Sabías que Hans Christian Andersen, es hijo de un sencillo zapatero.

Hans Cristian Andersen hijo de un sencillo zapatero y de una lavandera.

Hans Christian Andersen abandona a los catorce años su ciudad natal, Oden­se, y se dirige a Copenhague, donde cursa sus estudios y lleva una vida mi­serable.

Tras algunos primeros éxitos literarios, descubre el público infantil e improvisa para los hijos de sus ami­gos sus primeros cuentos.

El encen­dedor de yesca, Claus el Grande y Claus el Chico aparecen en fascículos en 1835; La Sirenita, en 1837. Su éxito es fulminante. Dickens y Hugo admi­ran su genio. Los reyes y los príncipes de la época se disputan el honor de re­cibirlo y de escucharlo.

Hans Cristian AndersenHans Cristian Andersen, fotografiado a la edad de sesenta años.

Escritor Danés (1805-1875).

Un artista popular.

Su obra de cuentista se compone de ciento cincuenta y seis relatos. Algunos son cuentos ya conocidos, extraídos del folklore popular, como La princesa y el guisante o El compañero de viaje, pero Hans Cristian Andersen los narra con una gracia y una emoción inimi­tables.

La segunda parte de su obra es más personal. A partir de 1843, Hans Cristian Andersen escribe cuentos enteramente inven­tados cuyos héroes son objetos fami­liares, por ejemplo la vida gloriosa o miserable de un abeto, de una peon­za o de un soldadito de plomo. Algu­nos de estos relatos son muy tristes y terminan mal, como el de La mucha­chita de los fósforos, pero están llenos de ternura hacia los desheredados de la vida.

Durante su vida fue aclamado por haber deleitado a los niños del mundo, y fue agasajado por la realeza. Cuentos de Andersen cuentos, que han sido traducidos a más de 125 idiomas,

Una forma diferente de escribir.

Andersen amaba a los niños y se sentía perfectamente a sus anchas con ellos. Disfrutaba contándoles histo­rias, y su manera de escribir era en­teramente personal. Por ejemplo, no decía: «Los niños subieron al coche y partieron», sino: «Entonces, subieron al coche. -Adiós, papá; adiós, mamá. El látigo chasqueó, clic, clac; y allá van.- ¡Arre! ¡Riá!»

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