Para dejar de beber gradualmente

Ha llegado, pues, el momento de limitar su inges­tión de alcohol. No es difícil conseguirlo. El primero y más importante paso es desear redu­cirla. Aun cuando le parezca que está sano en este momento, debe considerar el futuro.Si llega a beber un promedio de un litro de cerveza diario, o su equivalente en vino o licores, está poniendo en peligro su salud.

Ha llegado pues, el momento de limitar su inges­tión de alcohol. No es difícil conseguirlo. El primero y más importante paso es desear redu­cirla. Aun cuando le parezca que está sano en este momento, debe considerar el futuro. (Si desea reducir el consumo alcohólico, pero no puede, acepte la posibilidad de que la bebida se está convirtiendo en un problema serio para usted, y que debe buscar consejo en una organización como Alcohólicos anónimos.) En este artículo, sugerimos el modo de disminuir la bebida sin renunciar por comple­to al placer de beber en las reuniones.

Efectos del alcohol a niveles ascendentes.

Utilizando los resultados obtenidos de pruebas de sangre, y después de observar el comporta­miento de un grupo representativo de personas con alcohol en el torrente sanguíneo, los investi­gadores médicos han elaborado la siguiente guía de los efectos probables de distintos niveles alcohólicos en el individuo medio. En ella se supone que las cantidades mencionadas fueron ingeridas por una persona de unos 70 Kg. de peso. Si usted pesa menos, modifique la canti­dad que bebe de acuerdo con ello.

Utilizando los resultados obtenidos de pruebas de sangre, y después de observar el comporta­miento de un grupo representativo de personas con alcohol en el torrente sanguíneo, los investi­gadores médicos han elaborado la siguiente guía de los efectos probables de distintos niveles alcohólicos en el individuo medio.1 jarra (0,50 L – 1 L) de cerveza. (2 whiskys sencillos).

Sus efectos parecerán desdeñables, pero la capacidad de juicio se altera ligeramen­te y se tarda algo en reaccionar a los es­tímulos.

1 ½, jarras (3 whiskys).

Sensación de felicidad y calor. La capacidad de enjuiciar disminuye de modo perceptible cuando las inhibiciones empiezan a desapa­recer.

2 ½ jarras (5 whiskys).

A este nivel, el riesgo de sufrir un accidente se multiplica por cuatro.

5 jarras (10 whiskys).

Las tendencias exuberantes y agresivas se acrecientan; se habla con lengua estropajo­sa y hay una acusada pérdida del autodomi­nio. La probabilidad de un accidente de tráfi­co es 25 veces mayor de lo normal.

6 jarras (12 whiskys).

Visión doble o borrosa, pérdida de equilibrio y competencia mental muy disminuida.

12 jarras (Tres cuartos de botella de whisky).

Pérdida de la consciencia.

1 botella de whisky.

La muerte por intoxicación alcohólica se hace cada vez más probable.

Se entiende que la consumición de bebidas ocurre en pocas horas.

Impóngase límites razonables.

Propóngase no exceder de cierto número de copas cada vez, y aténgase a su decisión. Un promedio no superior a dos cervezas o cuatro whiskys al día será el límite seguro. De esta manera se habrá demostrado a sí mismo que puede dominar su apetencia de bebida si se ajusta a ese límite regularmente y nunca lo quebranta.

Aprenda a decir no.

Con harta frecuencia, muchos bebemos «sólo un poco más» porque los otros toman otro trago, o porque alguien insiste, y no porque deseemos de veras beber. Cuando alcance el límite sensato que se ha propuesto, rehúse con educación y firmeza sobrepasarlo. Si es usted el anfitrión, sírvase un vaso de agua o de jugo de frutas, nadie se percatará de la dife­rencia.

Beba despacio.

No beba nunca de un trago. Elija las bebidas por su aroma, no por su «potencia» y saboree lentamente cada sorbo.

Si prefiere los licores a la cerveza, agüe sus bebidas. En vez de engullir la ginebra o el whisky solo -o casi, como en los cócteles-, dilúyalo en agua tónica, agua o sifón, en un vaso alto. Así disfrutará del aroma, además del mero acto de beber, y necesitará más tiempo para terminar la bebida. Podrá tomar tres o cuatro copas relativamente flojas durante la velada.Diluya las bebidas.

