Sabías que habían conquistadores y exploradores

Nombre que se da a los exploradores  y conquistadores del Nuevo Mundo, especialmente a los del siglo XVI.

En la epopeya de la colonización española de Iberoamérica aparecen como protagonistas dos clases de hombres, delimitados por el tipo de labor que en el Nuevo Mundo lleva­ron a cabo: los descubridores y los conquistadores.

En el segundo grupo figuran hombres que, como Almagro, Alvarado, Cortés o Pizarro, actuaban independientemente, al frente de sus tropas, entre pueblos hostiles a los que dominaban gracias a su arma­mento, a sus caballos, a su estrategia y sobre todo, a su afán de riqueza y de gloria.

Concluían así la obra que los descubridores dejaron iniciada con el hallazgo de nuevos e inexplo­rados territorios. A menudo, ambos grupos se confunden e interrelacio­nan.

Hubo varios grupos indígenas mexicanos, como los tabasqueños, que secundaron, en un principio, a Hernán Cortés y a sus hombres. Entre ellos se encontraba la famosa india Malinche (o doña Marina), que tanto iba a ayudar al conquistador.Hubo varios grupos indígenas mexicanos, como los tabasqueños, que secundaron, en un principio, a Hernán Cortés y a sus hombres. Entre ellos se encontraba la famosa india Malinche (o doña Marina), que tanto iba a ayudar al conquistador.

Hernán Cortés: de la Noche Triste a Otumba.

Nacido en Medellín (Badajoz) en 1485, en el seno de una familia hidal­ga, Cortés, tras seguir estudios de Le­yes en Salamanca, llegó con sus naves a La Española (hoy Santo Domin­go) en 1504. Intervino en la ocupación de Cuba (1510) y partió en 1518 a la conquista de México con unas fuerzas integradas por 9 barcos, 110 tripulan­tes, 553 soldados, 16 caballos y 14 pie­zas de artillería.

En Tabasco libró su primera batalla en suelo mexicano (1519) y, al tener noticias de la exis­tencia del imperio azteca, ya con la ayuda de la india Malinche (o doña Marina) como intérprete, guía y consejera, inició la ofensiva contra los aztecas secundado por algunos grupos indígenas.

El emperador Moc­tezuma Xocoyotzin no presentó resis­tencia alguna, porque estaba conven­cido de que los españoles eran envia­dos de los dioses. Instalados los inva­sores en Tenochtitlán, la capital azteca, el gobernador de Cuba, rece­loso de la ambición de Cortés, envió una expedición al mando de Pánfilo de Narváez para reducir la acción de aquél.

Mientras Cortés dominaba con facilidad a los expedicionarios, Pedro de Alvarado provocaba la insurrec­ción de los aztecas al hacer ejecutar a sus jefes con el pretexto de haber des­cubierto una conspiración antiespa­ñola. Cortés hizo que el emperador Moctezuma dirigiera unas palabras para calmar al pueblo desde una te­rraza del palacio real.

Pero una piedra lanzada contra el emperador acabó con el principal apoyo que tenían los españoles: aquella misma noche, tras la muerte del soberano, emprendie­ron la huida, pero hubieron de librar una terrible batalla, en la que salieron derrotados y que pasaría a la historia con .el nombre de «Noche Triste». Un tiempo después, Cortés obtuvo la victoria de Otumba (abril_ de 1521) y consiguió poner sitio a Tenochti­tlán, que conquistó definitivamente en agosto del mismo año.

Al regresar a España, Cortés recibió del rey el nombramiento de capitán general y la autoridad para someter todo el territorio. Títulos de los que, por in­trigas diversas, fue desposeído en 1528, hasta que Carlos 1 se los confir­mó, añadiendo el de marqués del Valle de Oaxaca, pero sin funciones de gobierno. Tras descubrir en 1536 las costas de la baja California, Cortés regresó a España (1540), en donde mu­rió el 2 de diciembre de 1547.

Pedro de Alvarado y los chichimecas.

Alvarado, nacido en Badajoz en 1485, fue compañero de Cortés en la empresa mexicana. Tras la matanza de la noche del Toxcatl (1520), en la que sucumbió la nobleza azteca, Alvarado pudo recuperar el prestigio perdido al cubrirse de gloria en el mando de la retaguardia española durante la «Noche Triste».

Tres años después emprendió la conquista de Guatemala y en 1527 el emperador Carlos le nombró capitán general. Intentó entonces la conquista de Quito, pero acabó por ceder la empresa a los hombres de Pizarro, con los que coincidió en la travesía de los Andes. Murió en México, en el transcurso de una expedición contra los chichimecas (1541).

