Sabías que los incendios provocan terribles catástrofes

El fuego siempre ha inspirado pavor a los hombres. Puede provocar terribles catástrofes, y la historia con­serva el recuerdo de incendios gigan­tescos que han destruido ciudades en­teras.El fuego siempre ha inspirado pavor a los hombres. Puede provocar terribles catástrofes, y la historia con­serva el recuerdo de incendios gigan­tescos que han destruido ciudades en­teras.

En la Antigüedad y en la Edad Me­dia, las casas de madera, apretujadas a lo largo de calles estrechas y tortuo­sas, eran fácil pasto de las llamas. Los rudimentarios medios de lucha contra el fuego apenas permitían combatir eficazmente a los incendios. Los bomberos «aficionados» sólo dis­ponían de cubos, que debían ser lle­nados en el río más próximo y condu­cidos, de mano en mano, hasta el lugar del siniestro. Más tarde utiliza­ron bombas manuales en las ciudades que no tenían red de agua corriente.

A partir del siglo XIX los grandes incendios capaces de asolar barrios enteros han sido más escasos. Nuevos materiales de construcción, menos in­flamables, han reemplazado a la made­ra de las paredes y a la paja de los te­jados.Medios anti-incendio.

A partir del siglo XIX los grandes incendios capaces de asolar barrios enteros han sido más escasos. Nuevos materiales de construcción, menos in­flamables, han reemplazado a la made­ra de las paredes y a la paja de los te­jados. Las ciudades disponen de cuer­pos de bomberos permanentes, bien entrenados y dotados de potentes au­tobombas y de escaleras capaces de llegar a los pisos altos. El teléfono y los sistemas de alarma permiten dar i rápidamente la voz de alerta. En todas las aglomeraciones urbanas, bo­cas de incendio jalonan de trecho en trecho las canalizaciones de agua.

El gigantesco incendio declarado en Londres en 1666 destruyó todo el centro de la ciudad. Jan Griffier el Viejo. London Museum.El gigantesco incendio declarado en Londres en 1666 destruyó todo el centro de la ciudad. Jan Griffier el Viejo. London Museum.

Lucha y prevención.

Sin embargo, la lucha contra el fue­go exige una adaptación constante a las nuevas circunstancias. Los embo­tellamientos de tráfico retrasan la lle­gada de los bomberos. Algunos ma­teriales modernos, como los plás­ticos, contribuyen a extender el fue­go. Los depósitos de petróleo, los ca­bles de electricidad y los conductos y bombonas de gas pueden provocar cortocircuitos y explosiones. Las escaleras y los medios de lucha habi­tuales hasta el momento van quedan­do superados por la altura de los edi­ficios, en particular por los rascacielos, cuya construcción está estricta­mente reglamentada. Estos inmuebles disponen, por ejemplo, de escaleras especialmente concebidas para per­mitir una evacuación rápida. Además, los diferentes pisos están separados y aislados entre sí por mamparos y paredes que impiden la propagación del fuego. Algunos grandes inmuebles tienen también un gran depósito de agua (que a veces sirve de piscina) situado en el tejado, donde una su­perficie despejada permite el aterriza­je de helicópteros para conducir a los bomberos o para evacuar a las vícti­mas del incendio.

Pero los estragos del fuego no sólo afectan a las zonas residenciales. Sus víctimas más frecuentes son las instalaciones industriales donde se manejan materias muy inflamables (madera, productos químicos, hidro­carburos).

Los incendios forestales tienden a multiplicarse en épocas de sequía, so­bre todo en las zonas despobladas o frecuentadas por excursionistas im­prudentes. Para combatir estos incen­dios se instalan torres de observa­ción que permiten dar la voz de alar­ma y poner en marcha equipos moto­rizados especiales: aviones cisterna sobrevuelan el incendio y lanzan so­bre él toneladas de «lluvia», que re­cogen al amerizar brevemente sobre grandes superficies de agua o simple­mente pasando a ras de ésta.Los incendios forestales tienden a multiplicarse en épocas de sequía, so­bre todo en las zonas despobladas o frecuentadas por excursionistas im­prudentes. Para combatir estos incen­dios se instalan torres de observa­ción que permiten dar la voz de alar­ma y poner en marcha equipos moto­rizados especiales: aviones cisterna sobrevuelan el incendio y lanzan so­bre él toneladas de «lluvia», que re­cogen al amerizar brevemente sobre grandes superficies de agua o simple­mente pasando a ras de ésta.

