Sabías que los juguetes son objetos utilizados por los niños

Sólo depende de la imaginación y del humor del que vaya a usarlo. Pero de hecho, la palabra «juguete» suele de­signar todo aquello que ha sido especialmente fabricado para diver­tirse: pelotas, aros, muñecas, etc. Los juguetes son universales: el niño ha jugado con ellos siempre y en todas partes.Una piedra, un tapón, una silla…, cualquier objeto puede ser con­siderado un juguete.

Sólo depende de la imaginación y del humor del que vaya a usarlo. Pero de hecho, la palabra «juguete» suele de­signar todo aquello que ha sido especialmente fabricado para diver­tirse: pelotas, aros, muñecas, etc. Los juguetes son universales: el niño ha jugado con ellos siempre y en todas partes.

Los primeros antepasados.

En la prehistoria, los niños, para imitar los gestos de sus padres cuando daban de comer a un bebé o perseguían a un animal, se valdrían de piedras o de trozos de madera. Pero respecto a esa época debemos contentar­nos con simples suposiciones, pues los juguetes más antiguos encontra­dos por los arqueólogos sólo datan de la Antigüedad clásica. Sabemos tam­bién sin lugar a dudas, que los niños de Egipto, de Mesopotamia y de Grecia disponían de objetos com­parables a nuestros actuales juguetes: sonajeros, pelotas, aros, carretillas, muñecos, muebles en miniatura, etc. Estaban hechos de materiales muy di­versos: hueso, marfil, madera, arcilla, cera, plomo y bronce.

La civilización de Mohenjo-Daro floreció en la península indostánica entre el IV y el V milenio antes de nuestra era. Entre sus restos figuran numerosas estatuillas de barro cocido, como este carrito, del que no se sabe si pertenecía al mundo de los adultos o era un juguete.La civilización de Mohenjo-Daro floreció en la península indostánica entre el IV y el V milenio antes de nuestra era. Entre sus restos figuran numerosas estatuillas de barro cocido, como este carrito, del que no se sabe si pertenecía al mundo de los adultos o era un juguete.

El primer juguete solía regalarse el día en que el padre le ponía un nombre al recién nacido. Luego éste recibía un juguete cada cumpleaños y en ocasión de algunas grandes festivi­dades, en las que solían hacerse rega­los… En este aspecto, puede decirse que las costumbres apenas han cam­biado.

A veces, el juguete tenía también el valor de un talismán: se creía que de­terminados objetos o materiales (el coral por ejemplo) tenían la pro­piedad de proteger de las enferme­dades o de diversos maleficios.

Gustos inmutables.

Desde la Antigüedad hasta nuestros días, buen número de juguetes de la primera infancia han conservado el mismo aspecto. Sin duda satisfacen perfectamente los deseos de los bebés, cuyos gustos y cuya personalidad han permanecido, a lo largo de los siglos, mucho más estables que los de los adultos.

El sonajero, por ejemplo, parece haber existido siempre. Además, este juguete sonoro estaba investido de funciones mágicas. Hasta el siglo XV se creyó que los cascabeles tenían el poder de conjurar la mala suerte y de ahuyentar a los malos espíritus.

También la pelota y el aro tienen un largo pasado: se encuentran en to­das las épocas y en todo tipo de civi­lizaciones. Entre los griegos, los mé­dicos incluso recomendaban el aro como un ejercicio para relajar a las personas fatigadas. En cuanto a la pe­lota, solía estar hecha de una envoltura de piel rellena de salvado o de lana.

En Sudamérica, sin embargo, los in­dios aprendieron en seguida a fabri­car pelotas elásticas con una materia extraída de la hevea: el caucho.

Este niño canadiense, a horcajadas sobre un caballo de madera toscamente tallado, sin duda se imagina que es un héroe de la famosa «Policía Montada» de su país.Este niño canadiense, a horcajadas sobre un caballo de madera toscamente tallado, sin duda se imagina que es un héroe de la famosa «Policía Montada» de su país.

Entre los juguetes más tradicio­nales figuran también todos aquellos que se arrastran o se montan a horca­jadas, como los diversos tipos de ca­ballos de juguete, entre ellos el caba­llito de palo, y luego, el caballo con ruedas o sobre balancín, que hasta principios del siglo XX fueron muy apreciados por los niños, y que más tarde fueron poco a poco, desplaza­dos por las bicicletas, los patinetes y los coches de pedales.

Muñecas y soldados.

