Sabías que Francia es la proa de Europa

Las 22 regiones de Francia, cuya creación fue decidida en 1970. Se organizaron en 1973. Esta distribución tiene por objeto el desarrollo económico de las provincias.Por su privilegiada situación geográfica, en lo que podríamos llamar la proa de Europa.

Las 22 regiones de Francia, cuya creación fue decidida en 1970. Se organizaron en 1973. Esta distribución tiene por objeto el desarrollo económico de las provincias.

Francia se beneficia en todos los dominios, de una triple influencia: atlántica, continental y mediterránea. Es esto lo que explica principalmente la riqueza y originalidad de su patrimonio histórico y cultural, uno de los más valiosos del mundo.

Equilibrio natural.

El relieve de Francia resume bas­tante bien el de Europa, pues reúne los diferentes elementos componen­tes de esta última. Dos cadenas mon­tañosas bordean el país por el este (los Alpes) y por el sur (los Pirineos), mientras que, en el interior, solamen­te el Macizo Central levanta un obs­táculo de altas mesetas, en donde las carreteras y los ferrocarriles penetran difícilmente. Entre estas montañas y los mares que bañan las costas france­sas (mar del Norte, océano Atlántico y mar Mediterráneo), se abren lar­gas cuencas y pasillos formados por llanuras, que constituyen a la vez unos ejes de comunicación (autopis­ta Lille-París-Marsella) y vastas ex­tensiones aptas para la agricultura.

El clima es muy matizado: el tiem­po cambia a menudo, pero la mayor parte del país experimenta la influen­cia del Atlántico, que le da un clima húmedo, con veranos frescos e invier­nos suaves. Sin embargo, el nordeste conoce unos inviernos muy crudos, mientras que las regiones mediterrá­neas tienen unos veranos muy secos y calurosos.

Una granja en la meseta de Larzac, en las Cevenas. Algunos departamentos, como Lozére o Aveyron, están poco favorecidos: carecen de industria y la agricultura es muy difícil; en ellos el éxodo rural es importante. Sin embargo, numerosos cultivadores modernizan sus métodos de explotación y obtienen buenos rendimientos. Estas tierras salvajes no son, como se ha dicho a menudo, un «desierto francés»,Una vocación agrícola.

Una granja en la meseta de Larzac, en las Cevenas. Algunos departamentos, como Lozére o Aveyron, están poco favorecidos: carecen de industria y la agricultura es muy difícil; en ellos el éxodo rural es importante.
Sin embargo, numerosos cultivadores modernizan sus métodos de explotación y obtienen buenos rendimientos. Estas tierras salvajes no son, como se ha dicho a menudo, un «desierto francés»,

Las actividades agrícolas francesas se adaptan a los diferentes tipos de paisaje. El oeste, húmedo y boscoso (con los campos cercados con ha­yas), es favorable a la ganadería, mientras que el campo abierto y fértil del este y de la cuenca parisiense per­mite los grandes cultivos de cereales. Los cultivos más delicados encuen­tran su lugar en las regiones medi­terráneas, en donde las pendientes suelen ser convertidas en bancales.

En contraposición, los recursos del subsuelo, tan necesarios para la in­dustria, son escasos: Francia se ve obligada a importar más de la mitad de la energía, de la cual dependen su desarrollo económico y el mejora­miento del nivel de vida de su pobla­ción. Es cierto que los ríos permiten la producción de electricidad; pero esto no es suficiente, y las demás fuen­tes de energía disponibles no consi­guen remediar la situación: las cuen­cas del norte y de Lorena suministran muy poco carbón (y muy caro), el yacimiento de Lacq no proporciona bastante gas natural y los yacimientos petrolíferos son extremadamente re­ducidos. Sin embargo el subsuelo de algunas regiones (Limousin, Vendée) contiene uranio, hecho que puede ayudar a Francia a ser un gran produc­tor de energía nuclear.

El valle del Aisne, en las Ardenas: un paisaje agrícola típico de la Francia septentrional, con un pueblo apiñado y rodeado de campos abiertos y prados.El valle del Aisne, en las Ardenas: un paisaje agrícola típico de la Francia septentrional, con un pueblo apiñado y rodeado de campos abiertos y prados.

La historia de Francia.

