Sabías que los castillos heran fortalezas reales

Los castillos y palacios son moradas señoriales y reales.

El alcázar de Segovia, asentado sobre la muralla yen una roca en forma de tajamar, data del siglo XI, aunque su actual silueta corresponde a posteriores construcciones realizadas por los Trastámara, los Reyes Católicos, Felipe JI, etc.El alcázar de Segovia, asentado sobre la muralla y en una roca en forma de tajamar, data del siglo XI, aunque su actual silueta corresponde a posteriores construcciones realizadas por los Trastámara, los Reyes Católicos, Felipe JI, etc.

Hacia finales del siglo XI se susti­tuyó la madera por la piedra en la construcción de los edificios fortifi­cados. Preocupados por su protec­ción contra la inseguridad general y las numerosas guerras que asolaban los países, los señores feudales se hi­cieron construir entonces sólidas for­talezas, cuyas ruinas todavía se pue­den ver por toda Europa.

Puente levadizo del castillo de Langeais. El puente levadizo cruzaba e/foso lleno de agua) que rodeaba al castillo, y era accionado por un sistema de contrapesos y de cadenas. En caso de ataque, era levantado para cerrar el acceso al recinto. En este grabado, una hermosa escalera de piedra precede al puente.Puente levadizo del castillo de Langeais.
El puente levadizo cruzaba el foso (lleno de agua) que rodeaba al castillo, y era accionado por un sistema de contrapesos y de cadenas.
En caso de ataque, era levantado para cerrar el acceso al recinto.
En este grabado, una hermosa escalera de piedra precede al puente.

Un sistema de defensa.

Cuando era avistado el enemigo, los habitantes de los pueblos vecinos se refugiaban con su ganado en el in­terior del recinto fortificado, cuyo puente levadizo era levantado a con­tinuación. Después se bajaba el ras­trillo, pesada reja de hierro, y se ce­rraba la puerta. Los asaltantes se en­contraban en primer lugar con una zanja llena de agua (el foso) que ro­deaba al castillo. Desde lo alto de la cortina, gruesa muralla que cercaba el recinto, los defensores hacían caer nubes de flechas desde las almenas y las aspilleras (pequeñas aberturas en lo alto de la muralla).

Si el adversario se acercaba dema­siado, recibía, desde las barbacanas, torrecillas verticales que sobresalen de la muralla, una lluvia de aceite hir­viendo, de piedras y de bolas de pie­dra. Finalmente, si los asaltantes con­seguían franquear todos estos obstácu­los, todavía tenían que atacar la torre maestra o torre del homenaje, enorme torreón cuyos muros tenían un grosor de varios metros y cuyo sótano con­tenía provisiones y municiones que permitían resistir el asedio durante vanos meses.

Un castillo feudal, Saumur, representado por un miniaturista a principios del siglo XV. Museo Condé, Chantilly (Francia).Un castillo feudal, Saumur, representado por un miniaturista a principios del siglo XV. Museo Condé, Chantilly (Francia).

La vida de los castellanos.

Construido sobre un lugar elevado, dominando llanuras y bosques, el cas­tillo constituía, ante todo, un eficaz sistema de defensa. Pero durante la época medieval fue también un centro político y administrativo desde donde el señor feudal negociaba sus alianzas, administraba sus bienes e impartía justicia.

Los señores de la Edad Media eran, generalmente, unos seres rudos y poco refinados. Cuando no comba­tían, estaban también expuestos a un enemigo pacífico, pero insidioso: el aburrimiento. La caza del ciervo o del jabalí era una de sus distracciones fa­voritas, ya que les permitía compro­bar su fuerza y su destreza. Otra acti­vidad era la organización de torneos durante los meses de invierno: se ce­lebraban en el patio de los castillos, donde los caballeros, armados con lanzas, intentaban derribar de sus monturas a los contrincantes. Cacerías y torneos eran, además, oportunida­des para invitar a otros señores a in­terminables festines. En ellos se cu­brían largas mesas con vituallas cuya abundancia sólo era comparable al apetito de los invitados, capaces de comer y beber sin descanso durante días enteros.

Castillo de la Mota, en Medina del Campo (Valladolid). Los castillos españoles tienen una clara arquitectura militar.Castillo de la Mota, en Medina del Campo (Valladolid).
Los castillos españoles tienen una clara arquitectura militar.

De la fortaleza al palacio.

Símbolo del poder feudal, el casti­llo empezó a perder su importancia con el desarrollo de la monarquía centralizada. Además, el progreso de la artillería hizo que este sistema de defensa fuese cada vez más inope­rante. Finalmente, a partir del si­glo XVI, los señores, deseosos de ma­yores comodidades, comenzaron a construirse ricas moradas.

Restauraron sus castillos, de los que conservaron, ante todo, las to­rres, pero adornándolas más para ate­nuar su severidad. Después reempla­zaron, poco a poco, los recintos forti­ficados por amplios patios embelleci­dos con fuentes y floridos jardines.

Y si, a veces, los edificios que se ha­cían construir se parecían todavía a los castillos de la Edad Media, no era por razones bélicas, sino porque se erigían en medio de los bosques o en la orilla solitaria de un río, es decir, allí donde el entorno se prestaba a la caza y a las fiestas al aire libre.

El grandioso palacio de Chambord, erigido cerca de Blois por orden de Francisco/, revela la influencia del Renacimiento italiano en la arquitectura francesa. Su originalidad estriba en la rica ornamentación de los tejados, en los que se yerguen 365 chimeneas y torrecillas.El grandioso palacio de Chambord, erigido cerca de Blois por orden de Francisco/, revela la influencia del Renacimiento italiano en la arquitectura francesa.
Su originalidad estriba en la rica ornamentación de los tejados, en los que se yerguen 365 chimeneas y torrecillas.

Cuando los monarcas europeos hi­cieron derribar las últimas fortalezas feudales para indicar que, a partir de entonces, el poder no correspondía más que al rey, los castillos que se construyeron después ya no tenían nada que ver con las ciudadelas me­dievales: eran verdaderos palacetes, decorados con pinturas y mármoles, rodeados de parques diseñados inge­niosamente y en los que se ofrecían perspectivas armoniosas, donde alter­naban estanques, espacios verdes y avenidas de contornos geométricos. Las guerras y las revoluciones no pu­dieron acabar con estas obras maes­tras de la arquitectura, de las cuales todavía existen numerosos ejemplos en Europa.

Encaramada sobre un contrafuerte montañoso, la fortaleza de Marksburg, en Alemania Oriental, es el único castillo medieval situado a orillas del Rhin que nunca ha sido destruido.Encaramada sobre un contrafuerte montañoso, la fortaleza de Marksburg, en Alemania Oriental, es el único castillo medieval situado a orillas del Rhin que nunca ha sido destruido.
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