Sabías que el comercio son compras y ventas

El comercio es la circulación de mercancías, artículos y monedas. El primer medio al que recurrió el hombre para procurarse los bienes que no poseía, fue el robo: le quitaba al vecino lo que necesi­taba. Pero se exponía a ser despojado a su vez.El comercio es la circulación de mercancías, artículos y monedas.

El primer medio al que recurrió el hombre para procurarse los bienes que no poseía, fue el robo: le quitaba al vecino lo que necesi­taba. Pero se exponía a ser despojado a su vez. Los hombres no tarda­ron tampoco en descubrir los regalos de amistad: huéspedes y visitan­tes se ofrecían obsequios mutuamente. Era una primera forma de cambio. Sin embargo, seguía siendo limitada, ya que ese sistema de trueque (intercambio) tenía poca flexibilidad.

Todo cambió el día en que surgió la idea de utilizar un intermediario metá­lico: la moneda de oro, plata o bron­ce. Los metales, fáciles de conservar, dividir y transportar, permitieron mul­tiplicar los cambios hasta el infinito.

Durante siglos, la agricultura fue la principal actividad de una pobla­ción formada en gran parte por cam­pesinos. Estos vivían en circuito ce­rrado; es decir, que consumían lo que producían: gracias a sus cosechas satisfacían sus necesidades alimenta­rias, y ellos mismos se fabricaban arte­sanamente los objetos indispensables.El círculo cerrado.

Durante siglos, la agricultura fue la principal actividad de una pobla­ción formada en gran parte por cam­pesinos. Estos vivían en circuito ce­rrado; es decir, que consumían lo que producían: gracias a sus cosechas satisfacían sus necesidades alimenta­rias, y ellos mismos se fabricaban arte­sanamente los objetos indispensables.

Poco a poco, estas condiciones de vida se modificaron. Los campesinos salieron de su aislamiento. Al querer adquirir las herramientas, los vesti­dos y las mercancías alimentarias que necesitaban, entraron inevitablemente en el circuito de los cambios. Apa­recieron entonces los buhoneros y los vendedores ambulantes, y, después, los mercaderes que se reunían con regularidad en las ferias. Las com­pañías marítimas pusieron la base para los intercambios entre continentes.

Hacia 1850, la evolución dio lugar a una verdadera revolución: el descu­brimiento de minas de oro en Cali­fornia y en Australia ocasionó el alza de los precios, y la expansión de los ferrocarriles mejoró la red de comu­nicaciones. La revolución industrial.

Hacia 1850, la evolución dio lugar a una verdadera revolución: el descu­brimiento de minas de oro en Cali­fornia y en Australia ocasionó el alza de los precios, y la expansión de los ferrocarriles mejoró la red de comu­nicaciones. Paralelamente, la crea­ción de los bancos favoreció el desarrollo del comercio, mientras que las máquinas permitieron acelerar el rit­mo de la producción. Los mecanismos del comercio interior fueron perfec­cionados: las mercancías se enviaron desde los lugares de producción (las fábricas) o de importación (los puer­tos) hasta los lugares de consumo (las tiendas y los mercados).

Por lo tanto, las riquezas no son consumidas por quienes las producen, y la satisfacción de las necesidades de los habitantes se obtiene básica­mente mediante el cambio. La producción se hace inseparable de la distri­bución de los productos: esto es lo que constituye la actividad comercial.

La distribución de los productos también ha evolucionado notablemen­te. Al principio se efectuaba en los comercios situados a lo largo de la calle principal, en el centro de los pue­blos y las ciudades o en la plaza del mercado. Los tenderos vendían de todo, desde productos alimenticios hasta juguetes, pasando por periódi­cos y mercería.De la tienda al supermercado.

La distribución de los productos también ha evolucionado notablemen­te. Al principio se efectuaba en los comercios situados a lo largo de la calle principal, en el centro de los pue­blos y las ciudades o en la plaza del mercado. Los tenderos vendían de todo, desde productos alimenticios hasta juguetes, pasando por periódi­cos y mercería.

