Sabías que los mercaderes eran comerciantes y banqueros

Los mercaderes en la edad media fueron comerciantes y banqueros que perfeccionaron y fomentaron el comercio internacional.

En los siglos XIV y XV, los mercaderes perfeccionaron los métodos del comercio: inventaron el sistema de seguros, utilizaron las letras de cambio (antepasadas de los cheques), llevaron registros de contabilidad, etcétera. De este modo, con determinadas «escrituras», evitaban las transferencias de metales preciosos (oro y plata). Los salteadores de caminos salieron perdiendo, pero esta nueva garantía de seguridad contribuyó al auge del gran comercio.

Un puerto muy activo en la Edad Media: Cambay en la India. Miniatura del Libro de las maravillas de Marco Polo.Un puerto muy activo en la Edad Media: Cambay en la India. Miniatura del Libro de las maravillas de Marco Polo.

A principios de nuestra era, la colonización romana permitió que el comercio europeo se extendiese hasta Asia. Pero las invasiones bárbaras paralizaron estos intercambios, y los países occidentales vivieron replegados sobre sí mismos durante varios siglos. Entonces para atender a sus necesidades, cada país feudal se limitaba a explo­tar los recursos propios; sólo algunos productos (vino, sal, trigo) ser­vían de base a unos intercambios limitados.

Pero a partir del siglo XI se asiste a un nuevo auge del comercio. Este auge va unido al desarrollo de las ciudades, al mejoramiento de los medios de transporte y a las primeras Cruzadas, que revelan a los caballe­ros cristianos las riquezas de Oriente.

Bizancio, situada en el punto de unión de Europa y Asia, es decir, en la encrucijada de casi todas las rutas de Oriente, atrae a los mercaderes, que acuden a ella en busca de los produc­tos que todavía no se fabrican en los países occidentales.

Del Báltico al Mediterráneo, el co­mercio europeo va despertando poco a poco. Principalmente se realiza por mar, fomentando así el progreso de la navegación y contribuyendo al auge de los puertos (Venecia, Génova, Burdeos, La Rochela, Ruán, Brujas y Londres). Las pesadas koggen hanseáticas transportan la lana inglesa y los vinos franceses o alemanes. Las carracas genovesas o españolas van cargadas de especias y de alumbre. Las rápidas naves venecianas se diri­gen a Siria y a Chipre en busca de al­godón. Las telas, las armas y los meta­les de Occidente son canjeados por los brocados de oro y las sedas de Oriente. El trigo, las pieles, el pesca­do en salazón y los esclavos de Rusia y de Asia son embarcados en Crimea, y los paños del noroeste de Europa son comercializados por los mercade­res de la Hansa.

Luego se organizó la distribución de los productos hacia las regiones del interior, lo que trajo consigo un mejoramiento de las vías de comuni­cación terrestres y fluviales: se arre­glaron los caminos, cuya seguridad era garantizada por la gente de armas; se construyeron puentes y se abrie­ron canales. La mayor parte de los transportes se realizaba por el agua: el Danubio, el Dniéper, el Rhin, el Loi­ra y el Po, así como los ríos flamen­cos, eran surcados por auténticos convoyes de barcos, que navegaban a vela o a remo, o que eran arrastrados desde la orilla por animales de tiro (técnica llamada de sirga).

Retrato de Jacques Coeur. Pintura anónima (alcaldía de Bourges). De familia modesta, Jacques Coeur (hacia 1395-1456), gracias a su energía y a su notable sentido de los negocios, llegó a ser el hombre más rico de Francia. Poseía una flota mercante, manufacturas y astilleros. Administraba las finanzas de Carlos VII, al que incluso prestó dinero. Pero la ingratitud del rey le ocasionó la pérdida de todos sus bienes y le obligó a exiliarse.Retrato de Jacques Coeur. Pintura anónima (alcaldía de Bourges). De familia modesta, Jacques Coeur (hacia 1395-1456), gracias a su energía y a su notable sentido de los negocios, llegó a ser el hombre más rico de Francia. Poseía una flota mercante, manufacturas y astilleros. Administraba las finanzas de Carlos VII, al que incluso prestó dinero. Pero la ingratitud del rey le ocasionó la pérdida de todos sus bienes y le obligó a exiliarse.

