Sabías que los corsarios son caballeros del mar

Los corsarios. Marinos que en otros tiempos efectuaban operaciones de guerra en el mar por cuenta de un Estado.

Al abordaje. Los corsarios del Confiance, nave de Surcouf, atacan a un barco inglés. Si resultan vencedores, el botín será suyo. Pintura de Garneray, Museo de Saint-Malo.Al abordaje.
Los corsarios del Confiance, nave de Surcouf, atacan a un barco inglés. Si resultan vencedores, el botín será suyo. Pintura de Garneray, Museo de Saint-Malo.

Francis Drake, Jean Bart y Robert Surcouf son nombres famosos que evocan los episodios más espectacula­res de la guerra en el mar: la navega­ción «en corso».

Provistos de naves rápidas y bien armadas, los corsarios recibían de su soberano una «patente de corso» que les autorizaba a perseguir a los navíos de comercio enemigos para atacarlos y saquearlos.

La navegación en corso, organizada con el consentimiento de los Estados y bajo su control, estaba considerada como un medio regular de hacer la guerra. Los corsarios, que debían en­tregar una fianza, estaban sometidos a las leyes de la marina tradicional.

Muchos de ellos pertenecían a la ar­mada real (Forbin, Jean Bart, Dugay­Trouin) o eran antiguos pilotos de altura (Surcouf). Así, a diferencia del pirata (verdadero bandido de los mares, que atacaba incluso a los na­víos de su propio país), el corsario estaba reconocido como un comba­tiente: si era capturado, debía ser tra­tado como prisionero de guerra y no como un vulgar delincuente.

La legitimidad del botín obtenido por los corsarios debía ser reconocida por un tribunal especial llamado «Tri­bunal de las presas».

Durante los siglos XVII y XVIII, los corsarios obtenían tales benefi­cios que la corte y los ministros invir­tieron importantes capitales en sus ac­tividades.

Sin embargo, el congreso de París, reunido en 1856, decidió la supresión de los corsarios para que la travesía de los mares fuera más apacible. Ésta decisión fue adoptada inmediatamen­te por todas las autoridades marítimas.

No obstante, la navegación en cor­so fue practicada de nuevo durante la Primera Guerra Mundial por los bu­ques de la flota alemana (cruceros Leipzig y Emden) y por barcos mer­cantes requisados y transformados para ello (el Moewe y el Wolf). Esta es la única infracción conocida a la deci­sión del congreso de París. Aunque hoy se practica otro tipo de piratería, como la de los secuestros de aviones.

Robert Surcouf, el último de los grandes corsarios franceses. Desde finales del siglo XVIII, las operaciones militares se de­sarrollaron principalmente en tierra, lo que supuso el ocaso progresivo de los corsarios. Sin embargo, este período conoció también las hazañas de Robert  Surcouf (1773-1827), el último, pero no el menos importante, de los grandes corsarios fran­ceses.Robert Surcouf a los veintitrés años. Museo de Saint-Malo.

Robert Surcouf, el último de los grandes corsarios franceses.

Desde finales del siglo XVIII, las operaciones militares se de­sarrollaron principalmente en tierra, lo que supuso el ocaso progresivo de los corsarios. Sin embargo, este período conoció también las hazañas de Robert  Surcouf (1773-1827), el último, pero no el menos importante, de los grandes corsarios fran­ceses.

Comenzó su carrera marítima a los trece años, como simple grumete. Era ya capitán en 1795 cuando se dedicó a la guerra con patente de corso. Desde en­tonces, surcó durante años el océano Índico y desorganizó por completo el comercio británi­co de la Compañía de Indias. Su audacia le valió una rápida fama. Fue nombrado barón por Napoleón I, y seguidamente se retiró a Saint-Malo, su ciudad natal, donde llegó a ser uno de los principales armadores.

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