Hace más de cinco mil años que los hombres empezaron a talar los ár­boles de los inmensos bosques que cu­brían el actual territorio de Francia, con el fin de desarrollar progresiva­mente las actividades agrícolas. La antigua Galia, ocupada por diversos pueblos, fue codiciada a la vez por ro­manos y por germanos.

Aprovechándose de los desórdenes provocados por las invasiones germá­nicas, Julio César emprendió con éxi­to la conquista del país, que culminó en el año 52 a. de J.C. con la rendición de Vercingetórix en Alesia. Los galos, sometidos desde entonces al Imperio romano, hasta el hundimiento de éste, no conservaron más que su religión y la mayor parte de sus costumbres, que también sufrieron, sobre todo en las ciudades, la influencia de los vence­dores.

Del siglo V al siglo VI, las oleadas sucesivas de bárbaros (visigodos, bur­gundios, alemanes, francos) inva­dieron la Galia. Después, Clodoveo, rey de los francos, rechazó o venció a los demás pueblos y se convirtió al cristianismo.

Tras un período de decadencia de­bido a los reyes merovingios, la Galia formó parte del vasto imperio carolin­gio de Carlomagno. Finalmente, en el reparto de Verdún (843), Carlos el Calvo, nieto de Carlomagno, recibió el territorio de Francia occidental (que luego se convertiría en la Fran­cia actual).

Viejas casas de Annecy, Al borde del canal del Thiou. Todas las ciudades francesas cuentan en su centro con un barrio antiguo, más o menos conservado que evoca el pasado.Viejas casas de Annecy, Al borde del canal del Thiou. Todas las ciudades francesas cuentan en su centro con un barrio antiguo, más o menos conservado que evoca el pasado.

Los conflictos de la Edad Media.

A partir de 987, los reyes Capeto (descendientes de Hugo Capeto) se esfuerzan en extender su soberanía sobre la totalidad de Francia. Para ello disponen de un gran prestigio, ya que, después de hacerse consagrar en Reims, son considerados como los elegidos del cielo. Sin embargo, deben luchar en el interior contra los gran­des señores, celosos de sus prerrogativas (es la época feudal), y en el ex­terior, contra la voluntad de expan­sión de los emperadores germanos y de los ingleses.

Los acantilados de Bonifacio, en la punta sur de la isla de Córcega. Con sus montañas cubiertas de matorral, y que caen sobre el mar, la «isla de la belleza» es un importante lugar turístico. Pero también es un departamento mal equipado, cuya población joven emigra hacia las ciudades.Los acantilados de Bonifacio, en la punta sur de la isla de Córcega. Con sus montañas cubiertas de matorral, y que caen sobre el mar, la «isla de la belleza» es un importante lugar turístico. Pero también es un departamento mal equipado, cuya población joven emigra hacia las ciudades.

En el siglo XIII, Francia vive un pe­ríodo particularmente floreciente. Su población (20 millones de habitan­tes) es la más numerosa de la Euro­pa cristiana (39 millones de habitan­tes). Y su prosperidad se manifiesta sobre todo en la actividad de sus fe­rias, en la acuñación de escudos de oro durante el reinado de san Luis (Luis IX) y en la construcción de ad­mirables catedrales góticas (Chartres, Reims, París, etc.).

En el transcurso de los siglos XIV y XV, Francia se encuentra, como cual­quier otra parte de Europa, con gra­ves dificultades. El hambre y las epi­demias (la peste, especialmente, hace estragos), el pillaje debido a las guerras feudales y la lucha contra los ingleses y los borgoñones (guerra de los Cien Años) arruinan al país.

Miniatura del siglo XV La matanza de los «Jacques» (nombre que por burla daban los nobles a los campesinos) en 1358. Esta revuelta del Beauvaisis, como muchas otras fue la expresión de la protesta de los campesinos contra los abusos de los señores y contra las miserias producidas por la guerra. Breve, violenta y mal organizada, fue duramente reprimida: «Los caballeros los abatían a montones y los mataban igual que a bestias.»Miniatura del siglo XV. La matanza de los «Jacques» (nombre que por burla daban los nobles a los campesinos) en 1358. Esta revuelta del Beauvaisis, como muchas otras fue la expresión de la protesta de los campesinos contra los abusos de los señores y contra las miserias producidas por la guerra. Breve, violenta y mal organizada, fue duramente reprimida: «Los caballeros los abatían a montones y los mataban igual que a bestias.»

La unificación.

