Sabías que el arte es la expresión de un ideal de belleza en las obras humanas

El arte es la expresión de un ideal de belleza en las obras humanas, en especial en el dominio de las bellas artes o artes plásticas: pintura, dibujo y escultura.

Hace unos quince mil años, un hombre pintó un bisonte en las paredes de una gruta prehistórica. Al cabo de ciento cincuenta siglos, esa pintura todavía existe.

El arte en busca de la bellezaBisontes de Altamira (Santander, España). Estas pinturas inician la policromía en el «arte de las cavernas» los colores no son simples yuxtaposiciones, sino que se obtienen por mezcla.

Y nosotros admiramos el arte de ese antepasado  tan lejano en el tiempo y, sin embargo, tan próximo gracias a la figura que nos ha dejado.

A partir de aquel entonces, a pesar de las guerras, de las catástrofes, de las agitaciones de la historia, el hombre ha continuado sin reposo esa ocupación misteriosa: crear belleza.

El arte en busca de la belleza 1Siva Vinadhara, divinidad en bronce del sur de la India (siglo)XI). Las estatuas hindúes son notables por la expresividad de los cuerpos y por la gracia ondulante con que está representado el movimiento.

El placer de pintar.

Las pinturas de Lascaux o de Alta­mira figuran entre las más antiguas manifestaciones de arte.

Hasta ese momento, el hombre, dedicado por completo a subsistir en un mundo hostil, sólo fabrica objetos útiles, en especial instrumentos de piedra talla­da.

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El arte en busca de la belleza 2Capitel de la catedral de Autun (siglo XlI): «La huida a Egipto.» Esta escultura del románico en altorrelieve es obra de Gislebertus, uno de los pocos artistas de la época cuyo nombre ha llegado hasta, nosotros.

Sus primeros dibujos todavía tie­nen fines prácticos: se trata de repre­sentar a los animales que caza para alimentarse con su carne o para de­fenderse de ellos.

A veces, los dibuja heridos de un flechazo e imagina que así adquiere sobre esos animales una especie de poder mágico, que le permite abatirlos con mayor facilidad.

El arte en busca de la belleza 4La Dama de Elche es una de las más bellas piezas de la escultura ibérica. Museo del Prado, Madrid.

Pero, estudiando esas pinturas, se comprueba que el dibujante se ha to­mado más molestias de las que eran 3 precisas: ha ordenado su composi­ción de una forma determinada, y ha buscado colores y rasgos expresivos.

Una especie de juego, en el sentido más noble, es lo que le ha hecho cui­dar con todo esmero la belleza de una imagen que ya no tiene como simple objetivo hacer más provechosa la caza. Sin darse mucha cuenta, el hom­bre de Lascaux y de Altamira se esfor­zaba ya en crear una obra de arte.

Un acto religioso y mágico.

Más tarde, los hombres tuvieron re­ligiones organizadas: entonces, por medio de estatuas o de pinturas, re­presentaban a los dioses que adoraban, a fin de tenerlos siempre presen­tes a su lado y de obligarlos así a mos­trarse favorables. Las estatuas de las divinidades se convirtieron en ídolos: se las adoraba como si verdadera­mente fueran los dioses que represen­taban.

El arte en busca de la belleza 3Sac 5 P (1953), de Alberto Burri (nacido en 1915) El artista busca, en este caso por medio de la tela de yute, una textura distinta de la del óleo tradicional.

El arte era también un modo de vencer a la muerte y de hacerla me­nos cruel: el difunto revivía en la imagen. En esa idea está el origen de una gran parte del arte del antiguo Egipto.

La religión judía enseñaba que no se podía representar a Dios, puesto que era invisible. Los cristianos, por su parte, creían en Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Naturalmente se sintieron impulsados a represen­tarlo con su madre la Virgen María. Esas estatuas y esas pinturas no eran ídolos: los fieles no las adoraban. Servían simplemente para fortificar su fe a través de unas imágenes que evo­caban los misterios de su religión.

