Modelismo naval.- La jarcia: Los mástiles.- Manualidades navales.

Modelismo naval.- La jarcia: Los mástiles.

Todos los modelistas caracterizados coinciden en opinar que el modelismo naval comporta tanto de estudio y conocimientos como de habilidad; es más, en el caso límite se cita el estudio, el conocimiento del buque, antes que la habilidad.

Los mástilesAl tratar aquí hoy de la jarcia, y concretamente de la arboladura, se sigue una directriz distinta a la del artículo publicado con anterioridad.

Ahora vamos a hacer un poco de historia de la arboladura convencional que ayude a la mejor comprensión de las piezas que el aficionado que se inicia debe construir si se trata de un modelo de construcción propia o manejará si se trata de un Kit.

Máxime cuando la arboladura -los pa­los-, además de ser la parte más visible del modelo, es aquella en la cual la vista se posa instintivamente. Por ello su acabado debe ser esmerado tanto en pulcritud de trabajo como en detalles.

Recibe el nombre de jarcia el conjunto de ar­boladura, vergas, drizas, etcétera, que constituyen los elementos indispensa­bles para el manejo del elemento motor del vele­ro: las velas.

Los mástiles.

Hasta principios del si­glo XVI no fue problema conseguir árboles rectos para los mástiles de una sola pieza. Pero cuando las naves aumentaron de tonelaje y la arboladura necesitó mayor altura, los mástiles se construyeron con varias piezas cuida­dosamente ensambladas siempre.

Por lo general, los más­tiles se componían -en altura- de tres piezas: el palo macho, al que seguía en altura el mastelero y finalmente el mastelerillo o bien él mastelero de juanete.

Cada una de estas pie­zas recibe el nombre se­gún su situación; por ejem­plo, mastelero de trinquete, mastelerillo de mayor, etc. Sólo el palo macho reci­bía el nombre genérico de su posición: trinquete, mayor, mesana… En na­ves de gran porte seguía aún un cuarto mástil, el mastelerillo de sobrejuanete, y a veces un quinto, el mastelerillo de sosobre, ambos siempre con la de­nominación del palo correspondiente.

Al montar un modelo de construcción propia o kit, el modelista debe tener presente dos cosas: la altura del palo sobre el puente y su evidente incli­nación.

La altura de los mástiles está perfectamente esta­blecida y es un error pretender mejorar la esbeltez de un modelo aumentan­do la altura de los mástiles, ya que, si llegase a cons­truirse, volcaría con la quilla al aire al menor so­plo.

También la inclinación o lanzamiento de los palos seguía reglas depuradas; por tanto, no se trataba de una cuestión orna­mental, ya que, desde los tiempos de las carracas y de las carabelas, los palos se abrían, uno con respecto al otro, en forma de abanico por su parte superior, a fin de que el cordaje soportase mejor el tremendo esfuerzo del viento sobre el velamen. Así, pues, unos mástiles perfectamente verticales y paralelos no siempre son señal de perfecto acabado.

Vistos desde uno de los extremos del modelo, los mástiles deben quedar perfectamente alineados y verticales, sin aceptar tolerancias.

Los mástiles 1Un sistema siempre ideal para conseguir este re­sultado se usaba en los barcos reales, consistente en practicar los aguje­ros del puente algo ma­yores de lo que les co­rresponderían (1 mm apro­ximadamente). En casi todos los buques america­nos, ingleses y franceses era octogonal el mástil hasta1 msobre el puente; así, con pequeñas cuñas de madera impregnadas en cola, empotradas cui­dadosamente, se corregi­rá la inclinación del más­til hasta obtener la vertical y la alineación claramente deseadas.

En cuanto al lanzamien­to, un buen sistema pue­de ser unas plantillas de forma triangular o trape­zoidal obtenidas calcan­do el palo y el perfil del puente del plano vélico, el cual, a guisa de falsa es­cuadra, permitirá trans­portar sobre el modelo la inclinación del palo. Un cateto será el perfil del puente y la hipotenusa dará la inclinación del mástil (figura. 1).

En navíos antiguos, la parte posterior del palo macho comportaba ador­nos esculpidos. En mode­lismo, este trabajo se rea­liza tallando el palo con cuchillas para modelismo semejantes a bisturís; pero nunca debe ador­narse la parte delantera de los palos, la cual no sólo era totalmente lisa, sino que se protegía con manteletes para evitar el desgaste producido por el roce constante de las velas bajas.

Los mástiles 2Los manteletes tenían un espesor de 4 o 5 cm, por lo cual deberán tra­bajarse mucho estas pie­zas para no salirse de es­cala. Igual sucede con las bandas, cinchas de hierro que sujetaban los manteletes.

Estos se confeccionan con las finas hojas de madera de cedro que recubren los cigarros puros; las bandas se ha­cen con filetes de papel de estaño debidamente pintados. Según qué es­calas bastará el grueso de la pintura para simularlas, ya que su volumen es de unos 2 o 3 cm (figura. 2).

