Sabías que el lápiz sirve para escribir

El lápiz es un utensilio que sirve para escribir y que está formado generalmente por una mina de grafito contenida en una varilla de madera.

El hombre dibuja desde hace mi­les de años. Pero el lápiz tal como lo conocemos en la actualidad, es mu­cho más reciente.

El niño con la peonza, de Chardin. Una pluma de oca está metida en el tintero, y el antepasado del porta minas asoma por el cajón. Pero el niño parece preferir jugar con la peonza

El niño con la peonza, de Chardin. Una pluma de oca está metida en el tintero, y el antepasado del porta minas asoma por el cajón. Pero el niño parece preferir jugar con la peonza.
El lápiz es un elemento esencial de los pertrechos infantiles para los juegos; desde que el niño tiene la edad de asir los objetos, es evidente que disfruta pintarrajeando y garrapateando en un papel… o una pared. Museo del Louvre, París.

En la Edad Media se escribía casi siempre con plumas mojadas en tinta. También se utilizaban estiletes de me­tal más o menos blando (plomo, co­bre rojo), capaces de dejar un tra­zo sobre una superficie plana, así como tubos de cuero dentro de los cuales se había vertido plomo fundi­do. Finalmente también se utilizaba la tiza.

Del grafito al bolígrafo

En el siglo XVI fueron descubiertas en Inglaterra unas minas de grafito o dicho de otro modo, de carbono casi puro. Este mineral graso y blando, ca­paz de dejar una huella sobre el pa­pel, recibió el nombre de plombagi­na o impropiamente, mina de plomo. Los primeros lápices de plombagina o grafito fueron introducidos en Fran­cia bajo el reinado de Luis XIII, y desde entonces son de uso corriente.

A finales del siglo XVIII, la ruptura de relaciones económicas con Ingla­terra ocasionó en Francia una esca­sez de grafito que se intentó paliar sustituyendo éste por otras sustancias. El químico Conté consiguió ob­tener la plombagina artificial, me­diante la mezcla de granito pulveri­zado y arcilla. El producto así obte­nido era insertado en una varilla de madera, con lo que se formaba un lá­piz parecido, en la práctica, a los que usamos en nuestros días.

Las minas de los lápices de colores están compuestas de arcilla mezclada con diversos óxidos metálicos (berme­llón, azul de Prusia, etc.).

Niña dibujando con un rotulador de fieltro. Gracias a las tintas de origen sintético, los rotuladores ofrecen toda la gama de colores y se manejan tan fácilmente como los lápices de mina

Niña dibujando con un rotulador de fieltro. Gracias a las tintas de origen sintético, los rotuladores ofrecen toda la gama de colores y se manejan tan fácilmente como los lápices de mina

Hoy, para el dibujo y para la escri­tura se utilizan también otros ins­trumentos; por ejemplo, el bolígrafo. Fue inventado en 1939, pero no se co­mercializó hasta 1950. Contiene una tinta grasa que fluye cuando la bola de metal duro o cristal que obstruye el depósito efectúa una rotación sobre el papel.

Cómo elegir un lápiz

Según el uso que se pretenda hacer de él, un lápiz debe tener la mina más o menos dura. El grado de dureza está siempre in­dicado con las letras H (du­ro) y B (blando). Además, es­ta letra puede ir acompañada de una cifra comprendida entre el 1 y el 6. Así los lápices más duros están marcados con 6H, luego en orden decreciente de dureza, 5H, 4H, etc., hasta H. Los lápices de dureza media están marcados HB, y los lápices blandos B, 2B, etc., hasta 6B, que es el lápiz más blando.

La madera de los lápices

Los lápices de buena calidad son de cedro, de enebro o de tuya.

Los corrientes son de tilo o de picea.

Los bolígrafos

El húngaro Siro inventó, en 1939, el bolígrafo.

La firma norteamericana Reynolds se dedicó a la fabricación de bolígrafos para satisfacer a los aviadores, que se quejaban de que la tinta de sus estilográficas se derramaba a consecuencia del descenso de la presión atmosférica en la altura. 

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