Los vagabundos.

Esta expansión transforma a las ciu­dades medievales y estimula sus acti­vidades: aumenta la extensión del sue­lo cultivado, y con el auge de la arte­sanía y de los grandes mercados, las ciudades adquieren mayor importan­cia: el gran almacén de aquella época es muy diferente del pequeño comercio de antaño. Por entonces aparecen en Europa los primeros centros de in­tercambio (Florencia, París, Ruán, Bremen), que rivalizan con los de Oriente.

Este período se caracteriza espe­cialmente por el inmenso impulso que adquieren las grandes ferias que, en los siglos XII y XIII, se convierten en el principal órgano de la vida econó­mica internacional: en Francia, en Es­paña, en Italia, en Flandes y en Ale­mania, estas ferias ponen en contacto a los mercaderes de todo el mundo. Éstos al principio, recorren los cami­nos, de feria en feria; de ahí les viene el nombre de «vagabundos» o «vaga­mundos». Pero luego constituirán un grupo social cuyo poder aumentará de día en día.

La bendición de la feria de Saint-Denis, al norte de París, durante la festividad anual de la basílica. Esta feria estaba especializada en el comercio de pergaminos. La Guerra de los 100 Años, la fabricación del papel y el descubrimiento de la imprenta produjeron su desaparición.La bendición de la feria de Saint-Denis, al norte de París, durante la festividad anual de la basílica. Esta feria estaba especializada en el comercio de pergaminos. La Guerra de los 100 Años, la fabricación del papel y el descubrimiento de la imprenta produjeron su desaparición.

Dinastías.

Finalmente los mercaderes acaban instalándose en las principales ciuda­des y creando en ellas sus sucursales. Estas son dirigidas por «Correspon­sales».

Algunos de ellos fundan auténticas dinastías, cuya influencia va mucho más allá de su profesión, Jo que les permite intervenir en la vida política o bien proteger a artistas y a escritores: éste es en Italia, el caso de los Bardi, de los Peruzzi, de los Médicis y de tantos otros, como lo es en Ale­mania el de los Diesbach y sobre todo, el de los Fugger. Por otra parte muchos de ellos se unen para consti­tuir poderosas asociaciones profesio­nales (gremios, cofradías, hansas).

Hamburgo en el siglo XV. Este puerto debió su fama a que pertenecía a la liga hanseática. Simple asociación de comerciantes alemanes, al principio la Hansa se convirtió en el siglo XIII, en una confederación de ciudades comerciales. Esta liga constaba de 90 ciudades: Lübeck era él centro, y sus principales sucursales fueron Bergen, Londres, Novgorod, Brujas y Bremen. Además del monopolio comercial de paños, de pescados, de metales, de sedas, de sal, etc., los hanseáticos ejercieron en el norte de Europa un auténtico poder político.Hamburgo en el siglo XV. Este puerto debió su fama a que pertenecía a la liga hanseática. Simple asociación de comerciantes alemanes, al principio la Hansa se convirtió en el siglo XIII, en una confederación de ciudades comerciales. Esta liga constaba de 90 ciudades: Lübeck era él centro, y sus principales sucursales fueron Bergen, Londres, Novgorod, Brujas y Bremen. Además del monopolio comercial de paños, de pescados, de metales, de sedas, de sal, etc., los hanseáticos ejercieron en el norte de Europa un auténtico poder político.

La evolución de las ideas.

La creciente complejidad de las ac­tividades comerciales trae consigo la creación de los primeros bancos, que centralizan las operaciones de présta­mo con interés y de cambio de mone­da. De este modo los mercaderes se enriquecen cada vez más, compran tierras y desempeñan un papel deter­minante en la emancipación de las ciudades (creación de comunas o municipios). Con frecuencia se en­cuentran en conflicto con la nobleza y con la Iglesia, que ven con inquie­tud cómo aumenta su poderío.

Los mercaderes son la auténtica vanguardia de la sociedad medieval. Su influjo es considerable en todos los campos, a los que aportan un nuevo espíritu: la inclinación hacia las reali­dades concretas y el sentido lógico. Por esta razón influyeron ampliamen­te en la evolución de las ideas medie­vales y facilitaron la llegada del Re­nacimiento,

 

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