La muñeca se encuentra en todas las épocas: a las niñas siempre les ha gustado «jugar a mamás», como de­muestran las figurillas de barro coci­do o de hueso encontradas en las tum­bas egipcias, griegas y romanas. Has­ta mediados del siglo XIX, las mu­ñecas representaban personas adultas y, más tarde, bebés, que podían ser vestidos y desvestidos a voluntad. Hoy en día se fabrican muñecas que hablan, lloran, maman y andan. Como en muchos otros campos, el material utilizado en su fabricación ha variado de acuerdo con la evolución técnica: barro cocido, madera, más tarde cera, porcelana, caucho, celuloide y, final­mente, materias plásticas.

El apego de las niñas por sus muñecas puede ser tal que a veces las conservan durante toda su vida.El apego de las niñas por sus muñecas puede ser tal que a veces las conservan durante toda su vida.

Del mismo modo que las tenden­cias maternales caracterizan los jue­gos de las niñas, el instinto guerrero parece haber dominado siempre la imaginación de los niños: en todas las épocas y regiones del mundo se en­cuentran figurillas y uniformes milita­res, así como armas en miniatura.

En la Antigüedad, los niños del Asia Menor jugaban con soldados de barro cocido. Con el tiempo las nue­vas armas han seguido siendo re­producidas a escala, para satisfacer así las tendencias agresivas de los chi­cos: pequeñas espadas de madera, arcos, carabinas, pistolas, etc. Los soldados de plomo aparecieron en el siglo XVII, en Nuremberg (Alema­nia).

El títere, equidistante de la muñe­ca y del soldado de plomo, es un ju­guete tan apreciado por las niñas como por los niños. Hecho de madera, de cartón o de papel, es un persona­je rudimentariamente articulado, que también data de la Antigüedad.

Los nuevos juguetes.

No hay duda de que los progresos técnicos y científicos influyeron en la evolución de los juguetes, sobre todo a partir del siglo XIX. Pero, con ante­rioridad, hábiles artesanos ya habían construido juguetes mecánicos, cuyos ejemplares más perfectos fueron re­servados a algunos adultos privilegia­dos.

Con el desarrollo industrial apare­cieron nuevos tipos de juguetes, ca­racterísticos de su época por dos ra­zones: por su aspecto científico y por su técnica de fabricación.

Los adelantos de la óptica prime­ro, y luego el nacimiento del cine por ejemplo, condujeron a la crea­ción de las linternas mágicas y en épocas más recientes, a los pequeños proyectores de cine de fácil manejo. Del mismo modo, la evolución cientí­fica y técnica ha inspirado la fabrica­ción de juguetes completamente nue­vos, algunos de los cuales han alcan­zado hoy una notable perfección: locomotoras de vapor y, más tarde, eléctricas; modelos a escala de avio­nes y barcos teledirigidos, cohetes, etcétera.

Las nuevas técnicas de fabricación y los modernos materiales permiten hoy en día la producción de jugue­tes en serie.

El juguete ha reflejado siempre los sueños o las preocupaciones de los niños. También puede servir, como estos soldados de plomo, para que los chicos den rienda suelta a determinadas tendencias agresivas o guerreras.El juguete ha reflejado siempre los sueños o las preocupaciones de los niños. También puede servir, como estos soldados de plomo, para que los chicos den rienda suelta a determinadas tendencias agresivas o guerreras.

Los frutos de la imaginación.

Al contrario de lo que sucede con el juego, que generalmente requiere varios individuos, el juguete es un ob­jeto con el que el niño puede distraer­se completamente solo: para jugar a las damas es indispensable un compa­ñero; no así para jugar a las muñecas.

A solas con su juguete, el niño re­curre a su imaginación para darle vida o atribuirle cosas que, en realidad, no tiene: una niña habla con su muñeca y le inventa mil aventuras, triviales o fabulosas; un niño que juega con un avión se convierte en piloto, y habla y actúa como tal.

Pero la imaginación infantil tiene tal poder de sugestión que, como el hada de la Cenicienta, puede incluso transformar cualquier objeto ordinario en un apasionante juguete: una si­lla se convierte así en un fogoso caba­llo lanzado al galope en persecución de un bandido; un simple plato pasa a ser el volante de un potente coche de carreras que, tras mil peripecias, consigue el triunfo. Lo mismo sucede con los elementos naturales, como la tierra, la arena, la nieve o las ramas de un árbol: cuando el niño los utiliza para hacer «flanes» o construir casti­llos, se convierten en juguetes. Y el agua que corre junto a un bordillo puede inspirar actividades muy diver­sas: persecuciones de barcos improvi­sados con cajas de cerillas, construc­ción de presas, etc.

