Ventanas tradicionales

La mayoría de ventanas que hoy se emplean para la construcción suelen ser un producto fabricado en serie. 

Pese a la indudable ventaja de un precio más económico y de ofrecer generalmente unas buenas garantías de estabilidad, hay quien achaca a los productos seriados su uniformidad y su falta de personalidad, que evidentemente se ponen de manifiesto cuando se trata de incorporar la carpintería a construcciones rústicas o de estilos no contemporáneos.

Pero muchas de estas fabricaciones en serie son susceptibles de poder incorporar elementos complementarios.

Ventanas tradicionales 0En este artículo se pretende dar unas sugeren­cias para modificar según con­venga unas ventanas prefabri­cadas.

En algunos casos se tratara de incorporar unos ac­cesorios que difieren de los suministrados por detalles complementarios  como pueden ser los manubrios, las hojas de las bisagras, las fallebas o españo­letas.

En otros casos se lograra un aspecto menos funcional cambiando el acabado y el tratamiento superficial de la made­ra o bien añadiendo unos pos­tigos de artesanía o realizados por nosotros mismos.

Las ventanas prefabricadas suelen ser de maderas conven­cionales, principalmente varie­dades de pino de buena calidad. En algunos casos suelen tener un pretratamiento superficial que garantiza su buena estabilidad y facilita el posterior tratamiento de barniz o pintura.

Según que se prefiera el acabado en ma­dera natural (barniz) o bien con recubrimiento opaco de un solo color (pintura), pueden existir dos ofertas diferentes: tratadas con simple tapaporo transpa­rente para el primer caso o bien con una capa de selladora o im­primación de color no muy inten­so (agrisado o crema) para faci­litar el recubrimiento con la pin­tura.

Naturalmente la carpinte­ría destinada a ser barnizada debe ser de muy buena calidad y aspecto de veteado y, por tan­to, suele ser mucho mas cara que la que se recubre con una selladora destinada a ser pinta­da, con cuyo tratamiento superficial opaco se esconden algu­nos defectos de la madera que, si bien no afectan a su estabilidad, sí pueden dar como resul­tado deficiencias si se tiene que dejar en estado natural.

Antes de decidirse por cualquier modificación en su as­pecto o en el acabado que se piensa dar a un producto de fa­bricación en serie, es conve­niente examinar atentamente las cualidades y defectos de la carpintería y tener en cuenta que estos últimos pueden si no hacerse desaparecer, sí disimu­lar aplicando un tratamiento su­perficial adecuado. En cambio, si la calidad de la madera es ex­celente y dispone de un buen ve­teado, podrán suministrarse tra­tamientos que realcen su textura y color.

En principio, una madera de buena calidad siempre será me­jor dejarla al natural, sin tintes que la oscurezcan, pues mien­tras más evidentes sean sus vetas y su textura fina, mejor aspecto tendrán. Cuando se de­tectan manchas por hongos producidas durante su almace­namiento en malas condiciones, nudos amplios e irregulares, etcétera, será preferible intentar disimularlos tiñendo con una mayor o menor intensidad la madera hasta lograr unificar el aspecto general.

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Ventana de punto redondo que no es frecuente hallar en el mercado de ventanas fabricadas en serie.

A la forma poco habitual hay que añadir la calidad de la madera clara con muy poco veteado aparente.

Una ventana que se presta a ser solamente barnizada con una laca trans­parente para conservar al máxi­mo posible sus características naturales. 

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Puerta cristalera de comuni­cación entre habitaciones. Ori­ginalmente carecía de los plafo­nes inferiores, los cuales se han incorporado posteriormente a su colocación empleando la mis­ma clase de madera que la de la carpintería de origen.

También se ha cambiado la manija, que originalmente era de aluminio, por otra de latón dorado. Asi­mismo se ha incorporado una bocallave de latón patinado que realza el brillo de la manija. 

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Ventana a la que se han aña­dido otras hojas en la parte inte­rior del marco duella.

De esta ma­nera se ha logrado no sólo una apariencia de más rusticidad, sino que se ha conseguido un buen aislamiento contra el frío y el calor.

En este caso se ha sustituido el original sistema de cerramiento que iba empotrado por una cremona superpuesta de carácter tradicional. 

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La lucerna u ojo de buey es muy adecuada para ventanas de desvanes y partes altas de esca­leras interiores, así como para dar luz a sótanos.

Ha sido trans­formada simplemente acoplán­dole un accesorio de giro que permite abrir la ventana median­te un ligero desplazamiento ha­cia fuera. 

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En este caso se ha utilizado una ventanita de serie para ser empotrada a manera de vitrina entre unas falsas vigas aparen­tes. El color natural del pino se ha asimilado al más oscuro de las vigas.

El fondo de la hornacina donde se recibe la ventana ha sido forrado con un tablero de tono claro para ofre­cer contraste y fondo a los ob­jetos que se colocan en la vitri­na. Las bisagras corrientes de hierro han sido sustituidas por pernos de latón mate. 