El arte en busca de la belleza 12Composición abstracta (1959), de Serge Palia, (1906-1969). Juego de superficies bicolores, recortadas como en un puzzle.

Un método de enseñanza.

Por medio de la creación artística los hombres se transmitían también su saber. Enseñaban a los menos ins­truidos los conocimientos para ellos más importantes, y les daban una explicación del universo y de su des­tino.

Los frescos* y las esculturas de las iglesias* románicas y góticas no están allí para embellecerlas simplemente. Los artistas de la Edad Media se apli­caron a contar la Biblia» a las gentes del pueblo que no sabían leer, ya en­señarles así los principios cristianos. Por ello, las pinturas y las esculturas de esa época pueden compararse con un gran libro ilustrado. 

El arte en busca de la belleza 14Escriba sentado en caliza coloreada (hacia 2600 a. de J.C.). Importante personaje del Alto Imperio egipcio, el escriba está representado en toda dignidad de su función, Museo del Louvre. París.

Un lazo entre los hombres.

El arte, pues, responde siempre a una profunda necesidad de la socie­dad en la que nace. Cabría preguntarse si ello es cierto todavía en el arte actual, como lo fue en el de siglos pa­sados.

Si miramos un cuadro abstracto de un pintor próximo a nosotros, como Serge Poliakoff (1906-1969), ¿qué vemos? Grandes formas coloreadas que se organizan en un gran «puzzle» y que no «representan» nada. Sin em­bargo, el artista ha sentido la necesi­dad de pintar esa tela de ese modo y no de otro cualquiera. Su cuaderno de apuntes descubre que antes ha tan­teado, ha buscado las formas y los co­lores que más le convenían.

El arte en busca de la belleza 15Ulises devuelve Criseida a su padre, por Claude Gellée, llamado «Claudio de Lorena» (1600-1682), uno de los maestros de la escuela francesa de la época clásica. Museo del Louvre, París.

Por lo tanto, tenía algo que decir. Y lo ha di­cho pintando, como un músico lo ha­bría hecho componiendo: con su lenguaje particular, lenguaje que le per­mite expresar lo que simples palabras serían incapaces de traducir. He ahí en qué punto coincide ese cuadro contemporáneo con el arte tradicional  Es «religioso» en el sentido eti­mológico de la palabra, puesto que «religa» (ata, reúne) a los hombres en el gozo de contemplarlo. Es, en fin, una enseñanza o un testimonio, lo que en el fondo viene a ser lo mismo: toda su experiencia, todo lo que había en él de más profundo, el pintor lo ha pues­to aquí, en su obra.

El arte en busca de la belleza 13Hermes llevando a Dionisos niño, obra de Praxíteles (siglo IV a, de J.C.). Con Fidias y Scopas, Praxíteles es uno de los grandes escultores de la Grecia antigua. Museo de Olimpia.

El misterio de la belleza.

¿Por qué decimos que una estatua o una pintura son bellas? Desde la Antigüedad, los hombres discuten y han escrito sobre este tema gran nú­mero de libros cultísimos, pero sin lo­grar ponerse de acuerdo, porque la belleza tiene mil aspectos. Además, al paso de las modas y de las épocas, el gusto de los hombres cambia: en tiempos de Felipe V la escultura gótica se juzgaba triste y desafortu­nada: a finales del siglo XIX, Cézan­ne y Van Gogh sufrieron la incom­prensión y la hostilidad de la mayoría de sus contemporáneos.

El arte en busca de la belleza 16Una muestra del arte africano: estatuilla femenina en bronce, del arte de Benín. Museo etnográgico de Berlín.

Sin embargo, nosotros sabemos, aunque nos cueste explicarlo, toda la importancia que adquiere en nuestra vida la belleza de un objeto, de un cuadro o de una vieja iglesia.

Pero una obra de arte, por haber sido crea­da por el hombre, conserva siempre una parte secreta, que es la huella de la personalidad de su autor. Ése es el secreto que cada vez tenemos que es­forzarnos en descubrir.

