Sabías que las nubes y la niebla son gotas de agua en suspensión

Las nubes y la niebla son masas de gotas agua que están suspensión en la atmósfera.

Cuando el Sol calienta los océa­nos, los lagos y los ríos, el agua de és­tos se evapora y asciende en forma de vapor. La cantidad de agua que pe­netra de este modo en la atmósfera (nunca más de 4 % en volumen) va­ría según la temperatura. Cuanto más caliente es el aire, más agua puede contener. Cuando el aire contiene todo el vapor de agua que su tempera­tura le permite, se dice que está sa­turado.

En el aire saturado, el más ligero enfriamiento de la temperatura pro­voca una condensación (transforma­ción del vapor en gotitas de agua), que, a su vez, provoca la formación de niebla o de bruma (a nivel del sue­lo) y de nubes (en la altura).

Niebla invernal en el Macizo Central de Francia.

Niebla invernal en el Macizo Central de Francia.

Navegar a través la niebla.

Los marinos no hablan nunca de niebla, sino de bruma. A pesar del uso del «cuerno de niebla», muchos de ellos han parecido en el mar a consecuencia de colisiones o de encalladuras provocadas por este fenómeno atmosférico.

La perfecta precisión de las cartas marinas modernas y las recientes técnicas de navegación sin visibilidad (radar. sonar) reducen considerablemente los riesgos.

Brumas y nieblas.

Tanto la niebla como la bruma se forman principalmente durante la noche, ya que, al ponerse el Sol, se produce un enfriamiento sensible del aire próximo al suelo o a una exten­sión de agua. Las masas de gotitas de agua condensadas de este modo tie­nen una densidad variable, cuya im­portancia determina la diferencia en­tre bruma (visibilidad superior a un kilómetro) y niebla (visibilidad in­ferior a un kilómetro).

En las grandes ciudades, el polvo y los humos pueden acentuar este fenó­meno y producir nieblas extraordina­riamente densas, a veces con una visibi­lidad inferior a 3 metros (éste era el caso del hoy eliminado drásticamente smog de Londres, cuyo característico nombre está formado de smoke, humo, y fog, niebla).

Los diferentes tipos de nubes.

Los diferentes tipos de nubes.

Las nubes.

La formación de las nubes es idénti­ca a la de la niebla, con la diferencia de que el enfriamiento del aire se debe a la altura. Por ejemplo: una masa de aire caliente se eleva al en­contrarse con un relieve importante (montaña) y entra en contacto con otra masa de aire de temperatura in­ferior.

Según su aspecto y la altitud donde se formen, las nubes se clasifican en tres grandes familias. Las más altas son los cirros, que se alargan en lige­ros filamentos a una altura que varía entre los 6 000 y los 15 000 metros. Los estratos se presentan como bandas alargadas, espesas, uniformes y grises, situadas siempre por debajo de los 2 000 metros. Los cúmulos se escalo­nan cubriendo grandes alturas: su base puede estar a unos 500 metros, mientras que su cumbre, delimitada por protuberancias redondeadas y al­godonosas, a menudo en forma de co­liflor, alcanza los 8 000 metros. Exis­ten también nubes de tipo intermedio: cirroestratos, altocúmulos, cumulo­nimbos, etc.

Cirros al amanecer. Estos ligeros filamentos constituyen por lo general la cabeza de un sistema nuboso.

Cirros al amanecer. Estos ligeros filamentos constituyen por lo general la cabeza de un sistema nuboso.

La electricidad de las nubes.

Las nubes formadas por la ascensión rápida del aire (los cúmulos, por ejemplo) contienen fuertes cantidades de electricidad, producida por el frotamiento de las gotas de humedad.

Cuando esta cantidad se hace demasiado importante, se descarga hacia el suelo o hacia otra nube: es el rayo, que se traduce en manifestaciones luminosas (los relámpagos) acompañadas de ruido (los truenos).

 

«Las nubes corrían sobre la luna en llamas.» (A. de Vigny.)

«Las nubes corrían sobre la luna en llamas.» (A. de Vigny.)

Sistemas nubosos.

La formación de nubes y su aspec­to dependen de varios factores, entre los cuales destacan la fuerza de los vientos y la temperatura del aire.

Su distribución, por otra parte, es relati­vamente constante: casi siempre es­tán organizadas en vastos sistemas nu­bosos, cuya cabeza está formada por cirros, el cuerpo por cumulonimbos (que traen consigo la lluvia), y la cola por cúmulos.

La observación de las nubes es, por tanto, un elemento importante de la meteorología, ya que permite prever el tiempo. Si, por ejemplo, se observa la aparición de cirros, se sabe que los cúmulos no están lejos y que no tardará en llover. 

Como dijo el poeta: «La pastora del azul empuja sus blancos borregos por el cielo que tirita,» las nubes y la niebla.

Como dijo el poeta: «La pastora del azul empuja sus blancos borregos por el cielo que tirita,» las nubes y la niebla.

Nubes artificiales.

Se conoce bastante mal el mecanis­mo que transforma las gotas de agua de las nubes en gotas de lluvia. Se lo­gra no obstante, crear precipitacio­nes artificiales introduciendo en las nubes finas partículas sólidas (yoduro de plata, por ejemplo) o enfriándo­las fuertemente con nieve carbónica.

Es posible, además, producir nubes artificiales para proteger los cultivos (viña, productos tempranos) de las escarchas primaverales. Pero, para lo­grar una acción eficaz, los agriculto­res deben unir sus esfuerzos para poder actuar a gran escala.

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