Sabías que la mitología es el misterio de los dioses

La mitología es el conjunto de leyendas y mitos que pertenecen a una civilización o a un pueblo. Del griego mythos, fábula.

¿Cómo explicar el origen de la Tie­rra y de los cielos, el origen de la vida, el destino de los hombres y la muer­te?. Los pueblos han intentado respon­der a estas preguntas con relatos casi siempre maravillosos: los mitos. Es­tos han introducido en la existencia humana a los dioses, a los semidioses y a los héroes.

El conjunto de todos los mitos de un país o de una región del mundo constituye su mitología, que, durante miles de años, se trans­mite oralmente de generación en ge­neración. A veces, esas leyendas apa­recen reflejadas en los poemas, en las epopeyas, en las teogonías (historia y genealogía de los dioses) y en las cos­mogonías (teorías acerca de la forma­ción del mundo).

Saturno devorando a uno de sus hijos, por Gaya. En la mitología grecorromana, el Cielo y su esposa la Tierra tuvieron muchos hijos: los Titanes. Uno de ellos era Saturno (para los griegos «Cronos», dios del Tiempo); como era el menor, no podía suceder a su padre. Para suplantar a su hermano mayor prometió que no tendría hijos y se obligó a devorar a los que le naciesen. Pero algunos, como Júpiter, pudieron escapar. Museo del Prado, Madrid.Saturno devorando a uno de sus hijos, por Gaya. En la mitología grecorromana, el Cielo y su esposa la Tierra tuvieron muchos hijos: los Titanes. Uno de ellos era Saturno (para los griegos «Cronos», dios del Tiempo); como era el menor, no podía suceder a su padre. Para suplantar a su hermano mayor prometió que no tendría hijos y se obligó a devorar a los que le naciesen. Pero algunos, como Júpiter, pudieron escapar. Museo del Prado, Madrid.

Gigantes y dioses.

La tierra, el Día y la Noche nacie­ron del Caos, nos dicen los escritores griegos. Este mundo primitivo dio vida, por sí mismo, a los Titanes (que lucharon entre ellos) y a los dioses (como Cronos, dios del Tiempo, que devoró a sus hijos). Doce dioses im­pusieron orden e instituyeron las leyes.

Cada uno de ellos simbolizaba un sentimiento y protegía una actividad humana. A veces, Ja divinidad encar­naba a una de las fuerzas de Ja natura­leza. Posteriormente, los romanos adoptaron también esa división en doce deidades, a las que dieron otros nombres.

Las hijas de Zeus.

Nueve son las Musas, jóvenes, be­llas y de gran talento. Inspirados por ellas, los poetas y los escritores grie­gos narran con detalle Ja vida en el Olimpo (residencia de los dioses) y hacen que Afrodita nazca de las es­pumas del mar y que Atenea salga, to­talmente armada, de la frente de Zeus.

Todos esos seres, que tanto se parecen a los humanos, pero que son in­mortales, intervienen en los asuntos terrenales, en las guerras y en las aventuras de los héroes legendarios. Durante la guerra de Troya, tanto Uli­ses” como Héctor y Aquiles actuarán bajo su influencia.

Estatuilla de Isis, diosa egipcia protectora de la familia, de las madres y de los hijos. Está representada con un tocado adornado con cuernos de vaca. Museo de Vivenel, Compiégne.Estatuilla de Isis, diosa egipcia protectora de la familia, de las madres y de los hijos. Está representada con un tocado adornado con cuernos de vaca. Museo de Vivenel, Compiégne.

Viaje después de la muerte.

En Egipto no se quería creer que la vida acabase en la muerte. Suponían que cuando el ser humano exhalaba su último suspiro, el alma emprendía un largo viaje que la conducía ante Osiris, dios de los muertos, y ante los jueces. Eso al menos es lo que nos dice el Libro de los Muertos, obra que dejó su huella en toda la Antigüedad egipcia y en la que se inspiraron todos los artistas, porque el triunfo sobre la muerte era la creencia más importante del pueblo egipcio.