En la bella Plaza Mayor de Trujillo (Cáceres}, cuna de Francisco Pizarra, se levanta esta arrogante estatua del conquistador realizada por los escultores norteamericanos Rumsey y Harriman.En la bella Plaza Mayor de Trujillo (Cáceres}, cuna de Francisco Pizarra, se levanta esta arrogante estatua del conquistador realizada por los escultores norteamericanos Rumsey y Harriman.

Francisco Pizarro y los «trece de la fama».

La infancia del que luego sería con­quistador del Perú es casi desconoci­da: sólo se tiene certeza de la fecha y el lugar de su nacimiento (Trujillo, 1470) y de que no recibió instruc­ción alguna.

En 1502 llegó a Santo Domingo, desde donde, junto con Alonso de Ojeda, realizó su primer viaje de exploración. Después de acompañar a Núñez de Balboa en el descubrimiento del océano Pacífico, se unió en Panamá a Diego de Alma­gro y Hernando Luque con objeto de conquistar los territorios meridiona­les del nuevo océano (1524). Ante la negativa del gobernador de Panamá, Pedro Arias Dávila, a que prosiguiera aquella empresa, sólo trece hombres (los llamados «trece de la fama») con­tinuaron hasta Túmbez, de donde re­gresaron para dar cuenta de lo reali­zado. Pero como el gobernador se­guía oponiéndose a nuevas expedi­ciones, Pizarro marchó a España y fue recibido en Toledo por el emperador. Con él concertó unas capitula­ciones, por las cuales quedaba nom­brado capitán general y gobernador de los territorios que conquistase.

Iniciada la empresa, las luchas inter­nas de la familia real inca facilitaron la tarea de Pizarro: al llegar a Paita encontró a un hermano de Atahual­pa (emperador inca), Huáscar, que solicitaba su ayuda contra el Inca. Pero, como el mismo emperador tam­bién requirió su apoyo, Pizarro hizo prisionero a Huáscar en Cajamarca, a la vez que procesaba y ejecutaba a Atahualpa. Y a libre de ambos, ini­ció la conquista del Perú. Tras la ocu­pación de Cuzco en 1533, las rencillas entre Pizarro y su colaborador Alma­gro acabaron con la ejecución de este último. Tres años después, los parti­darios de Almagro se conjuraron y asesinaron en Lima a Francisco Piza­rro (1541).

Francisco de Orellana en el Amazonas.

El amigo de la infancia de Francis­co Pizarra nació en Trujillo (Cáce­res) en 1490. Acompañó a los Piza­rro en su viaje al Perú, en 1535. Y seis años después, al ser enviado con va­rios compañeros en busca de provisio­nes, bajó por el río Coca y llegó a la confluencia de éste con el Napo.

Ante las dificultades que el regreso ofrecía decidió gobernar el territorio por su cuenta. Desde allí, y con una tripulación de 60 hombres, empren­dió el 2 de febrero de 1542 la explora­ción del Amazonas: lo recorrió desde sus fuentes hasta su desembocadura, y entabló innumerables combates con los indígenas.

Seguidamente re­gresó a España, con el fin de recla­mar el gobierno de este territorio; lo obtuvo, pero pudo hacer poco uso de este derecho, pues murió de fiebres malignas en Venezuela (1545), sin haber podido ejercer de forma efec­tiva su título de adelantado en la zona por él descubierta.

Diego de Almagro y los hermanos de Pizarro.

Parece ser que el colaborador (y luego enemigo) de Cortés había nacido en Almagro (Ciudad Real, 1475), donde fue hallado abandonado en el claustro de una iglesia. Tras residir unos años en Darién, conoció a Pizarro en Panamá y le acompañó en la empresa del Perú.

Después recibió el mando de la fortaleza de Túmbez y una renta anual de 300.000 maravedíes. Más tarde obtuvo el título de adelantado del Sur del Perú (1535) y marchó hacia Chile, consiguiendo llegar hasta Copiapó, mientras que su segundo, Saavedra, conquistaba Bolivia.

Mientras tanto, los hermanos de Pizarro (Gonzalo y Hernando), cercados en Cuzco, solicitaron su ayuda. Se la prestó pero, una vez dominada la situación, al negarse los Pizarro a entregarle el mando de la plaza, hizo que los encarcelasen.

Así comenzó la guerra abierta entre los antiguos compañeros de armas, que concluyó, después de la derrota de Las Salinas (26 de abril de 1538), con la prisión y ejecución de Almagro en Cuzco.

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