Modelismo naval La jarcia.- Manualidades navales.

La jarcia es el conjunto de cabos que sirven para soportar los palos y manejar las velas, es el principal problema que tiene el modelista que se inicia.

La jarciaMuchos son los que, una vez terminado el casco de un modelo, han desistido por tener que enfrentarse con la jarcia. En efecto debe ser entendida para llevarla a cabo.

Por ello explicaremos en este artículo en esquema el qué y el porqué de la jarcia, con la particularidad de que se expone de forma general, confiando en que el aficionado sabrá aplicarla en cada caso según el modelo que tenga entre manos.

Sabido es que un palo hin­cado verticalmente soporta perfectamente los esfuerzos laterales con sólo 3 tirantes, caso de los mástiles de los buques. Debido al esfuerzo del viento sobre las velas se tiende a inclinar los pa­los hacia delante. Luego ne­cesitan unos tirantes -los obenques- que contrarres­ten el enorme esfuerzo del viento tirando de los palos hacia atrás. El esfuerzo del viento sobre las velas es tal, que en los veleros era nece­sario y conveniente colocar varios obenques por banda. Necesario porque, de ser uno solo, el cabo debería te­ner un grosor desmesurado y era más práctico disponer de varios cabos de menor grosor, pero más maneja­bles. Conveniente porque, en el caso de rotura de un obenque, los demás segui­rían trabajando sin graves in­convenientes.

La jarcia 1

Desarrollo esquemático de los obenques y de los estays.

Por estos motivos, y ade­más para permitir el giro de las vergas, los obenques nunca debían colocarse por delante del palo, sino, por el contrario, desde algo más atrás del palo y hacia popa, abriéndose en forma de aba­nico (Fig. 1). Para completar la sujeción del palo, el estay lo afianzaba tirando de él hacia delante. Así, con dos juegos de obenques -late­rales y traseros- y un estay -delantero-y centrado- se conseguía un conjunto de tirantes a la vez resistente y elástico.

Cuando se trata de inter­pretar el plano vélico de un modelo, la situación de los obenques y de los estays es fácil de entender si se observa que siguen la dis­posición general que se se­ñala a continuación, dispo­sición que -se insiste- es válida únicamente para una mejor comprensión de la jarcia cuando se procede a montarla, debiéndose ob­servar cuidadosamente los planos del modelo en cada caso.

Los estays y los obenques son los cabos más gruesos que suelen encontrarse en la jarcia. Los obenques bajos van abiertos en for­ma de abanico desde algo más atrás del palo y hacia atrás -popa-, dejando cierto ángulo libre para per­mitir el giro de las vergas. Los obenques altos siguen la misma disposición, aunque son menos gruesos, así co­mo todos los elementos que los integran.

La jarcia 2

Esquema de la situación de los estays, obenques y las burdas en un clíper de 1850 (según el almirante Pâris).

Los estays parten del ex­tremo de un palo o de una cofa a la cofa inmediatamen­te más baja del palo delante­ro. Los estays de las cofas bajas terminan en la cubier­ta y los estays del palo más adelantado acaban en la «prolongación» de la cubier­ta, el palo bauprés.

Existen, según el modelo, estays in­termedios a los señalados o esquematizados en la figura 2, y que en cada modelo ha­brá que estudiar particular­mente, así como los detalles correspondientes al punto exacto de amarre, forma de amarre y de tensado, acce­sorios especificas, etc.

Finalmente, y referente a la jarcia fija, sólo quedan las burdas para tratarlas. Se llaman así los estays que, colocados en la parte trase­ra de un mástil, contrarrestan el empuje de los estays delanteros y actúan a modo de obenques, obrando tam­bién lateralmente. Por ello no deben confundirse con los obenques, aunque en cualquier plano vélico se verá que no siguen la línea de los obenques, aparte que nunca llevan trenzados los flechastes, de los que posteriormente se hablará. Una de las burdas -la delantera­- se halla siempre amarrada entre el 3º y 5° obenques, aunque su forma de amarre es distinta a la de ellos. En la figura 3 se da un detalle de lo mismo.