Si prefiere los licores a la cerveza, agüe sus bebidas. En vez de engullir la ginebra o el whisky solo -o casi, como en los cócteles-, dilúyalo en agua tónica, agua o sifón, en un vaso alto. Así disfrutará del aroma, además del mero acto de beber, y necesitará más tiempo para terminar la bebida. Podrá tomar tres o cuatro copas relativamente flojas durante la velada.

No beba solo.

Limite la bebida a las reuniones sociales. A veces cuesta resistir la tentación de consumir una bebida relajante al final de un día muy ocupado; pero muchos antiguos grandes bebe­dores han comprobado que una taza de té o una bebida sin alcohol satisface esa necesidad igual que un whisky o una ginebra, y que la bebida alcohólica era sólo un hábito. Lo que realmente le ayuda a relajarse, incluso sin recurrir al alcohol, es un asiento cómodo, aflojarse la ropa o quizá escuchar un disco, presenciar un programa de televisión o leer un buen libro.

«Resacas» y creencias populares.

Su estado después de una velada de libaciones depende­rá de su constitución, que apenas usted puede modifi­car, y de cuánto haya bebido. La mayor parte de las bebidas alcohólicas contiene sustancias llamadas aditi­vos, que se añaden para darles color y aroma. Los aditivos de las diversas bebidas se combinan con la cantidad de alcohol, y dan a las libaciones un «potencial de “resaca”». El coñac, el whisky y los vinos tintos producen los peores resultados. La ginebra y la vodka contienen pocos aditivos, y, por lo tanto, los causan más leves. Fumar mientras se bebe parece que contribuye a empeorar la «resaca».

Cuando no se consigue prevenirla, la mejor cura es el descanso. Como el alcohol es una droga diurética, que incrementa la expulsión de la orina, usted debe compen­sar la pérdida de líquidos corporal bebiendo tanta agua como le sea posible después de una francachela. Si tiene fuerte dolor de cabeza, tome paracetamol en vez de aspirina (ésta exacerbará su irritado estómago).

Creencias populares sobre el alcohol.

Existe cierto número de creencias tradicionales sobre la bebida, que muchas personas tienden a dar por verda­des sentadas. Quizá la experiencia personal le haya «demostrado» que algunos de tales asertos son cier­tos. Pero ¿existe prueba médica de su validez? Lea, por favor:

1 «Es peligroso mezclar las bebidas (por ejemplo, tomar cerveza después de whisky o vino después de ginebra).» No existe prueba de que mezclar las bebidas produzca más daño a la larga al organismo que atenerse a una sola clase. No obstante, parece más segura la «resaca» cuan­do se mezclan.

2 «Beber café negro despeja.» Es una verdad parcial. Cualquier líquido que tome contribuirá a contrarrestar el efecto diurético del alcohol,  un estimulante suave como el café (que contiene cafeína; compensa en parte el efecto depresivo del alcohol. Pero «nada» acelera el ritmo de eliminación del alcohol de la corriente sanguínea.

3 «Un clavo saca otro clavo.» Si toma un trago a la mañana siguiente, acaso se sienta algo mejor por dos razones. Primero, l líquido adicional ayuda a invertir el efecto deshidratante del alcohol, una de las causas de la «resaca». Segundo, el dolor de cabeza característico puede deberse en parte a un cambio repentino en la concentración alcohólica que baña el cerebro, y beber al otro día tal vez aporte suficiente alcohol para que el cambio sea más gradual. Pero si advierte que se ve forzado con frecuencia a recurrir a esta cura, las resacas representarán probablemente un síntoma de abstinen­cia de la adicción al alcohol. Es claro aviso de que tiene un problema alcohólico y de que debe solicitar ayuda para combatirlo.

4 «El mejor remedio para combatir el frío intenso es un buen trago.» Por ser vasodilatador, el alcohol, efectiva­mente, produce una agradable sensación de calor, debi­da a la afluencia de sangre a los tejidos superficiales del cuerpo. Pero esta desviación de corriente sanguínea de los órganos internos aumenta en realidad el riesgo de enfriamiento y de la hipotermia.

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