Sabías que el primer metro se inauguró en Londres en 1863

El metro y los transportes urbanos.

Fue Blaise Pascal quien creó en París las primeras líneas regulares de vehículos destinados al público de una gran ciudad. Sus carrosses a cinq sous («carrozas de cinco cénti­mos», llamadas así en razón de su ta­rifa única) circularon por primera vez en 1662, con cinco recorridos fi­jos. Prohibido a la «gente de baja condición», este medio de transporte poco democrático fue rápidamente destronado por los coches de punto y los fiacres.

Los grandes bulevares parisienses en 1900. Tracción animal y motor competían todavía en la famosa línea de ómnibus con imperial Madeleine-Bastille Museo Carnavalet, París.Los grandes bulevares parisienses en 1900. Tracción animal y motor competían todavía en la famosa línea de ómnibus con imperial Madeleine-Bastille Museo Carnavalet, París.

En realidad, el verdadero nacimien­to de los transportes urbanos data del siglo XIX, con la aparición de los órn­nibus tirados por tres o cuatro caba­llos y que podían transportar a una veintena de personas. Este sistema se desarrolló rápidamente en la ma­yor parte de las capitales europeas: en París, en Londres, en Berlín.

Tranvía de Karachi. Los estudios actuales sobre los problemas urbanos parecen revalorizar este medio de transporte, que es económico y no contaminante. Tranvía de Karachi. Los estudios actuales sobre los problemas urbanos parecen revalorizar este medio de transporte, que es económico y no contaminante. 

Seguidamente, la invención del fe­rrocarril dio origen a los tranvías. Éstos ruedan sobre vías y funcionan con la electricidad que toman de una lí­nea aérea. Los trolebuses están tam­bién conectados, mediante dos troles, a una línea eléctrica; son más mane­jables porque carecen de vía.

Los tranvías van siendo sustituidos poco a poco por los autobuses, pero aún subsisten en algunas grandes ciu­dades.

Transportes subterráneos.

Los autobuses sólo aportan una so­lución parcial a los problemas de la circulación en las ciudades, puesto que también deben contar con los em­botellamientos, lo cual no sucede en el caso de los transportes subterrá­neos, llamados «ferrocarriles metro­politanos» o «metros».

Unidad del metro de la Red Express Regional (R.E.R.) en una estación de París.Unidad del metro de la Red Express Regional (R.E.R.) en una estación de París.

El primer metro subterráneo se inauguró en Londres en 1863. Esta ini­ciativa fue seguida por Nueva York (1868), por Chicago (1892) y, más tarde, por París, donde los trabajos comenzaron en 1898, a pesar de una fuerte oposición y de innumerables dificultades técnicas.

El metro de Ma­drid se comenzó a construir en 1917 y se inauguró en 1919. Cuando conclu­ya el nuevo plan de ampliación, ya muy avanzado, el metro madrileño tendrá una longitud de vía de unos 100 kilómetros, con lo que se conse­guirá que el 85 % del casco urbano quede a menos de 400 metros de una estación de este ferrocarril subterrá­neo. El metro de Barcelona se inaugu­ró en 1924; una vez concluida la am­pliación de la red que ahora se reali­za, tendrá una longitud total de unos 80 kilómetros y 120 estaciones.

El pasillo de una estación del metro de Moscú. Inaugurado en 1935, este metro es una verdadera curiosidad. Las estaciones, situadas a gran profundidad y poco numerosas, son muy altas de techo y están decoradas lujosamente las enormes arañas que las iluminan nos dan la impresión de que nos encontramos en un gran salón de baile.El pasillo de una estación del metro de Moscú. Inaugurado en 1935, este metro es una verdadera curiosidad. Las estaciones, situadas a gran profundidad y poco numerosas, son muy altas de techo y están decoradas lujosamente las enormes arañas que las iluminan nos dan la impresión de que nos encontramos en un gran salón de baile.

Más de cuarenta ciudades, inclu­yendo Buenos Aires y México, poseen metro en la actualidad. Todas estas redes están electrificadas y permiten que los trenes rueden a unas velocida­des medias que varían entre 25 y 35 kilómetros por hora; el metro de San Francisco posee el récord de veloci­dad con 70 kilómetros por hora.

Soluciones radicales.

A pesar de los numerosos progre­sos realizados en este campo desde hace un siglo, la circulación en las grandes ciudades está lejos de ser satisfactoria, porque la mejora constan­te de las redes de transportes colecti­vos (aumento del número de líneas, más comodidad, canales prioritarios para los autobuses) no basta para resolver todos los problemas, que en gran parte se deben a un urbanismo mal controlado (distancias excesivas separan muchas veces los barrios de los lugares de trabajo).

Cochecillos tirados a mano en Hong-Kong Estos taxis de motor humano tienen la ventaja de ser silenciosos y poco voluminosos, y de dar trabajo a una mano de obra no cualificada, pero recuerdan demasiado las prácticas de la esclavitud.Cochecillos tirados a mano en Hong-Kong Estos taxis de motor humano tienen la ventaja de ser silenciosos y poco voluminosos, y de dar trabajo a una mano de obra no cualificada, pero recuerdan demasiado las prácticas de la esclavitud.

Además, por razones diversas y pocas veces justificadas, muchos ciu­dadanos prefieren utilizar su propio automóvil, con riesgo de perder horas en los embotellamientos y de contri­buir a la contaminación de su ciudad, de la que muchas veces son los primeros en lamentarse.

Poco a poco se van proyectando so­luciones radicales (gratuidad de los transportes públicos, prohibición de que los automóviles estacionen en determinados barrios), que son las únicas que pueden terminar con tal si­tuación y resolver un problema que se hace vital en las grandes aglomeracio­nes urbanas.

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