Después, los comerciantes se espe­cializaron y suministraron un solo tipo de mercancía (como los carni­ceros o los zapateros) y dieron a sus tiendas un carácter familiar y cordial: era el punto de reunión de las amas de casa.

Algunas tiendas se dedicaron a la venta de productos de calidad y fue­ron llamadas «comercios de lujo»: peleterías, confiterías, perfumerías, et­cétera.

Los comercios de venta al detall se aprovisionan en los mayoristas, que compran y almacenan las mercancías para facilitar su distribución.

Con la fabricación en serie y la co­mercialización masiva aparecieron en el siglo XIX los grandes almacenes. La venta se realiza en enormes in­muebles de varios pisos que reúnen toda clase de artículos. El consumidor, muy solicitado, compra con mayor fa­cilidad; pero los grandes almacenes ya no son un lugar de reunión como las viejas tiendas.

Frente a tal competencia, muchos pequeños comercios han tenido que cerrar, cosa que se aceleró con la apa­rición de los supermercados. Estos almacenes tienen la ventaja de ofre­cer precios más económicos, ya que compran grandes cantidades de gé­nero. Después se abrieron los hiper­mercados, instalados en grandes su­perficies. El centro de las ciudades es abandonado progresivamente, ya que cada vez es más difícil el acceso al mismo; además, el terreno disponi­ble escasea y es demasiado caro. Por tanto, los centros comerciales se sue­len implantar en la periferia de las ciudades, donde pueden ofrecer a sus clientes unas más fáciles condiciones de acceso y de estacionamiento.

La producción de un país no siem­pre es absorbida totalmente por el co­mercio interior. Una gran parte debe ser exportada, es decir, vendida al ex­tranjero. El comercio exterior abarca también las mercancías importadas, es decir, las compradas al extranjero.El comercio exterior.

La producción de un país no siem­pre es absorbida totalmente por el comercio interior. Una gran parte debe ser exportada, es decir, vendida al ex­tranjero. El comercio exterior abarca también las mercancías importadas, es decir, las compradas al extranjero.

El comercio internacional permite obtener artículos o alimentos que no pueden ser fabricados o cultivados en el propio país a causa de sus condi­ciones climáticas o de la falta de mate­rias primas, por ejemplo.

Para que un país tenga una eco­nomía sana, sus exportaciones deben ser tan importantes como sus importaciones. En este caso, se dice que su balanza comercial está equilibrada. Si las exportaciones superan a las im­portaciones, su balanza comercial es excedentaria, lo cual es un signo de la buena marcha de la economía. En el caso contrario, la balanza se llama «deficitaria». Por tanto, los países se esfuerzan en vender lo más posible al extranjero.

Los grandes pueblos comerciantes.

En la Antigüedad, la mayor parte de los intercambios eran asegurados por los cretenses, que pronto fueron suplantados por los fenicios y más tar­de, por los griegos, cuya activi­dad se mantuvo incluso bajo la dominación romana.

En la Edad Media, los italia­nos y los mercaderes de los puertos del norte de Europa (agrupados en la Liga Hanseáti­ca) dominaban el comercio de los países cristianos.

En el siglo XVI, los portugue­ses y los españoles, y un siglo después los holandeses y, sobre todo, los ingleses, impusieron su imperio.

Los árabes, los chinos y los hindúes fueron los colaborado­res comerciales de los países eu­ropeos, pero no se aventuraban en los mares y dejaron que los extranjeros llegasen hasta ellos.

Venta por corretaje y por correspondencia.

En la venta por corretaje los corredores sucesores de los vendedores ambulantes) ofrecen a domicilio sus mercancías (libros, aparatos domésticos, etc.) a sus clientes eventuales.

La venta por correspondencia se efectúa mediante catálogos; el cliente elige escribe, paga y recibe por correo los artículos encargados.

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