Sabías que las mareas son movimientos de las aguas

Las mareas, movimientos regulares y periódicos de las aguas del mar.

Las mareas, movimientos regulares y periódicos de las aguas del mar.   El mar, al retirarse (yusente), deja, sobre grandes extensiones de litoral (estero), las huellas del reflujo.El mar, al retirarse (yusente), deja, sobre grandes extensiones de litoral (estero), las huellas del reflujo.

El fenómeno de las mareas se observa con facilidad en las playas de todos los océanos: las aguas marinas cubren periódicamente la costa, permanecen un momento estacionarias (mar quieta), y después se retiran mar adentro, dejando al descubierto el estero. La diferencia de nivel entre la pleamar (marea alta) y la bajamar (ma­rea baja) constituye la amplitud de la marea.

Este movimiento de ascenso (flu­jo) y descenso (reflujo) se repite dos veces cada 24 horas (mareas semi-­diurnas) en la mayor parte de los océanos. Pero, en algunas regiones del globo, sólo se produce una vez (mareas diurnas). En determinadas épocas del año y en ciertos puntos del litoral alcanza una amplitud consi­derable: 15 metros en la bahía de Mont-Saint-Michel, en Francia, y 19 metros en la bahía de Fundy, en Ca­nadá.

Esquema del fenómeno de las mareas. En las mareas vivas (arriba) se suman las atracciones de la Luna y del Sol. En las mareas muertas (abajo}, esas atracciones se contrarrestan.Esquema del fenómeno de las mareas. En las mareas vivas (izquierda) se suman las atracciones de la Luna y del Sol. En las mareas muertas (derecha}, esas atracciones se contrarrestan.

El papel de los astros.

Las primeras explicaciones correc­tas de este fenómeno datan del si­glo XVIII y se deben a Isaac Newton. Según los estudios realizados por este científico, la marea tiene su origen en la atracción de los astros, atracción que es tanto más sensible cuanto más voluminoso y más próximo a la Tie­rra se encuentra el astro que la ejer­ce. Sin desdeñar la importancia de los planetas y del Sol, el astro que de­sempeña el papel primordial en este tipo de fenómenos es la Luna, debido a su proximidad. Se comprende así la diferencia de 50 minutos que se pro­duce a diario en el horario de las ma­reas, ya que la Luna se encuentra en la misma posición con respecto a la Tierra cada 24 horas y 50 minutos. La influencia de los astros explica también las grandes mareas vivas, que se producen cuando se suman las influencias del Sol y de la Luna, y las pequeñas mareas muertas, que sobre­vienen cuando estas influencias se contrarrestan.

Para que este fenómeno se produz­ca, es preciso que la superficie del mar sea lo bastante grande. Si no, la atracción sería inapreciable. Así, en el Mediterráneo, el movimiento de las aguas sólo varía algunos centíme­tros. Por otra parte, el trazado de las costas influye también sobre la am­plitud de las mareas: es más fuerte en las bahías y en los estuarios.

Pero la interpretación de Newton no es del todo satisfactoria: no explica por qué las mareas diurnas, que se ob­servan especialmente en determina­das costas del Pacífico” y del océano Indico, sólo presentan un ascenso y un descenso de las aguas cada 24 ho­ras. Por otro lado, la fuerza conju­gada de todos los astros no debería motivar una amplitud superior a un metro. En realidad, la marea es un fe­nómeno muy complejo, llamado «de resonancia»: los astros originan im­pulsos sucesivos, comparables a los empujes de igual fuerza que hacen que un columpio suba cada vez más alto.

El Mont-Saint-Michel durante la marea baja.  La bahía es una especie de «trampa» que encierra las ondas de marea, lo que explica los récords de altura del agua alcanzados en este punto del litoral francés.El Mont-Saint-Michel durante la marea baja.
La bahía es una especie de «trampa» que encierra las ondas de marea, lo que explica los récords de altura del agua alcanzados en este punto del litoral francés.

Los hombres y las mareas.

A finales del siglo XIX, un inglés y un francés, lord Kelvin y Henri Poin­caré, realizaron cálculos que permi­tieron establecer unas tablas de pre­visión de las mareas, utilísimas para los marinos.

En realidad, la marea ofrece gran­des ventajas a la navegación, ya que facilita la entrada y la salida de los barcos en los estuarios y en los puer­tos, Pero a veces es preciso construir dársenas cerradas con esclusas, para resguardar en ellas a los grandes na­víos durante las horas de marea baja.

El reflujo de las aguas también per­mite acceder a la zona de estero o des­playe, que puede medir varios kilóme­tros de anchura. Los pescadores en­cuentran en ella cangrejos, camaro­nes y otros mariscos. También se re­cogen algas que, como el varec, uti­lizan los campesinos de ciertas regio­nes como abono,

Por último, estos movimientos, con sus enormes oscilaciones, constitu­yen una considerable suma de ener­gía (la «hulla azul»). En la Edad Media ya existían molinos «de ma­rea».

Unas centrales hidráulicas instala­das en los estuarios permitirían utili­zar esta energía empleando la fuerza de las aguas para accionar las turbi­nas que producen la electricidad. Sin embargo, se duda en construirlas, pues su coste es muy elevado. Hoy la única realización de ese tipo que exis­te en el mundo es la central maremo­triz del Rance (Bretaña, Francia).

Playa de Saint-lean-de Mont (Francia), en la marea alta o pleamar (a la izquierda) y en la marea baja o bajamar (a la derecha).Playa de Saint-lean-de Mont (Francia), en la marea alta o pleamar (a la izquierda) y en la marea baja o bajamar (a la derecha).

La vida del litoral.

Para sobrevivir, la flora y la fauna de la zona de desplaye (estero) han de presentar determinadas cualidades. Expuestas al aire y al sol dos veces al día, es preciso que puedan resistir la desecación y sobrevivir a grandes diferencias de temperatura. Además han de soportar el agua dulce (ya que, durante la marea baja, puede llover) y, por último, resistir la fuerza destructora del flujo y el reflujo.

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