La amenaza inglesa sirvió para rea­nimar las energías: Juana de Arco rescató Orleans e hizo consagrar a Carlos VII en Reims en 1429. En 1453, Francia se vio totalmente libre de los ingleses. Después, Luis XI (1461-1483) consiguió triunfar sobre el poderoso duque de Borgoña, Carlos el Temerario, cuyas tierras se anexio­nó, incluida Provenza. En 1532, Bre­taña es también anexionada al reino y el poder real se extiende sobre la ma­yor parte de la Francia actual.

Renacimiento y guerras de religión.

El reinado de Francisco I marca el principio de una prosperidad eco­nómica que se manifiesta en todos los campos: el artístico (construcción de los palacios del Loira), el literario (Bellay canta la «dulzura angevi­na»), el científico, el técnico (la imprenta hace su aparición) y el co­mercial (inicio de los grandes descu­brimientos). Es la época del Rena­cimiento.

En el siglo XVI, sin embargo, Fran­cia es gravemente desgarrada por las guerras de religión, que enfrentan a católicos y a protestantes. Enrique IV, con el fin de reconciliar a todos los franceses, concede a los protestantes la libertad de practicar su religión (Edicto de Nantes, 1598). Cuando el rey es asesinado, los protestantes y los grandes señores del reino encabezan nuevos levantamientos. El cardenal Richelieu los reduce de nuevo a la obediencia; pero, después de la muer­te de éste, los parlamentarios descon­tentos y los príncipes ambiciosos ini­cian una verdadera ‘revuelta contra el poder real: la Fronda, que dura de 1648 a 1652.

La monarquía absoluta.

La habilidad del cardenal Mazarino terminó con la Fronda. Y a partir de 1661, el rey Luis XIV tomó firmemen­te en sus manos la dirección del reino e instauró la monarquía absoluta de derecho divino.

Apartando de sí a los nobles, esco­gió sus consejeros entre los burgueses y aseguró su autoridad en las provin­cias enviando intendentes que depen­dían directamente de él. Deseoso, además de obtener una completa uni­dad religiosa, combatió tan vivamen­te a los católicos jansenistas como a los protestantes, a los cuales retiró nuevamente la libertad religiosa, al re­vocarles el Edicto de Nantes, en 1685.

Sin embargo, la política de grande­za del soberano exigía una gran canti­dad de dinero, lo que obligaba al mi­nistro Colbert a esforzarse en enrique­cer el reino desarrollando un activo comercio con los países extranjeros. Pero las guerras amenazaban conti­nuamente el equilibrio del reino. Es­tas guerras, al principio victoriosas, determinaron finalmente el declive de la preponderancia francesa en Europa.

Tapicería del siglo XVII. Luis XIV visitando los Gobelinos. Ayudado por su ministro Colbert, el Rey Sol se esforzó en desarrollar el comercio francés, y mediante la creación de manufacturas en conseguir la industrialización del país. Palacio de Versalles.Tapicería del siglo XVII.
Luis XIV visitando los Gobelinos. Ayudado por su ministro Colbert, el Rey Sol se esforzó en desarrollar el comercio francés, y mediante la creación de manufacturas en conseguir la industrialización del país. Palacio de Versalles.

Hacia la Revolución.

A la muerte de Luis XIV, la socie­dad francesa ya no era sino una cari­catura del antiguo régimen feudal en el cual las tareas estaban repartidas entre los que nutrían el país (el pueblo) y aquellos que aseguraban la gestión y la defensa (la nobleza). Es que, poco a poco, la nobleza ha pasado a intere­sarse más por la defensa de sus privi­legios que por el cumplimiento de su misión. El «tercer estado» (el con­junto de los que trabajan y pagan sus impuestos, en contraposición a la no­bleza y al clero) está hastiado de la monarquía absoluta, que además es condenada por los filósofos del si­glo XVIII (Voltaire, Rousseau).

Los reyes Luis XV y Luis XVI no lograron restablecer las finanzas del reino. En 1789 fueron convocados los Estados Generales, en un intento de resolver el problema. La torpeza de Luis XVI y de los privilegiados (no­bleza y clero) con respecto al «ter­cer estado», transformó esta reunión en una revolución: el 14 de julio el pueblo de París destruye la prisión de la Bastilla, símbolo del absolutismo.