En la época en que los dioses habi­taban en el país del Nilo, las Tinieblas vencieron a Osiris, que fue resucitado por su esposa Isis. El Sol, personifica­do por Ra, es el principio de toda vida, es el poder supremo y reina tam­bién sobre los dioses que protegen los cultivos y que representan a las fuer­zas naturales: la lluvia, el viento, etc.

Esta original mitología está pobla­da por divinidades con cabeza de ani­mal: podemos reconocer al chacal (Anubis), al ibis (Thot), al buey (Apis) y, también, al gato y al co­codrilo.

La historia de Teseo, pintada en un cofre italiano del siglo XV. Teseo liberó a Atenas del Minotauro, monstruo mitad hombre y mitad toro. Huyó del Laberinto gracias a la complicidad de Ariadna, de la que se enamoró. Pero sus amores fueron breves: Teseo abandonó a Ariadna en una isla desierta. Museo del Louvre, París.La historia de Teseo, pintada en un cofre italiano del siglo XV. Teseo liberó a Atenas del Minotauro, monstruo mitad hombre y mitad toro. Huyó del Laberinto gracias a la complicidad de Ariadna, de la que se enamoró. Pero sus amores fueron breves: Teseo abandonó a Ariadna en una isla desierta. Museo del Louvre, París.

En el Oriente Medio.

Como los demás países que bor­dean la cuenca mediterránea, tam­bién el Oriente Medio tiene sus leyen­das. En Asiria y en Mesopotamia, los dioses son, igualmente, encarnacio­nes de las fuerzas de la naturaleza. Una de las creaciones más originales de esta mitología consiste en un relato sobre el diluvio universal. La inquie­tud del hombre ante su destino inspi­ró la gran epopeya de Gilgamesh, un héroe audaz que, dotado de una fuer­za extraordinaria, se empeña en con­seguir la inmortalidad; pero sus fraca­sos le convencen de que la inmortali­dad no es accesible para el hombre.

En la mitología persa, las divinida­des se enfrentan en luchas incesantes. El A vesta, libro escrito por Zaratus­tra, describe el combate perpetuo de Ormuz, dios de la Luz, de la Vida y del Bien, contra Ahrimán, que gobierna las Tinieblas, la Muerte y el Mal. Esta obra, de plena sabiduría, da a enten­der que el destino de los seres huma­nos cambia según consiga la victoria una u otra de estas divinidades.

Estatua india del siglo XII: Ganesa, hijo de Siva. Cuando Ganesa nació, Shani (dios de los obstáculos) fue a verle y, con una sola mirada, privó de cabeza al recién nacido. Entonces Ganesa fue dotado con la cabeza de un elefante. Ganesa es glotón y cómico: como cinturón lleva una serpiente que le sostiene su enorme vientre repleto de golosinas. Una gran rata le sirve generalmente de montura.Estatua india del siglo XII: Ganesa, hijo de Siva. Cuando Ganesa nació, Shani (dios de los obstáculos) fue a verle y, con una sola mirada, privó de cabeza al recién nacido. Entonces Ganesa fue dotado con la cabeza de un elefante. Ganesa es glotón y cómico: como cinturón lleva una serpiente que le sostiene su enorme vientre repleto de golosinas. Una gran rata le sirve generalmente de montura. El hinduismo, que es a la vez filosofía, religión y mitología, define el pensamiento indio desde hace cuarenta siglos. 

En las fuentes sagradas de la India.

Los Veda, libros sagrados de los brahmanes, describen el panteón (conjunto de dioses) de la India: Agni, el fuego; Indra, la lluvia; Ushas, la aurora; Surya, el Sol. De nuevo nos encontramos con que las divinidades son la encarnación de las fuerzas de la naturaleza.

Para los hindúes, el mundo sufre dos tendencias contrarias, represen­tadas por Visnú, que intenta mante­ner el orden, y por Siva, que se pro­pone destruirlo. Para resistir a este desacuerdo y alcanzar el conoci­miento universal, el alma humana debe reencarnarse varias veces en di­ferentes existencias.