La jarcia 3

Detalle del amarre de una burda delantera mediante la actuación de dos motones, uno simple y otro doble.

En realidad, y también de­be procederse del mismo modo en los modelos, los obenques se hacían por pa­res. En el modelo se empie­za por aferrar una vigota en el extremo del obenque. Luego se corta una longi­tud doble de la que se re­querirá para el mismo, pero añadiéndole un sobrante abundante para aferrar la otra vigota. El extremo libre del obenque se pasa por la boca de lobo de la cofa, al­rededor del calcés del palo macho, y, pasando nueva­mente por la boca de lobo, se baja a la borda. En este momento debe calcularse la distancia que deben alcan­zar las vigotas superior e in­ferior para amarrar la se­gunda vigota. Realmente, la separación entre ambas es de unas cinco veces su diá­metro. En el modelo debe procederse de igual forma, dejando un diámetro en más que se recuperará al ten­sar los obenques.

.

La jarcia 4

Cómo utilizar alam­bres en forma de U para montar las vigo­tas siempre a la mis­ma distancia.

Para conseguir que la dis­tancia entre las distintas vi­gotas sea siempre la misma pueden usarse 4 alambres en forma de U, que se colo­can conforme indica la fi­gura 4.

Cuando el obenque está terminado se cierra en­tonces el nudo superior con hilo negro muy delgado o fi­no alambre de cobre de hilo eléctrico, lo más próximo po­sible al calcés del palo ma­cho, de modo que el oben­que quede formando un nudo cerrado a su alrededor (Fig.5 A).

Ahora ya pueden montar­se los acolladores, los cua­les tendrán un grueso que será más o menos la mitad del de los obenques y en la forma que se indica en la figura 5 B, siempre de proa a popa y de dentro a fuera.

.

La jarcia 5

Forma de montar los acolladores que se emplean para el tensado de los obenques.

Primero se coloca el par de obenques delanteros de babor (izquierda), para se­guir con el par de obenques delanteros de estribor (de­recha), el segundo par de babor, el segundo par de es­tribor, etc. Si el número de obenques es impar, el último obenque se aferra indepen­dientemente sobre sí mismo. En el calcés, los obenques quedan colocados sencilla­mente unos sobre otros.

Los flechastes son los ca­bos anudados horizontal­mente sobre los obenques y que sirven de escalas para que los gavieros puedan trepar hasta las vergas altas.

Los flechastes son uno de los graves problemas que debe resolver el modelista, ya que de ellos depende que un modelo resulte realzado o estropeado de modo irre­parable. Los flechastes deben ser 5 o 6 veces más finos que los obenques.

La jarcia 6

La realización de los flechastes es muy laboriosa. En algunos pequeños modelos puede procederse como se indica en A. En ciertos modelos mayores es necesario realizarlos como eran en realidad (detalle C).

En los modelos a peque­ñas escalas, que no es posi­ble realizarlos como eran realmente, se recurre al pro­cedimiento de atravesar los obenques con una aguja de coser enhebrada con el hilo de los flechastes.

Termina­do el trabajo se corta el so­brante al ras con una cuchi­lla fina y se sujeta .con un to­que de pegamento, rema­tando la obra con una mano de pintura negra mate muy diluida o con tinta china ne­gra o marrón muy oscuro (Fig.6 A).

Para los modelos mayores no queda más remedio que ejecutar los flechastes tal y como se hacían en realidad, o sea aferrados con un nudo doble a los obenques extre­mos y un nudo de ballestrique a los intermedios (Fig.6 C).

Debe cuidarse que los flechastes no queden tiran­tes y unan los obenques; por el contrario, no sólo no deben unirlos, sino que los flechastes han de tener cier­ta soltura para aparentar los reales (Fig. 5 B).

