Sabías que la Galia es antiguo nombre de Francia

La Galia y los galos. Antiguo nombre de la actual Francia.

La antigua Galia corresponde, aproximadamente, al territorio de la actual Francia, aunque prolongado hasta el Rhin. Los habitantes de estas vastas regiones, los galos, fueron unos celtas que se posesio­naron de estas tierras mediante lentas infiltraciones y oleadas sucesi­vas de invasiones. El nombre de Galia se fijó en la época romana, y designaba, para los latinos, a la vez el norte de Italia (Galia Cisalpi­na) y las tierras situadas más allá de los Alpes (Galia Transalpina). En esta última se impuso el nombre de Francia mucho después de la llegada de los francos.

En el primer milenio a. de J. C., los celtas procedentes del sur de Alema­nia invaden la Galia, colonizan el este del territorio y avanzan hacia el Maci­zo Central y el valle del Ródano.

La población se mantiene estable durante el comienzo de la Edad del Hierro. Después, a finales del siglo VI antes de J.C., los celtas reemprenden su marcha y, mezclándose con las po­blaciones autóctonas, constituyen un pueblo al que se designará con el nombre de galos. En el siglo V antes de J.C. colonizan el valle del Ródano y los valles alpinos, y llegan hasta el Languedoc.

A finales del siglo III a. de J.C., ex­tendiéndose desde el Rhin hasta los Pirineos y desde el canal de la Man­cha hasta las costas de Provenza, los celtas dan por terminada su expansión territorial.

Coraza gala, en bronce batido, de la época de Halstatt (hacia 700a. de J.C.).  En la Edad del Hierro, el bronce continúa utilizándose para fabricar joyas, estatuillas y, como en este caso, armas de lujo. Museo de Antigüedades Nacionales, Saint­Germain-en-Laye (Francia).Coraza gala, en bronce batido, de la época de Halstatt (hacia 700a. de J.C.).
En la Edad del Hierro, el bronce continúa utilizándose para fabricar joyas, estatuillas y, como en este caso, armas de lujo. Museo de Antigüedades Nacionales, Saint­Germain-en-Laye (Francia).

La civilización céltica.

Los galos, hombres fuertes, de ca­bellera espesa y rubia, son valientes, pero muy indisciplinados. No forman una nación unida: la Galia esta dividi­da en noventa pueblos, que a menudo guerrean entre sí. Los más importan­tes son los eduos y los arvernos.

Los reyes subsisten hasta el siglo I a. de J.C. Después son reemplazados por un magistrado, elegido por un año -asistido de un consejo-, que com­parte su poder con los druidas.

Los druidas fueron unos personajes muy importantes en la sociedad gala.

Contribuyeron a la consolidación del sentimiento nacional al reunir a to­dos los galos en asambleas anuales ce­lebradas en el bosque de los Carnutos (cerca de Chartres). Allí según la leyenda, los druidas cortaban con po­daderas de oro el muérdago sagrado de los troncos de los robles. Eran unos sacerdotes muy escuchados y obedecidos. La religión druida solía ser cruel: en el siglo I antes de nuestra era, aún continuaban practicando los sacrificios humanos.

Los galos tienen numerosos dioses.

Adoran a todo lo que les resulta inex­plicable: los astros, el viento, etc. Per­sonifican al Sol en Beleno, al rayo en Taranis, etc. Creen en la inmortalidad del alma.

Son excelentes agricultores -tra­bajan la tierra con el arado de rueda y el rastrillo- y hábiles maestros en las artes de la forja, de la joyería y de la cerámica.

Su comercio es floreciente. Tras el canje de trigo y de salazones por vino y por aceite se implanta, a par­tir del siglo III a. de J.C., el uso de la moneda.

Los intercambios se efectúan por vía marítima y por carretera. Los galos disponen de numerosos vehículos: desde el pesado carro de cuatro rue­das tirado por bueyes hasta el carrua­je ligero, de cuatro o dos ruedas, tira­do por caballos. No pocas vías roma­nas aprovecharían las viejas carre­teras galas.

Guerrero galo de la época de Augusto. La estatua representa a un oficial revestido de una cota de mallas y de una toga romana: en su cuello luce el torques (collar), alhaja tradicional de los galos. Museo Calvet,Guerrero galo de la época de Augusto. La estatua representa a un oficial revestido de una cota de mallas y de una toga romana: en su cuello luce el torques (collar), alhaja tradicional de los galos. Museo Calvet,

La conquista romana.