A pesar de todo, la precaución si­gue siendo el mejor medio de luchar contra el fuego. Los arquitectos de­ben tener esto en cuenta al trazar los planos de los edificios. Y los usuarios tanto privados como públicos, deben cuidar de la seguridad y buen estado de sus diferentes instalaciones (apa­ratos y cables eléctricos, hornos y ca­lefacciones). También debe evitarse una de las imprudencias más corrien­tes: la que consiste en dejar materias inflamables (bidones de gasolina, bombonas de butano, aerosoles, etc.) cerca de focos de calor.

Fácil de prender y de rápida pro­pagación, el fuego continúa siendo un temible azote del hombre y de la natu­raleza. Es necesario, pues, aprender desde la más tierna infancia a reac­cionar rápida y eficazmente en caso de incendio, y sobre todo a no dejar­se llevar por el pánico a pesar del pe­ligro.

Las grandes escaleras, extensibles y orientable permiten a los bomberos subir las mangueras has los pisos altos y, si es necesario, socorrer a las personas cercadas por el fuego.Las grandes escaleras, extensibles y orientable permiten a los bomberos subir las mangueras has los pisos altos y, si es necesario, socorrer a las personas cercadas por el fuego.

Función los bomberos.

Los bomberos no sólo intervienen en caso de incendio. También socorren a los ahogados, liberan a las víctimas de derrumbamientos, combaten las inundaciones, etc.

Llegan, incluso, a rescatar gatos que han quedado atrapados en un canalón.

Para desarrollarse, el fuego necesita un combustible, oxíge­no y calor. La lucha contra el fuego consiste en suprimir uno de estos elementos. En un bos­que se hacen grandes «cortafue­gos»; así el fuego privado de alimento, se apaga por sí solo. Con una manta, por ejemplo, se puede «ahogar» un fuego, al pri­varlo de aire. Arrojando agua sobre una materia inflamada, ésta se enfría y el fuego se apaga.Apagar el fuego.

Para desarrollarse, el fuego necesita un combustible, oxíge­no y calor. La lucha contra el fuego consiste en suprimir uno de estos elementos. En un bos­que se hacen grandes «cortafue­gos»; así el fuego privado de alimento, se apaga por sí solo. Con una manta, por ejemplo, se puede «ahogar» un fuego, al pri­varlo de aire. Arrojando agua sobre una materia inflamada, ésta se enfría y el fuego se apaga.

Los extintores de agua utili­zan este último principio. Los extintores de espuma carbóni­ca, que permiten acabar con un pequeño fuego, se utilizan sobre todo cuando el agua, más que útil, puede ser peligrosa (peli­gro de cortocircuito) o inefi­caz: el aceite o el petróleo no pueden ser apagados con agua.

Diluvios de fuego.

La mayor parte de las grandes aglomeraciones urbanas han sido alguna vez pasto de las llamas:

Roma, Chicago, Moscú. En 1666, el gran «incendio» de Londres destruyó 13.200 casas, 400 calles y 88 iglesias. Durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos provocaron gigantescos incendios en algunas ciudades: Coventry (Inglaterra), Hamburgo, Dresde (Alemania) y Tokio (Japón) desaparecieron bajo diluvios de acero y de fuego.

Un incendio forestal avivado por el viento.

En cuanto se declara un in­cendio, hay que llamar a los bomberos por teléfono y, mien­tras tanto, combatir el fuego con los medios que tengamos a nuestro alcance. Si el incendio se incrementa, hay que avisar a los vecinos y evacuar el piso o el edificio, no sin antes cerrar los contadores de gas y de electri­cidad. Aquí, los bomberos.

En cuanto se declara un in­cendio, hay que llamar a los bomberos por teléfono y, mien­tras tanto, combatir el fuego con los medios que tengamos a nuestro alcance. Si el incendio se incrementa, hay que avisar a los vecinos y evacuar el piso o el edificio, no sin antes cerrar los contadores de gas y de electri­cidad. Para respirar mejor hay que agacharse, pues el aire fres­co permanece a ras de suelo. Si el humo es demasiado espeso y no se puede salir por la esca­lera, lo mejor es quedarse en el mismo sitio, cerrar fa puerta, mojarla abundantemente y es­perar a los bomberos en la ven­tana.

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