La jarcia 11

Los hilos de la jarcia pueden hacerse pasar a través de los finos agujeros de las vigotas y de los motones si se moja su extremo con pegamento para que quede rígido una vez seco aquél y se corta a bisel con unas tijeras afiladas.

Hasta muy a finales del siglo XIX se usó el tipo de flechastes de cuerda, por lo cual no existen dudas en modelos de hasta casi el 1900. Apartir de esa época se adoptó un tipo de fle­chastes -o mejor, de esca­la- con varillas de hierro o tablillas de nogal que se aferraban a los obenques mediante ataduras con ca­bos muy robustos. Estos fle­chastes son imitados en modelismo mediante troci­tos de alambre de hierro galvanizado, de latón, de co­bre (conductores eléctricos) o hilo de alpaca, de los usa­dos para hacer collares. Los atados al obenque se refuer­zan con un toque, de pega­mento universal y se pintan de negro mate para simular el alquitranado.

El espacio entre dos fle­chastes oscilaba entre 40 y 50 cm, por lo que debe guardarse esta distancia a escala, manteniendo sobre todo la regularidad en la dis­tancia.

Los flechastes son un tra­bajo sumamente fatigoso para la vista, por lo cual se recomienda alternarlo con otras labores del castillo o de otra parte del barco. Bien hecho, compensa con cre­ces el esfuerzo de vista y de paciencia realizados. Nóte­se que esta labor salta inme­diatamente a la vista. Tam­poco debe usarse el pega­mento con prolijidad, ya que pueden resultar unos nudos excesivamente grandes y, en caso de duda, más vale pecar de poca dimensión en los flechastes y en los nu­dos que convertir los oben­ques en un mazacote de puntos voluminosos.

La jarcia 12

Una manera fácil de proveerse de cabos del grosor deseado. Para que el cabo presente una total regularidad debe disponerse de una pieza de cartón o de madera con sendos taladros, que permitirá equilibrar los cabos simples.

Finalmente, y refiriéndose a los obenques, cabe señalar que algunos buques lleva­ban un fuerte y pesado ta­blón de madera atado a los obenques, inmediatamente encima de las vigotas, que servía para mantenerlas dirigidas regularmente y en el mismo sentido hacia el exterior -alineándolas, en suma- y que se llamaba guardajarcia. Esta pieza de fácil realización, pues no debe ser excesivamente pu­lida, se pinta de color negro en los modelos.

Si se observa con cierto detenimiento una verga se deducirá fácilmente que, para orientar la vela, ésta debía contar con dos movi­mientos:

Uno de «rotación» alrede­dor del palo cuando el viento soplaba de costado, o sea -para entendernos- parale­lo a la cubierta.

Otro en sentido vertical que permitiese «nivelar» las vergas subiendo o bajando cada uno de sus extremos por separado.

La jarcia 7

Conocer la disposición de los amantillos y de las brazas de una verga de mayor clásica es indispensable para comprender el ma­nejo de la jarcia móvil.

Para mejor comprensión de lo dicho se esquemati­zan en la figura 7 los dos elementos de la jarcia que permitían estos movimientos en las vergas bajas y que son las brazas y los amantillos.

En las vergas altas regían los mismos sistemas, pero con las variantes siguientes. En vez de iniciarse en la cu­bierta o en la regala, las brazas partían del palo inmediato posterior al de la verga que se pretendía ma­nejar, seguían hacia delante, pasando por el motón en el extremo del brazalote, para volver a pasar por la cajera de un motón situado en el palo trasero, de donde partía la braza, y bajar inmediata­mente hasta la cubierta, en la que se aferraban al cabi­llero de pie de palo (véase la Fig.8 A).

Las normas que genérica­mente rigen la jarcia móvil de las vergas son:

Las brazas y los amanti­llos mueren a pie de palo, en los cabilleros. Las brazas (salvo la de las vergas ba­jas), en el palo inmediata­mente más a popa. Los amantillos, lógicamente en los cabilleros del mismo palo.