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El arte en busca de la belleza 5Sileno y sátiros, detalle de un bello conjunto de pinturas murales (siglo 1 a, de J C.) que decora una habitación de la villa de «los Misterios», en Pompeya.          

Los grandes artistas nos han ense­ñado a admirar las proporciones de un cuerpo humano y a saborear la ar­monía de un paisaje. Ellos nos han abierto los ojos con respecto al mun­do que nos rodea. Porque, como de­cía el pintor Fernand Léger (1881- 1955), «la belleza está en todas par­tes: en la disposición de vuestras ca­cerolas, en los blancos muros de vues­tra cocina, más incluso que … en los museos oficiales».

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El arte en busca de la belleza 7La creación del mundo (1924). De Fernand Léger (1881-1955), gran pintor de nuestra civilización mecánica.
Las nubes aportan una nota de humor a esta composición geométrica. Museo Fernand-Léger, Biot.  

Las artes y su clasificación.

Al principio, la palabra «arte» tenía un sentido bas­tante más amplio del que hoy le damos. Designaba la manera de hacer las cosas según las reglas creadas y la ciencia adquirida por el hombre. Se trataba, pues, más que nada, de poner en prác­tica un determinado savoir-faire. Pero la multiplicidad de las téc­nicas humanas es tan grande que se tuvo que establecer una clasificación de todas esas acti­vidades,

El arte en busca de la belleza 6Retrato de un desconocido, por Antonello da Massína (1430-1479).
Fue uno de los primero pintores italianos que usó, la técnica flamenca de la pintura al óleo.
Galería Borghese. Roma.

Ante todo, se distinguió entre artes liberales y artes industria­les. Las primeras eran las artes de la inteligencia, aquellas en las que la mano no desempeña ningún papel (a no ser el de sos­tener la pluma para escribir). Así, la Edad Media definió sie­te artes liberales: la gramática, la lógica, la retórica (arte de expresarse), la aritmética, la geometría, la música y la astro­nomía. Nosotros clasificamos hoy estas artes, a excepción de la música, entre las ciencias,

El arte en busca de la belleza 8Los peregrinos de Emaús, de Rembrandt (1606-1669/ Un ejemplo del «claroscuro» bañado por una suave luz dorada. Museo Jacquemart ­André (París).

Las artes industriales, que ahora llamamos artes y oficios, eran las que concernían sobre todo al trabajo manual o me­cánico en donde los conoci­mientos científicos encontraban aplicación práctica.

Hoy se da, en general, el nombre de arte a las actividades creadoras del hombre, y más es­pecialmente a las llamadas be­llas artes: pintura, escultura, arquitectura, grabado, música y danza, Se les suma la poesía. Esta última hay que considerarla en el más amplio sentido de li­teratura en general, porque es del todo evidente que un escri­tor autor de novelas es también un artista. Es conveniente no olvidar el cine «el séptimo arte» para sus fieles y el teatro, Pero ¿qué decir del circo o de la can­ción, que entusiasman a la ma­sa, y de la fotografía, medio de expresión muy de nuestro tiem­po sino que también ellos pue­den ser verdaderas artes?

El arte en busca de la belleza 9Estampa sacada de las Cincuenta y tres etapas de la ruta del Tokaido, del japonés Hiroshige 1797-1858).
4 partir del siglo VIII, los japoneses se convirtieron en maestros de la pintura de paisajes. Museo Guimet, París.

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El arte en busca de la belleza 11Detalle de la Familia Stamary, dibujo a lápiz de Ingres (1780-1867).
Forma en apariencia la más modesta del arte, el dibujo no deja de alcanzar resultados sorprendentes.
Museo del Louvre, París.

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El arte en busca de la belleza 10El concierto campestre atribuido a Giorgione (1477-1510), pintor de la escuela veneciana, Giorgione impregna sus paisajes de lirismo y de poesía.
Igual que Botticelli, introdujo en la pintura los temas profanos.
Museo del Louvre, París. 
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