En los meses siguientes, la actitud proclamar emperador e. de Luis XVI, que buscaba el apoyo 2 de diciembre de 1852 de los monarcas extranjeros contra Su reinado, autoritario el pueblo rebelado (huida a Varennes en 1791), provocó su arresto y su condena a muerte: fue guillotinado el 21 de enero de 1793.

Los Estados Generales.

Bajo el Antiguo Régimen, los Estados Generales fueron las asambleas que el rey convocó para resolver ciertos problemas importantes concernientes al Es­tado.

En ellos se reunieron los re­presentantes de todas las provin­cias y de los tres órdenes: clero, nobleza y «tercer estado», Hasta la convocatoria de 1789, los Es­tados Generales no habían sido convocados desde 1614, bajo Luis XIII.

Luis Napoleón Bonaparte, elegido presidente de la República en diciembre de 1848, se hizo se caracterizó por un gran impulso económico pero también por sus guerras en el mundo entero: Crimea (1854- 1856), China (1857- 1860), Cochinchina (1859-1862) y México (1862). El conflicto con Prusia (1870) fue su perdición: su caída tuvo lugar después de la derrota de Sedán.

«Esto no durará siempre». Grabado popular anónimo. En vísperas de la Revolución de 1789 el «tercer estado», aplastado bajo su pesada carga, sufría la indiferencia y las burlas del clero y de la nobleza. Sin embargo muy pronto la situación cambiaría bruscamente. Biblioteca nacional. París.«Esto no durará siempre».
Grabado popular anónimo.
En vísperas de la Revolución de 1789 el «tercer estado», aplastado bajo su pesada carga, sufría la indiferencia y las burlas del clero y de la nobleza. Sin embargo muy pronto la situación cambiaría bruscamente.
Biblioteca nacional. París.

Libertad, igualdad.

La libertad y la igualdad de todos ante la ley, la soberanía nacional y el derecho de propiedad son los princi­pios básicos de la nueva sociedad. El poder político, que pertenecía hasta entonces al rey, se convierte en asun­to propio de unas asambleas elegidas (la Constituyente y, más tarde, la Con­vención). Los periódicos y los clubs (franciscanos, jacobinos) se multi­plicaron. La nobleza y el clero perdie­ron sus privilegios (abolición del régi­men feudal la noche del 4 de agosto de 1789), y una gran parte de sus ri­quezas fueron vendidas como bienes nacionales

Al fracasar los «girondinos», mode­rados empeñados en propagar la re­volución mediante una guerra contra los estados europeos, los «montañe­ses» (ocupaban los escaños superio­res en la Convención) instauraron el Terror para salvar la Revolución que ellos creían amenazada. Enton­ces, los que temían por su vida se sublevaron y guillotinaron a Robes­pierre, jefe de la «Montaña».

Bonaparte y Napoleón.

Seguidamente, Francia atraviesa un período turbulento (Directorio), al que el general Bonaparte, héroe de la campaña de Italia, pone fin median­te el golpe de Estado de 18 brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799). Bonaparte consolida la nueva socie­dad burguesa mediante un Código Civil y firma con el papa un concorda­to que define las relaciones entre Igle­sia y Estado. Después instauró una monarquía autoritaria, tras hacerse coronar emperador, en 1804, con el nombre de Napoleón I. De defensor de la Revolución, Napoleón se convir­tió en conquistador. Y en 1811, «la Francia de los 130 departamentos» se extendía desde Roma hasta Hambur­go. Toda la economía europea es or­ganizada entonces en provecho de Francia. Hasta que las naciones de Europa, instigadas por Inglaterra, se alían contra el Imperio napoleónico, que se hundió en 1815 (desastre de Waterloo).

De Luis XVIII a Napoleón III.

En el siglo XIX, los franceses están políticamente divididos en dos gru­pos: los que admiten las consecuen­cias de la Revolución de 1789 y los que las rechazan.

De 1815 a 1830, los reyes Luis XVIII y Carlos X intentan vanamente res­taurar el poder real y el Antiguo Ré­gimen (época de la Restauración). Después, el rey Luis Felipe, elevado al trono por la revolución de julio de 1830, trata de conciliar la monar­quía y la Constitución republicana, pero deja muy pocos poderes a la asamblea electa. En febrero de 1848 es derrocado por una nueva revolu­ción, que proclama la Segunda Repú­blica. El sufragio universal es institui­do: todos los franceses (exceptuadas las mujeres) de más de veintiún años de edad tienen derecho a voto. Pero el presidente de la República elegido en 1848, un sobrino de Napo­león Bonaparte, pone fin al régimen democrático mediante el golpe de Es­tado de 2 de diciembre de 1851. Y al año siguiente establece el Segundo Imperio, que dirige de manera autori­taria con el nombre de Napoleón III.

