Sabías que los nombres sirven para designar a las personas

Los nombres y apellidos sirven para designar a las personas.

Cada persona tiene un apellido o nombre de familia (en general, el  apellido del padre o patronímico) y uno o varios nombres de pila, escogidos por los padres.

Antes de la Edad Media, la mayor parte de los personajes de los que la historia guarda memoria llevaban un solo nombre: Abraham, Platón, el apóstol Pedro, Viriato, Atila, Wamba, etcétera.

En Roma, cada ciudadano tenía tres nombres, un nombre personal (o de pila), el nombre familiar y un so­brenombre, que era el que más se uti­lizaba: Cicerón se llamaba Marcus Tullius Cicero (palabra que en latín significa garbanzo).

En Europa, los apellidos de familia se hicieron hereditarios a partir del siglo XII. Su obligatoriedad comenzó con Francisco I de Francia. En cuan­to al nombre de pila o bautismal, gene­ralmente es el nombre de un santo (Juan, Andrés), el de un ángel (Mi­guel, Gabriel), el de un personaje de la Biblia (Eva, David) o el de una fies­ta cristiana (Natividad, Ascensión). La Iglesia obliga a escoger los nom­bres de pila de entre los del calenda­río, pero los laicos pueden optar por los personajes ilustres de la historia antigua.

No todos los países tienen las mis­mas costumbres. En Rusia, el nom­bre de pila va seguido de un patroní­mico, que no es más que el nombre del padre seguido de la terminación -vich para los hombres y -vna para las mujeres; así, Lev Nikolaie­vich Tolstoi significa León, hijo de Nicolás Tolstoi. Los españoles añaden el apellido de la madre al del padre; por ejemplo, el filósofo José Ortega y Gasset (padre Ortega, madre Gas­set). Muchos nombres escoceses o ir­landeses empiezan por Mac (hijo de) o por O’ (nieto de). Los árabes añaden a su nombre el de su padre o el de su hijo: Mohammed Ibn Abdallah (hijo de Abdallah), Abu Talib (padre de Talib).

El Colmado Quilez, antigua tienda de la Rambla de Cataluña de Barcelona, ostenta con orgullo el nombre de su propietario. Las tiendas modernas suelen tener nombres atractivos y sugerentes, pero expresan la despersonalización inherente a las premisas de la producción industrial anónima.El Colmado Quilez, antigua tienda de la Rambla de Cataluña de Barcelona, ostenta con orgullo el nombre de su propietario.

Las tiendas modernas suelen tener nombres atractivos y sugerentes, pero expresan la despersonalización inherente a las premisas de la producción industrial anónima.

Origen de los nombres y de los apellidos.

Nombres de origen latino:

Claudio (claudus, cojo), Lucas (lux, luz), Silvano (silvanus, ha­bitante del bosque).

Nombres de origen griego:

Andrés (viril}, Inés (pura}, Cris­tóbal (que lleva a Cristo), Este­ban (corona de mártir}, Jorge (labrador).

Nombres de origen hebreo:

Mateo (don de Dios), Manuel (Dios está con nosotros), Ga­briel (fuerza de Dios), Miguel (que está con Dios), Ana (gra­cia).

Nombres de origen germáni­co:

Federico (frid, paz, y rik, po­deroso), Teobaldo (theud, pue­blo, y bald, audaz).

Nombres de pila modificados:

Fernández (de Fernando), Mar­tínez (de Martín), Rodríguez (de Rodrigo).

Nombres de oficio:

Panadero, Herrero, Cantero, Sastre.

Nombres de origen:

Bosque, Segovia, Puente, Fuente, Alcán­tara, Soriano, Gallego, Navarro, Catalán.

Apodos:

Conde, Duque, Del­gado, Blanco, Gallardo.

Seudónimo y homónimo:

El seudónimo es un nombre ficticio, utilizado generalmente por escritores, y actores.

Por ejemplo: Jean-Baptiste Poquelin se dio a conocer con el nombre de «Moliére», y José Martínez Ruiz con el de «Azorín».

Los homónimos, en cambio, son nombres que se escriben o se pronuncian de la misma manera (Giménez y Jiménez).

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