Las nueve Musas.

Los griegos rendían culto a nueve Musas, cada una de las cuales protegía a un arte o a una ciencia: Clío, la historia; Euterpe, la música; Talía, la comedia; Melpómene, la tragedia; Terpsícore, la danza; Erato, la elegía; Polimnia, la poesía lírica; Urania, la astronomía y la geometría, y, por último, Calíope, la poesía épica y la elocuencia.

Marte y Venus, por Botticelli. Las leyendas mitológicas, cuyos relatos redescubrió el Renacimiento, inspiraron a muchos artistas. National Gallery, Londres.Marte y Venus, por Botticelli. Las leyendas mitológicas, cuyos relatos redescubrió el Renacimiento, inspiraron a muchos artistas. National Gallery, Londres.

Galos y germanos.

Los galos, relacionados con el mun­do de los celtas y en contacto con la naturaleza, ven en todos los actos de la vida la intervención de las divinida­des. Animan éstas los relatos celtas, transmitidos por obras irlandesas y galesas de la Edad Media. La guerra está simbolizada por Epona, diosa en armas, siempre a caballo, y por el cruel Teutates, a quien los galos, te­merosos de que el cielo se desploma­se sobre sus cabezas, ofrecían innu­merables sacrificios.

Aspiraban también a un paraíso te­rrenal y sus leyendas describen los viajes de los muertos hacia las lejanas islas que constituyen sus lugares de descanso.

Entre los galos, la diosa Epona era la protectora de los caballos y de los caballeros. Museo de Antigüedades, Saint-Germain-en-Laye.Entre los galos, la diosa Epona era la protectora de los caballos y de los caballeros. Museo de Antigüedades, Saint-Germain-en-Laye.

Entre los germanos y entre los es­candinavos encontramos a un dios de las batallas, Wotan (también llamado Odín), que reina en el Walhalla ro­deado de las Valquirias. Wotan es to­dopoderoso.

Frigga (o Freya) ha da­do a luz a una serie de dioses bienhe­chores que velan sobre las cosechas, la abundancia, el matrimonio y la fe­cundidad. En esta mitología, gigantes y enanos intervienen también en la vida de los dioses y de los hombres.

Del gigante Ymir nacieron las demás deidades: Ogir, dios del mar; Loki, genio del subsuelo y del mal, etc. Los enanos, relegados a vivir bajo tierra, están al servicio de los dioses.

Tótem indio del Canadá: el pájaro Huk-Huk, que abre los cráneos. Hábilmente tallados sobre altos troncos de cedro, los animales míticos reinaban en el centro de los poblados.Tótem indio del Canadá: el pájaro Huk-Huk, que abre los cráneos. Hábilmente tallados sobre altos troncos de cedro, los animales míticos reinaban en el centro de los poblados.

Los dioses aztecas.

En la América precolombina se adoran las fuerzas de la naturaleza. Los aztecas reverenciaban a Tlaloc, dios de la lluvia; a Huitzilipochtli, dios del Sol, y a Tezcatlipoca, divinidad de la noche. Los aztecas tenían el con­vencimiento de que, después de muertos, volvían a la tierra en forma de mariposas o de colibríes.

Los doce dioses del Olimpo.

Zeus (Júpiter para los roma­nos), el dios supremo, blandía el rayo y el trueno; su esyosa Hera (Juno) fue la diosa del ma­trimonio. Estaban secundados por Poseidón (Neptuno), dios del océano; Apolo (Febo), dios del Sol y de las artes; Atenea (Minerva), diosa de las ciencias; Afrodita (Venus), diosa del amor y de la belleza; Ares (Mar­te), dios de la guerra; Hefais-: tos (Vulcano], dios del fuego y de la forja; Hestia (Vesta), diosa del hogar doméstico; Deméter (Ceres], diosa de la tierra y de las cosechas; Arte­misa (Diana), diosa de · la caza, y Hermes (Mercurio], mensajero de los dioses y pro­tector del comercio y de los la­drones.

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