Ciertos navíos solían reforzar los palos con unos atados -reatas-, también usados para re­forzar los palos encastra­dos en varias piezas. La cantidad de reatas varia­ba entre 10 Y 20 en el palo mayor y menos en los otros. Se iniciaban como1 msobre el puente y lle­gaban hasta las cacho/as; piezas de las que se trata más adelante. El grueso del cabo de las reatas era de unos 5 ó6 cm. En cuanto al número de vueltas, seguíase una regla empírica: la altura de la reata era casi siempre igual a la mitad del grosor del palo.

En el modelo a escala suele usarse hilo de lino de grueso correspondiente al diámetro citado imi­tando la soga a tamaño natural. Marcar en el palo macho la situación de las reatas. Poner un poco de pegamento y con el hilo proceder al atado como se indica en la figu­ra 3. Dar al conjunto dos manos de pintura negra mate muy diluida y, si se trata de un modelo gran­de, pasar un poco de cera natural con un trapo de fieltro para compensar asperezas. Generalmente las reatas se alternaban con bandas de hierro se­mejantes a las ya descri­tas. Aunque es un trabajo aparentemente aburrido, confiere un aire de época al modelo que lo mejora, siempre que se siga lo expuesto en los planos sobre cantidad y separa­ción de las reatas.

El calcés.

Los mástiles 11Una vista de la parte supe­rior de los mástiles de un modelo antiguo, en la que pueden observarse el detalle y la disposición de las cofas y de los calcés

Conjunto de piezas que unen los extremos superior e inferior, res­pectivamente, de sendos mástiles para que efec­túen las funciones de uno solo.

Las cacho/as, piezas de base del calcés, pla­nas, de forma sensible­mente triangular, iban encastradas y fuertemen­te abulonadas a ambos lados del palo, paralelas entre sí. Sobre el borde superior de las cacholas se colocaban los baos, prolongación horizontal de las cacholas, que a su vez llevaban unos encajes destinados a recibir las crucetas. Estas tenían la función de reforzar el conjunto y formar los encajes para ambos palos, a la vez que soportar las cofas, de las cuales se hablará algo más ade­lante.

Finalmente, el tambo­rete remataba física y me­cánicamente el conjunto, encastrado de forma que quedase inmovilizado so­bre el extremo del palo más bajo y con un agujero para permitir el paso del palo al­to, sujetándolo fuertemente. A este conjunto se añadían dos robustas piezas llamadas almohadas, apo­yadas sobre el baos y el mástil, y cuya función era la de resistir la presión de los obenques acollara­dos alrededor del mástil bajo. Se hacían de maderas duras y se sus­tituían cuando estaban algo des­gastadas.

Los mástiles 4Al construir los calcés, en el mo­delo se encastran primero las ca­cholas en los laterales del palo ma­cho, procurando que dichos en­castres sean idénticos, encalando y reforzándolas con alfileres corta­dos a modo de clavos. Prestar es­pecial cuidado de que las cacholas queden perfectamente paralelas entre sí y de que la veta siga una diagonal para mayor robustez, ya que se trata de piezas pequeñas (figura.4).

Debe observarse en los planos la forma y sección de los baos, ya que solían ser redondeados por su parte anterior y se afinaban hacia popa. Es recomendable, así como con las cacho las, trabajarlos con­juntamente para que sean idénti­cos. Ciertos modelistas emplean el sistema de unir ambas piezas entre si con un ligero to­que de cola o con peque­ños clavitos; una vez ter­minada la pieza, se desen­colan con facilidad o se retiran los clavitos. Tam­bién puede usarse una morsa de tamaño adecua­do. De este modo se tra­bajan ambas piezas como si fuese una sola, consi­guiéndose con este medio que sean idénticas.

Las crucetas no ofre­cen dificultades, puesto que son piezas sensible­mente rectangulares que se cortan de un mismo listón previamente escua­drado a la medida indi­cada en el plano. Una vez cortadas y acabadas se rebajan entonces ligera­mente los bordes inferio­res y se afinan los extre­mos.

Los mástiles 5Sólo cuando están to­talmente terminadas las crucetas se procede en­tonces a sus propios en­cajes en los baos median­te una lima cuadrada de joyero, todos a la misma profundidad y suficientes para que las crucetas queden al mismo nivel que el borde superior de los baos. El grueso de las crucetas suele ser la mi­tad del correspondiente a los baos.

Sólo ahora debe proce­derse a presentar y en­samblar definitivamente el conjunto mediante cola blanca, procediéndose a quitar el sobrante con un trapo algo más que hú­medo (figura. 5).