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Como sea que esta ventana, de madera de pino, no se presta­ba a ser acabada en tono natural, ha sido teñida a base de anili­nas, lo cual le proporciona un matiz oscuro que tiene la ventaja de hacer pasar inadvertido el ve­teado irregular y los eventuales defectos.

Con posterioridad ha sido tratada con un barniz tam­bién ligeramente teñido del mismo tono empleado en el baño de fondo. Los vidrios usados para el acristalado son del tipo antiguo, con irregularidades superficiales que distorsionan las imágenes. 

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Solución definitiva de una carpintería que no presentaría buen aspecto con un tratamien­to a base de barniz transparente o ligeramente coloreado: una laca o esmalte de colores vivos y brillantes.

Naturalmente, la pintura tiene que ser apta para exteriores y poder resistir las inclemencias ambientales. Este pintado podría adquirir caracte­res particulares según la manera que fuera realizado: liso, granu­loso o con irregularidades nota­bles, según se utilizase una brocha basta o un rodillo de espuma o de pelo.

Con el pin­tado y el correspondiente masi­llado se disimula la incorpora­ción de los listones que dividen en cuatro partes la ventana y que no existían en su versión original, ya que al ser la ventana de reducidas dimensiones no los requería de manera indispen­sable. Los labrados y huellas de los encajes que se han tenido que realizar quedan disimulados del todo por la masilla que se ha dado antes de pintar definitivamente.

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Otra ventana con listones divisorios de cada una de las hojas. La madera ha sido teñida con un pigmento amarillento para dar mayor vivacidad al color original que poseía aquélla. Pese a ello, la ventana conserva un carácter natural y rústico al propio tiempo.

Por su parte interior ha sido dotada de unas contraventanas que contribuyen a mejorar las condiciones de aislamiento del vano. Este añadido no es per­ceptible en la foto debido a que los marcos de las contraven­tanas son de poco espesor, pre­cisamente para que no impidan el paso de luz hacia el interior.

A cada ventana su accesorio adecuado.

Para dar mayor realce a la carpintería se pueden aplicar una serie de accesorios de todos los estilos, que es posible hallar con grande y variado surtido en las ferreterías especializadas en herrajes.

Antes de adquirir caprichosa­mente o porque nos agrade a primera vista un herraje o ac­cesorio conviene que nos cer­cioremos de si podrá ser adap­tado con facilidad a nuestra ventana o puerta. Principalmen­te se tienen que comprobar las bisagras, salvo en el caso de que puedan colocarse super­puestas. Volver a tener que encajar unas bisagras podría ser no sólo dificultoso, sino dar lugar a una serie de añadidos y correcciones en la misma car­pintería que únicamente se di­simularían luego con un recu­brimiento a base de pintura.

En cambio, hay una gran cantidad de elementos de puertas y ventanas que se pue­den incorporar fácilmente, pues son piezas superponibles sin que ofrezca ninguna com­plicación su aplique.

Además de los accesorios y herrajes, cabe también incorporar a una ventana prefabricada unos complementos en forma de postigos o de contra­ventanas, los cuales no sólo constituirán un excelente siste­ma de protección contra roturas, sino al mismo tiempo un sis­tema de cerramiento más o menos total según que la hoja que se añade a la ventana sea totalmente opaca, una pieza maciza sin huecos, o bien contiene en la misma un tipo de persiana, ya sea graduable o fija.

Asimismo, estas aportacio­nes podrán realizarse en acaba­do barnizado o pintado en función de la calidad de la madera. Naturalmente, se podrá aplicar el mismo acabado que el em­pleado para la ventana o bien se elegirá otro que contraste preci­samente con el de aquélla. Esta elección se hallará en función no sólo del gusto personal de cada cual, sino también del aspecto decorativo que pueda resultar, tanto para el caso que se refiera a contraventanas para exte­rior, como a postigos para el in­terior.

Ventanas accesorios adecuados 11, 2 y 3.

Tres ejemplos de contraventanas que pueden incorporarse a una ventana, cualquiera que sea su forma y acabado. La primera y la ter­cera permiten, gracias a las ho­jas de la persiana, que pueda pasar el aire y un poco de luz. En cambio, la central, de carác­ter más rústico con sus trave­saños horizontales, es de cerramiento total. 

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Goznes de hierro forjado (imitación) y de latón que se pueden emplear fácilmente para fijar un postigo o ventana sin necesidad de tener que hacer encajes en la madera, pues se superponen simplemente. 

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Fallebas tradicionales que pueden colocarse en cualquier hoja de ventana, ya que van superpuestas y fijados con tirafondos sus elementos de retención. 

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Ventanas accesorios adecuados 66.

Manubrios de fallebas y cremonas de diferentes estilos, susceptibles de poder ser apli­cados a ventanas de fabrica­ción seriada para darles mayor aire de estilo o de rusticidad. 

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Ventanas accesorios adecuados 77.

Manijas para cremonas y fa­llebas con distinto carácter esti­lístico y diferentes acabados. 

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