Con el desarrollo industrial, a los juguetes tradicionales se han añadido otros que reproducen los descubrimientos de la técnica. El coche de pedales, por ejemplo, apareció poco después de la construcción de los primeros automóviles.Con el desarrollo industrial, a los juguetes tradicionales se han añadido otros que reproducen los descubrimientos de la técnica. El coche de pedales, por ejemplo, apareció poco después de la construcción de los primeros automóviles.

Actores inspirados.

La afición a la metamorfosis imagi­naria no es privativa de los niños: ante el volante de su coche, por ejemplo, un adulto muy bien puede, mientras acelera a fondo, forjarse la ilusión de que es un campeón que pilota un bó­lido de carreras…

En realidad, este principio se en­cuadra en el universo teatral: tanto para los espectadores como para él mismo, el actor es el personaje que encarna. Pues bien, los niños son pre­cisamente actores perpetuos, que in­terpretan múltiples papeles en un mundo imaginario.

Muchos juguetes y objetos diversos les permiten improvisar «como si fue­ran otra persona»: con su muñeca, la niña imita a una mamá cuidando a su bebé. Algunos accesorios caracterís­ticos o unos cuantos elementos de un disfraz bastan para que el niño pue­da transformarse en el personaje es­cogido: una gorra de plato y un arma harán de él un militar o un policía, una blusa blanca y una cruz roja crea­rán una enfermera, un sombrero y un par de pistolas darán pie a una aventura de cow-boys. Este fenóme­no explica el éxito constante de los disfraces, de las armas en miniatura, de las casas de muñecas, etc.

La presencia de un estanque da ocasión a los niños para que hagan navegar sus valer que lo mismo pueden se magníficos modelos a escala que simples barquitos de papel.La presencia de un estanque da ocasión a los niños para que hagan navegar sus valer que lo mismo pueden se magníficos modelos a escala que simples barquitos de papel.

La cometa.

En Asia de donde es originaria, la cometa tuvo al principio una función simbólica y religiosa: lanzada al cielo para entrar en contacto con los dioses, era utilizada para determinadas predicciones y para proteger las cosechas. En los países occidentales fue muy popular, tanto entre los adultos como entre los niños, e incluso sirvió para experimentos científicos. En 1742 permitió a Benjamín Franklin, inventor del pararrayos, estudiar a electricidad de la atmósfera.

La taba.

La taba es un huesecillo de la articulación de la pata del cordero. En Egipto, en el África negra, en Grecia y en Roma fue utilizado como medio para adivinar el porvenir, como amuleto y también como juguete. Aunque actualmente el juego de la taba todavía se practica en todo el mundo, en muchos países los huesecillos han sido sustituidos por reproducciones metálicas o plásticas.

El diábolo.

Es una especie de carrete de caucho que gira sobre un hilo atado a los extremos de dos varillas y cuyo manejo resulta espectacular. Hay jugadores tan habilidosos que consiguen lanzar el diábolo a la altura de una casa y recogerlo sobre el hilo tenso.

El yo-yo.

Este doble disco de madera (o de otro material) que sube y baja a lo largo de un hilo, ya era conocido por los griegos. Cayó en el olvido durante toda la Edad Media y reapareció en la India, en el siglo XVII, reproducido en algunas miniaturas. En Francia se puso de moda durante la Revolución. Desapareció de nuevo hasta los años treinta de nuestro siglo, época en que recibió su actual nombre.

El boliche.

El boliche, cuyo origen exacto no se conoce, se difundió por civilizaciones de tipo muy distinto. Entre los esquimales por ejemplo, es un juego mágico, que sólo se practica en determinadas épocas del año. En Europa occidental fue, durante mucho tiempo, una distracción muy apreciada por los esgrimidores, que así desarrollaban la flexibilidad de sus muñecas. En el siglo XVI estuvo muy de moda en la corte de Francia: a Enrique III le gustaba mucho este juego.

Un mercado mundial.

En muchos países, la fabricación de juguetes ha dado origen, desde principios del siglo XX, a una floreciente industria. España es un notable productor de juguetes. No obstante se recurre también a la industria extranjera: muñecas de Italia; modelos a escala y juguetes mecánicos y eléctricos de Alemania (la ciudad de Nuremberg está considerada como la capital del juguete); juegos de construcción daneses, etc.

 

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