Las brazas se aferran en los cabilleros delanteros del palo. Es lógico, ya que «pro­ceden» de delante del palo.

Los amantillos se aferran en los cabilleros traseros de los palos, pues se manejan por la parte trasera de los palos.

Siguiendo estas normas -que se insiste son genera­les- y observando las pecu­liaridades propias de cada modelo, difícilmente se co­meterán errores de bulto en el montaje de un modelo cuyos planos no nos parez­can en aquel momento sufi­cientemente claros.

En los cabilleros de pie de palo, las brazas y los amanti­llos seguían un orden de aferrado preestablecido: se sujetaban simétricamente desde el centro hacia los extremos, en un orden de correlación de vela más baja a la más alta. Así, por ejemplo, los amantillos de una verga mayor (la más baja) se ataban en las dos cabillas centrales; los de la gavia (inmediata en altura a la mayor), en las dos cabi­llas que seguían inmediata­mente a derecha e izquierda de las anteriores, y así suce­sivamente hasta completar los cabos.

La jarcia 8

Como complemento de lo indicado en el texto, en este croquis se muestra esque­máticamente la disposición y manejo de las brazas en un buque convencional de tres palos.

Sólo falta aclarar que en el palo situado más a popa, el último, como las vergas no pueden ser manejadas des­de más atrás por no haber otro palo, se invierte el sis­tema y se manejan desde el palo delantero (Fig. 8 B).

De aquí que, entre los dos palos más reculados de ciertos modelos, exista siempre un abundante entrecruza­miento de cabos que deben trabajarse con cuidado, so pena de convertir el trabajo en un amasijo inextricable de hilos.

Trabájese de abajo arriba y simétricamente en ambos palos, atando los hilos -aunque sea provisio­nalmente- en cada cabilla. Si se sigue este orden, el trabajo resultará algo menos arduo.

Entiéndase bien que la jar­cia descrita en la figura 8 es sólo teórica y lleva dispues­tos los elementos en forma de esquema para que resul­ten correctamente compren­sivos, pues no guardan las proporciones que deberían tener.

En muchos buques, los amantillos altos eran fijos, o sea que no podían mane­jarse desde la cubierta. Es­taban compuestos de una sola soga atada por su parte media al palo y cuyos extre­mos se aferraban en las vergas.

Los obenques, los estays, los braza lotes y los amanti­llos fijos estaban formados por cabos embreados. Por tanto, su color debe ser ne­gro o marrón muy oscuro. La jarcia móvil o de labor pre­senta el color del cabo, que se consigue tiñendo con nogalina en agua, bastante diluida, los hilos que deberán constituirlos.

Téngase presente que tanto las brazas como los braza lotes y los amantillos eran menos recios a medida que ganaban altura. Deberá cuidarse este detalle, ya que proporciona un gran realis­mo al modelo. Igualmente los brazalotes bajos, que podían llegar hasta casi2 m, también eran más cortos a medida que la altura de ver­gas era mayor.

Debido a la variedad de jarcia usada para el manejo de las velas consideraremos sólo las principales, ya que, comprendiendo bien su ma­nejo, es fácilmente inteligible cualquier jarcia de vela.

En primer lugar, deben considerarse las escotas, cuya misión era la de llevar los puños inferiores (los ángulos inferiores) de las velas hacia atrás cuando el viento soplaba; de otro mo­do, la vela no hubiese podi­do «graduarse» según la fuerza del viento que sopla­ba. Las escotas se aferra­ban a una anilla del puño inferior -de aquí el nombre de puño de escota- de la ve­la, pasaban a través de un motón integrado -o suelto­ de la verga inferior y des­cendían hasta alcanzar la cu­bierta.

Para compensar el efecto de la escota y también para levantar o bajar los puños de escota de la vela existían los chafaldetes o palanquines (según la vela). Se soltaban en cierto grado las escotas para tesar los chafaldetes, los cuales cogían más viento al tesarlos, colocados en la parte posterior o de popa de las velas.

