de apósito para las heridas, en especial las producidas por espada, y en la Edad Media se creía que una ramita de toronjil colo­cada encima de una raiz era suficiente para detener la sangre. Era buena para los oídos, el dolor de muelas y los .mareos durante el embarazo. Ser­vía para curar las mordeduras de perros rabiosos, las erupciones cutáneas y la tortícolis. Evitaba la calvicie. Si se metía en un amuleto de tela o seda, la mujer que lo llevaba era feliz y recibía el amorde un varón.

Con todos estos poderes no resulta sorprendente que los antiguos grie­gos creyeran que prolongaba la vida, y que el príncipe Levelin de Gla­morgan bebiera «t<.,, de toronjil», según decía, todos y cada uno de los días de sus 108 años de edad.

Valeriana.

Se supone que una tisana hecha de esta hierba actúa como panacea universal.