Durante los veinte años que dura el Segundo Imperio, Francia conoce un gran desarrollo económico y técnico: la revolución industrial, que marca el comienzo de la mecanización. Pero la política exterior, torpemente dirigi­da por Napoleón III, aísla a Francia, que al fin es vencida por Alemania en 1871. Por tercera vez se proclama la República, pero ahora en condiciones muy precarias: una derrota humi­llante (que hace perder Alsacia y Lo­rena) y  una sublevación popular (Comuna de París), duramente re­primida por Thiers en mayo de 1871.

La insurrección parisiense de «Las tres jornadas gloriosas» (27, 28 y 29 de julio de 1830). Francia conoció, durante el siglo XIX, tres sacudidas revolucionarias, las tres desencadenadas en la capital, que intentaron en vano restablecer una república social: julio de 1830, febrero de 1848 y marzo de 1871 (la Comuna). Museo Carnavalet, París.La insurrección parisiense de «Las tres jornadas gloriosas» (27, 28 y 29 de julio de 1830). Francia conoció, durante el siglo XIX, tres sacudidas revolucionarias, las tres desencadenadas en la capital, que intentaron en vano restablecer una república social: julio de 1830, febrero de 1848 y marzo de 1871 (la Comuna). Museo Carnavalet, París.

La III República.

Sin embargo, este período ve el re­forzamiento del sistema democrático. El Senado y la Cámara de diputados, elegidos por sufragio universal, de­tentan muy pronto más poder que el presidente de la República.

La República hace que se extienda el imperio colonial francés: a Argelia, conquistada desde 1830, vienen a aña­dirse Tunicia, Marruecos y otros vas­tos territorios de África y de Asia (In­dochina).

Las guerras mundiales.

Francia se encuentra prendida en las rivalidades internacionales que provocan la Primera Guerra Mundial (1914-1918), de la cual saldrá victorio­sa, pero agotada.

Veinte años más tarde estalla la Se­gunda Guerra Mundial (1939-1945). En mayo-junio de 1940, Francia es in­vadida por las fuerzas de Hitler. La III República se hunde, y el gobierno huye a Burdeos. El mariscal Pétain toma el poder y se instala en Vichy, donde establece un régimen autorita­rio y de colaboración con el enemigo. Mientras tanto, en el interior y en el exterior, la Resistencia se organiza y contribuye a la liberación de Francia.

Un difícil resurgir.

La IV República, fundada en 1946 por De Gaulle, se diferencia muy poco en sus estructuras de la III. Sus su­cesivos gobiernos se esfuerzan en mo­dernizar la economía francesa, pero tropiezan con graves dificultades, es­pecialmente en las colonias, que re­claman su independencia.

Después de la guerra de Indochina (1946-1954), la de Argelia (1954) provoca la caída de la IV República. El general De Gaulle vuelve al poder y funda la V República en 1958. El nuevo régimen concede la indepen­dencia de las colonias francesas y se esfuerza en asegurar su propia auto­nomía económica y política. Pero las injusticias sociales subsisten y dan ori­gen a una violenta y espectacular ex­plosión de descontento popular, que estalla en mayo de 1968. Al año si­guiente, a continuación de un fracasa­do referéndum, el general De Gaulle abandona el poder. Su sucesor Geor­ges Pompidou, fomenta hasta su muer­te (1974) el desarrollo económico de Francia, pero sin llegar a resolver los problemas que plantea una so­ciedad en completa evolución. Valéry Giscard d’Estaing no consiguió mejorar la situación del país y su sucesor, Fran­cois Mitterrand, socialista, introdujo cambios en la legislación económica, aunque posteriormente modificó al­gunos aspectos de su política inicial.

El Hexágono.

En los artículos de la prensa, la Francia metropolitana (en contraposición con los Departamentos de ultramar y los Territorios de ultramar) suele ser designada con el nombre de «el Hexágono», nombre que proviene del trazado de sus costas y de sus fronteras, que dibujan esquemáticamente un polígono dé seis lados.

Acerca de richar3000 (686 artículos)
trucos y manualidades