La colonia focea de Massalia (Mar­sella) sirve de punto de partida a los romanos para conquistar la Galia. En el año 154 a de J.C. acuden en ayuda de dicha ciudad, amenazada por tri­bus vecinas, y se instalan de este modo en el sur de la Galia, iniciando la conquista progresiva de la costa me­diterránea. Fundan una provincia, Provenza, con Narbona por capital, y establecen una ruta comercial con España.

Años después, la Galia sufre una nueva invasión, la de los cimbrios y teutones (109-101 a. de J.C.), que fi­nalmente es rechazada por Cayo Ma­rio. La Galia, devastada, pierde toda su pujanza.

Hacia el año 60 a. de J.C., los galos, amenazados por los germanos, piden auxilio al gobernador de Provenza, Julio César, que expulsa a los invaso­res. La conquista romana comienza verdaderamente con la intervención de este ambicioso personaje, que dis­tribuye sus tropas por toda la Galia. Hacia el año 54 a. de J.C., César es, de hecho, el dueño del país.

Los galos, que han perdido su inde­pendencia, tratan de defender sus li­bertades por medio de algunas rebe­liones aisladas, como la de Ambórix. Sin embargo, fracasan en su intento. Resuelven entonces unirse bajo el mando de un joven arverno, Vercin­getórix, que vence a los romanos en Gergovia, pero que luego es derrota­do en Alesia (52 a. de J.C.). Los ro­manos se adueñan definitivamente de la Galia.

Mosaico galorromano:  la recolección de los frutos en otoño. Excelentes agricultores, los campesinos galos sabían fertilizar los campos, y disponían de útiles perfeccionados (guadañas, hoces, podaderas}, e incluso de máquinas agrícolas (arado de rueda, segadoras). Cultivaban el trigo, el mijo y la cebada (con la que elaboraban la cerveza}, así como frutos y legumbres. El lino y el cáñamo alimentaban su industria textil. La cría de bovinos y de ovinos les proporcionaba carne, queso y cuero. El olivo, y sobre todo la vid (de la que extraían buenos caldos}, eran objeto de un comercio floreciente. Museo de Saint-Germain-en-Laye, (Francia).Mosaico galorromano:
la recolección de los frutos en otoño. Excelentes agricultores, los campesinos galos sabían fertilizar los campos, y disponían de útiles perfeccionados (guadañas, hoces, podaderas}, e incluso de máquinas agrícolas (arado de rueda, segadoras). Cultivaban el trigo, el mijo y la cebada (con la que elaboraban la cerveza}, así como frutos y legumbres. El lino y el cáñamo alimentaban su industria textil. La cría de bovinos y de ovinos les proporcionaba carne, queso y cuero. El olivo, y sobre todo la vid (de la que extraían buenos caldos}, eran objeto de un comercio floreciente. Museo de Saint-Germain-en-Laye, (Francia).

La organización romana.

A partir de entonces se inicia un largo período de paz y de prosperi­dad. En el año 27 a. de J.C., Augusto organiza la Galia en cuatro grandes provincias: Narbonense, Aquitania, Lyonesa y Bélgica, gobernadas por le­gados (delegados del emperador). En el 16 a. de J.C., las regiones fronte­rizas forman otras dos provincias: la Germanía superior y la Germanía inferior.

A través de las colonias (Narbona, Béziers, Orange, Arles, etc.), el po­der romano controla la Galia. Claro está que la fusión con Roma no es in­mediata. El culto a Augusto y a Roma, organizado por los galos en Lyon, constituye la manifestación oficial de la incorporación (13 a. de J.C.).

No obstante, numerosas sublevaciones se suceden por todas partes. Luego, paulatinamente, se impone la calma. Las legiones se retiran, a ex­cepción de una, que se queda en Lyon. Las revueltas estarán por com­pleto sofocadas hacia el siglo I.