Para reforzar el esfuerzo de levar la vela sobre las relingas laterales (refuerzos de cuerda que encuadraban la vela) se cosían pequeños aros de hierro, a los que hacía firmes una cuerda lla­mada apagapenoles. Gene­ralmente habla una por lado, pero no se excluía que hu­biese dos. Los apaqapeno­les se sujetaban hacia la mitad de la vela, pasaban por un motón amarrado a la ver­ga, seguían verticalmente hacia arriba hasta la cofa in­mediata y de allí bajaban directamente a la cubierta. Los apagapenoles iban en este caso por el lado delan­tero de la vela.

Sobre la relinga baja de la vela, por la parte delantera y también atados a peque­ños aros de hierro, iban los brioles en número varia­ble y seguían el mismo mé­todo de aferrado que los apagapenoles, es decir, pa­saban por un motón sujeto a la verga, seguían vertical­mente hacia arriba hasta la cofa, en donde había otro motón, y de allí bajaban di­rectamente a la cubierta.

La jarcia 9

Esquema de la jarcia típica de una vela cuadra moderna. El detenido estudio y comprensión de la maniobra que cada cabo impri­me a la vela permitirá al aficionado afrontar sin inconvenientes el montaje de las velas de este tipo, ya que -salvo ligeras varian­tes- ha sido la jarcia típica de los veleros durante varios lustros.

A propósito se ha dejado de mencionar dónde se ama­rraban todos los cabos men­cionados, puesto que existe también una norma genéri­ca. Las escotas se amarra­ban en los cabilleros latera­les en cabillas perfectamente determinadas. Los chafalde­tes, los apagapenoles y los brioles se amarraban por este mismo orden en los ca­billeros laterales.

Por ello resultaba que en los cabilleros laterales se amarraban chafaldetes, apa­gapenoles y brioles de ma­yor, chafaldetes, apagape­noles y brioles de gavia, para seguir en el mismo orden con las demás velas, desde la más baja a la más alta. Si se tiene en cuenta este or­den -por lo demás, siempre respetado estrictamente en los buques- el trabajo que se realiza con la jarcia resul­tará más fácil. Pero también se comprenderá por qué en los buques, en el momento de efectuar una maniobra, no haya confusiones de cabos, ya que los evitará el orden establecido desde tiempos muy antiguos. A titulo de anécdota existen varias canciones marineras que emplean el sonsonete reiterativo de: chafaldetes, apagapenoles, brioles. Para una mejor comprensión se ha resumido -siempre en esquema- esta jarcia en la figura 9.

La jarcia 10

Esquema de cómo se amarraba un estay de foque a principios del siglo XIX. Obsér­vese la forma y posición del yugo sobre el bauprés.

Aunque los rizos no suelen incluirse en la jarcia, si son una parte integrante de la vela. Consisten en cabos que permiten reducir la superfi­cie de la vela cuando el viento es excesivamente fuerte.

Tirando de la jarcia antedicha, la vela forma una serie de pliegues y reduce su superficie. Para mantener esta superficie reducida, los rizos -que atraviesan la ve­la- se atan con un nudo do­ble sobre la verga, resultan­do así una vela de menor superficie que soporta mejor los esfuerzos del fuerte vien­to y da más manejabilidad al buque.

En síntesis, éstas son las partes esenciales -casi se diría imprescindibles- de la jarcia, tanto fija como móvil. Se insiste -incluso a fuerza de reiterativos- en unas normas genéricas a fin de que el aficionado iniciado sepa por qué de los cabos pacientemente colocados día a día. Sólo sabiendo su uti­lidad podrá conseguir un modelo al abrigo de cualquier critica, ya que -no se olvide- el modelismo naval tiene tanto de habilidad co­mo de investigación.

Acerca de richar3000 (686 artículos)
trucos y manualidades