En el modelo, el tam­borete es una pieza de madera con dos agujeros, uno’ cuadrado y otro cir­cular, aunque por su tamaño resulta muy frágil. Es, pues, conveniente practicar primero los agu­jeros y luego recortar la pieza a la medida conve­niente mediante sierra de calar o tratarla con el dis­co rígido de la máquina universal.

Los mástiles 6Se empieza por el agu­jero cuadrado, a partir de un taladro de diámetro ligeramente más pequeño que el lado del agujero, para retocar y conver­tirlo en cuadrado median­te lima de joyero; luego se taladra el agujero redon­do a la medida conve­niente (figura. 6).

Referente a palos y a calcés debe tenerse pre­sente la norma siguiente: cualquiera que sea la in­clinación de los palos, los baos y los tamboretes son siempre paralelos a la lí­nea de flotación. No todos los calcés de un mismo palo son iguales: los cal­cés de mastelero y de mastelerillo no suelen lle­var cacho las ni cruceta trasera. Finalmente, en general no existían calcés entre el mastelerillo de sobrejuanete y el maste­lerillo de sosobre, ya que solían ser entonces una misma pieza.

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Los mástiles 7Hasta el segundo ter­cio del siglo XVIll, el palo mayor entre los palos era el de mayor diámetro, siguiéndole en grueso el trinquete y la mesana. Los masteleros, mastele­rillos y vergas eran tam­bién menores en propor­ciones similares. Sólo la observación de los planos indicará las proporciones exactas. Los masteleros y demás palos superiores no tenían casi conicidad. Las figuras que ilustran el texto orientarán al lector sobre la conformación de palos y calcés supe­riores (figuras. 7 y 8).

Las cofas.

Eran plataformas que en los barcos mercantes servían de descanso a los hombres que trabaja­ban en las velas altas. En los barcos de guerra eran una posición especial por lo elevado, para que fusi­leros y mosqueteros do­minasen con su fuego, tanto la cubierta enemiga como la propia en caso de abordaje. La cofa co­menzó siendo una canas­ta de mimbre que prote­gía al vigía y sufrió gran­des modificaciones de forma, tamañas y materia­les. La que llega a nues­tros días es la que se adoptó a principios del siglo XIX.

Los mástiles 8La cofa se componía de gran número de piezas, siendo las principales el aro exterior, una regala posterior y un enjareta­do.

También era muy di­ferente la cofa del navío mercante del de guerra, donde el tamaño y la ro­bustez eran decisivos debido a su empleo; pero siempre atendiendo al desgaste de las velas, ­eran redondeados en su parte delantera.

A veces se reforzaba con unos listones dispuestos radialmente sobre el enjareta­do o las tablas.

Es comprensible que, de no tratarse de un mo­delo como mínimo de escala 1/50, resulta ver­daderamente dificultoso modelar una cofa. Es re­comendable trabajarla co­mo si se tratase de una sola pieza, en la que, me­diante punzones, cuchi­llas o herramientas simi­lares, lograremos sus de­talles.

Los mástiles 9Proceder a recortar una pieza de madera terciada (muy adecuada para las cofas) de las medidas dadas en los planos. Di­bujar y taladrar las bocas de lobo, agujeros rectan­gulares por los que pa­sarán las sogas de los obenques; ajustar estos agujeros a su medida me­diante limatones y final­mente rayar los detalles que figuran en los planos (enjaretado, tablillas, etc.). Finalmente, un filete de papel, pintado con tinta china negra y encolado sobre el borde, todo al­rededor, simulará perfec­tamente un evidente aro exterior. .

No se descarta tam­poco que, en vez de rayar la cofa para simular su tablazón, se forre con filetes de ebanista. Si se insiste en la madera ter­ciada es porque ésta se adapta muy bien al traba­jo que deberá realizar luego esta pieza, como soportar el esfuerzo de los obenques superiores.

Los mástiles 10Las maderas blandas o quebradizas pueden dar al traste con el trabajo de varios días. 

Tener presente que la confección de una cofa es un trabajo relativamen­te fácil, pero ha de ser esmeradísimo, ya que cualquier irregularidad en su simetría salta en segui­da a la vista.

También debe cuidarse el escua­drado de los ángulos de la boca de lobo por la misma razón.

En conclusión, creemos que cuando se compren­de el qué y el porqué de un mecanismo, su reali­zación resulta más per­fecta. Puede que un mo­delo de barco a escala «resulte bonito», con tal que el trabajo sea esme­rado; pero cuando en un modelo de barco ya exis­te de por sí trabajo largo y laborioso, no es nada costoso añadir un poco más de atención para que el modelo, además de decorativo, sea un verdadero objeto de admiración.

Los mástiles 12El extremo superior de los mástiles se remataba con una pieza llamada galleta, que presentaba forma de media esfera achatada, la cual se encajaba en el palo.

Su diámetro era doble del que tenía el extremo del palo y solía pintarse de colores que permitieran bien clara­mente la diferenciación del buque.

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