Cabeza de un ídolo (siglo I a. de JC.). Cada tribu gala honraba a sus propios dioses, que ascendían en total a unos cuatrocientos. Todo lo que es misterioso (el bosque), o peligroso (el rayo), o beneficioso (las fuentes, el sol), era objeto de un culto. Dioses diferentes protegían a las cosas, a los animales y a los hombres. Los druidas, a un tiempo sacerdotes, guerreros, sabios, regulaban las ceremonias religiosas. Los sacrificios se celebraban en el bosque, junto a los menhires, o en santuarios construidos con troncos y ramas.Cabeza de un ídolo (siglo I a. de JC.). Cada tribu gala honraba a sus propios dioses, que ascendían en total a unos cuatrocientos. Todo lo que es misterioso (el bosque), o peligroso (el rayo), o beneficioso (las fuentes, el sol), era objeto de un culto. Dioses diferentes protegían a las cosas, a los animales y a los hombres. Los druidas, a un tiempo sacerdotes, guerreros, sabios, regulaban las ceremonias religiosas. Los sacrificios se celebraban en el bosque, junto a los menhires, o en santuarios construidos con troncos y ramas.

La civilización galorromana.

Aportaciones e influencias recípro­cas acercarán cada vez más a Roma y a la Galia, si bien ésta recibe más de lo que da. El mayor acontecimiento es la instauración por Roma de la paz (pax romana) y de la seguridad.

La industria, la agricultura y el co­mercio progresan y enriquecen al país. Los romanos construyen sólidas carreteras pavimentadas, acueduc­tos, termas, anfiteatros y circos, templos, arcos de triunfo, etc. Aún hoy podemos admirar algunas de sus realizaciones, como el puente sobre el Gard y los circos de Arles, Nimes, etc.

Lyon (Lugdunum) se convierte en la capital del país. Por otra parte, la cultura latina se propaga por toda la Galia. Los galos aprenden a hablar y a vivir como los romanos, y adoptan hasta tal punto la civilización de sus vencedores, que pasarán a denomi­narse galorromanos.

La religión druídica no tardará en desaparecer; los dioses galos se fundi­rán con los de Roma. A partir del si­glo I, los galorromanos se convertirán al cristianismo. A pesar de las perse­cuciones, el número de cristianos au­menta. En el siglo IV, san Martín de Tours se erigirá en apóstol de la cris­tianización. Los templos paganos de­saparecen, y en su lugar se levantan iglesias. Es la época de los primeros monasterios y del renacimiento eco­nómico.

En el siglo V, los bárbaros invaden la Galia y el Imperio romano se dis­grega. De nuevo irrumpe el desorden, y la economía del país es la primera en sufrir sus efectos. No obstante, la Galia no tardará en reunificarse bajo el mandato de Clodoveo, rey de los francos, y progresivamente pasará a ser lo que hoy se denomina Francia.

Con todo, la huella de Roma sigue siendo imperecedera. De este modo, Francia desempeña el papel de inter­mediaria entre la herencia latina y el mundo germánico.

Ruinas de una inmensa villa galorromana, en Montmaurin (Alto Garona). Tras vivir largo tiempo en cabañas de madera cubiertas con paja, los galos aprendieron de los romanos el uso de la piedra como material de construcción. Los grandes terratenientes se hicieron construir viviendas suntuosas, provistas de calefacción central y de agua corriente, y decoradas con mármol.Ruinas de una inmensa villa galorromana, en Montmaurin (Alto Garona). Tras vivir largo tiempo en cabañas de madera cubiertas con paja, los galos aprendieron de los romanos el uso de la piedra como material de construcción. Los grandes terratenientes se hicieron construir viviendas suntuosas, provistas de calefacción central y de agua corriente, y decoradas con mármol.

La vida de los galos.

En su inmenso país, cubierto de espesos bosques, los galos (cuyo número se ignora) estaban agrupados en pueblos (vici). Sus casas redondas, de madera y de arcilla, reposaban sobre un zócalo de piedras sin argamasa. Las fortalezas (oppidum) les servían de refugio en caso de guerra y de lugar de mercado. Los galos se desplazaban navegando por los ríos mediante unas balsas montadas sobre odres hinchados.

Los galos, soldados de César.

Se ignora a menudo que los galos fueron los mejores artífices de las conquistas de César: la mitad de las tropas del emperador romano fue reclutada en la Galia. Según Augusto, los soldados galos constituyeron las mejores tropas del Imperio.

Aportación de los galos a los romanos.

Las técnicas de la madera, en especial la fabricación de toneles y de cubas; la cerámica; los vestidos ajustados y prácticos; las salazones; la cerveza; el vino de Burdeos.

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